La ermita de Santa María del Monte o Monte Seces, en Sarnago

 

Isabel Goig Soler

 

 

El pueblo de Sarnago es, a nivel administrativo, un Barrio de la Villa de San