FILOSOFÍA DE LAS PALABRAS
por Ángel Coronado

El sonido y el sentido.
Sobre la palabra "CALLÍN"

 

Cuando hablando descubres, porque la oyes, una palabra desconocida..., no sé, cuando salta la liebre ocurre igual. Toda una muchedumbre de cosas, un cielo lleno de nubes, todo el horizonte, los árboles que quieras, todo menos esa liebre... Y en el suelo tantas cosas, matas de tomillo y piedras y tierra y arena. Todo eso desaparece. El escenario es de la liebre. Como si ante la misma, y tras la tapia del horizonte todo escondido y escondiéndose, todo incluso el cazador, todas las cosas y todas las gentes del mundo hubiesen huído dejando a esa liebre sola, como presintiendo algo inesperado, alguna tragedia.

Bendito sea el cazador. Ha rendido su escopeta y la liebre, a la carrera y de un salto, escapa del escenario tras ese horizonte que nos devuelve al punto, menos la liebre, todo aquello que se llevó. Hasta esa hormiga que parece, ajena y ciega y sorda y muda, no haberse dado cuenta de nada.

Lo normal es que suene un disparo y, buen cazador, la liebre muera.

Cuando hablando salta en la boca de otro alguna palabra que nunca, nunca hubiese podido salir de la tuya (todos jugamos de niños alguna vez a proferir sonidos como si fuesen, sin serlo, palabras, pero eso es otra cosa), siempre disparo. Anoto en una libreta, maldita sea la prisa, lo que puedo que nunca es bastante. Después de matarla y con esa mala sangre que siempre te deja eso, cojo la liebre y me la como. Con la piel y unos ojos de cristal, la naturalizo. La diseco. Hago con ella lo contrario de lo que digo. Que la naturalizo digo. Porque si hubiese querido hacerlo hubiese dejado escapar la liebre, libre, para que saltara y saltara de nuevo naturalmente naturalizada.

En el museo de ciencias naturales miles de pares de ojos de cristal nos miran. Frecuento el museo de los bichos que parecen vivos estando muertos, me gusta, pero ese placer es otro. Ahora estaba diciendo que de todo ese horizonte acá, entre tantos árboles y debajo de tantas nubes y sobre tantos granos y granos de tierra y arena, hace falta que salten los canguros y las pulgas y las liebres.

El otro día, conversando con otro, saltó una palabra como una liebre queriendo escapar. Disparé y la maté. La tengo disecada. Sangraba por la boca y, entre no saber qué hacer o hacer algo a toda costa, esa sangre, morro de liebre con bigote, conté los pelos, cuatro a cada lado. Ocho pelos largos, cuatro a cada lado y entre cuatro y cuatro los dientes. Blancos, juntos, largos. Ensangrentados.

Pues bien. Digamos que tengo esa liebre disecada. Parece viva. Y lo mejor es esto: al natural también las hierbas. Y esa piedra con musgo. A la derecha como una especie de nido de hierba suave y aplastada. Es la cama. Las liebres, nómadas, no tienen casa. Sólo cama. Tienda de campaña que se llama cama. Y dicen, duermen siempre con un ojo abierto.

Tengo una guía de campo que describe la cama de la liebre. Dice así:

"La madriguera de la liebre es una depresión poco profunda, a menudo natural, más o menos igual que la producida cuando un hombre se arrodilla en un suelo blando, y es un poco más profunda y ancha por detrás que por delante. La liebre generalmente quita rascando la hojarasca y otras cosas y entonces se echa en el suelo. Sin embargo, las madrigueras de liebre en las que han nacido crías están forradas a menudo de pelo que la liebre hembra se ha arrancado de su misma piel...."

Pero bueno, ¿Es que recoger una palabra del suelo, levantarla del suelo y cuidarla es como matar una liebre inocente, libre liebre, matarla? Pero bueno.

¿Es que no gasto tiempo en ir recogiendo palabras? Siempre palabras que no entiendo. Me fascina oír hablar en cualquier idioma que no entiendo. Es, como para el cazador, un campo lleno de liebres. Tantas liebres que parece tonto correr tras una. No das el primer paso cuando ya te sale otra.

Entiendo que las palabras que usas, esto es, cuando hablas en tu idioma, guardas una especie de desprecio hacia las propias palabras. Hacia su ser puro sonido. De alguna forma las matas. Tan atento estás (y es obligado estarlo) en usar de las palabras, como herramientas, para darte a entender y entender a tu vez que has sido entendido, que por eso éstas, por su parte y en lo que pueden, se retiran respetuosas ante la invasión de su sentido. Por la tuya, por tu parte, sólo estás en éste. Sólo te importa el sentido. En lo que dices y en lo que, por decirlo el otro, escuchas.

¡Buenos días!, dices. Y te sientes satisfecho de haber cumplido y de que contigo cumplan diciendo lo mismo. ¿Dónde está, me pregunto, el "canto" de la palabra "buenos"? ¿Dónde, si acaso la tuviese, dónde la inocencia de la palabra "día", el encanto luminoso de tan pocas letras?

Me parece que "oír" y "escuchar" no significan lo mismo. Sólo se puede oír, en su más preciso sonido, la palabra que no entiendes. Cuando ya sí, entonces no la oyes. Nunca más la podrás oír. En su lugar la escuchas. Y a través de la escucha entiendes.

Creo que solo se pueden oír de verdad las palabras que no entiendes. El oficio de poeta pretende hacer las dos cosas al tiempo, lo que no es posible. Por eso lo intenta una y otra vez. A veces lo consigue, me parece. Pero atención. Puede ocurrir lo siguiente: sin darse cuenta el poeta, es el lector quien lo advierte.

El otro día buscando setas y al tiempo, en lugar de liebres, pude ver saltando y corriendo tres corzos. El corzo corre como tú respiras, sin hacer ruido, como si hablases en silencio porque corre como a veces se habla sin palabras. No hace ruido al correr, como la liebre, como una liebre grande que corre y salta.

Días atrás, andando por ahí, me saltó al paso una palabra de cuyo sonido doy fe. Suena como una "c" seguida de "a" para terminar de golpe, aguda, sílaba picuda con acento en la "i" de "llín". Escrita "callín". Como suena. "Callín"

Podría ser "Kallín", pero no lo creo. Me parece que la gramática diría que no. El diccionario dice que no sabe, que no contesta, y por mi parte yo creo que no. Da gusto verla correr como si fuese un corzo, saltando seguro por entre un campo plagado de dudas. Otra duda: podría ser "Kayín", o "cayín". No lo sé. Descarto "qallín" porque la gramática ya lo ha descartado de antemano, pero pienso también que las voces corren por delante suya y bien podría ocurrir, aunque lo veo difícil, es tan terca la gramática, que cediese reconociendo ese orden natural de los acontecimientos que dice del habla correr por delante de la lengua y de la gramática, bien podría ocurrir, decía, que cediese ante una voz como ésta. Lo merece.

Antes de dar razón de su sentido quiero comprobarlo mejor. Iré a vivir una temporada por donde la he visto correr y saltar. Quiero verla comer, quiero verla dormir, quiero ver si acude cuando la llamas. O huye. ¿Silvestre? ¿Domesticada? Sencillamente, quiero aprenderla como aprendí el habla. Porque no quiero matarla y disecarla. Porque no quiero invertir el orden natural de los acontecimientos. Y ese orden ordena que un par de acontecimientos se unan, sean uno, que se produzca ese milagro, eso a lo que llamamos milagro pero que no lo es. Que se levante como una niebla o neblina baja, localizada en algún río, como una canícula pero con fresco y humedad en lugar de calor, como queriendo anunciar cambio brusco de tiempo. Que ocurra esto y oigas al mismo tiempo la voz "callín". Y así repetidas veces hasta que de tanto repetirse la voz cuando la niebla esa, y la niebla esa, esa misma, esto es esencial, esa misma niebla cuando la voz, ambas cosas lleguen a unirse y no se separen jamás tanto en la dicha como en la desdicha, en la gracia y en la desgracia y hasta que la muerte, hasta que la muerte decida otra cosa, tal cual ocurre hoy día en Vellosillo (Soria) y otras localidades limítrofes en las que dicho milagro, milagro visto desde fuera, pero que no lo es allí ni lo ha sido nunca desde tiempo atrás del que no tenemos noticia, es algo tan natural como ver esa especie de neblina y exclamar: "Hay callín. Parece que quiere cambiar el tiempo"

¿Qué decimos, qué queremos decir cuando decimos que hablamos castellano cuando nunca, nunca, nunca hemos pronunciado ni oído ni entendido "callín" hasta que un día, parece que quiere cambiar el tiempo, estando en Vellosillo, como si estamos en otro sitio, que no tan solo en Vellosillo parece que quiere cambiar el tiempo, en muchos lugares ocurre lo mismo, de pronto explota como un estampido ese día, explota un sonido que no es un trueno, explota un sonido allí, explota "callín"?

© Ángel Coronado, 2014

 

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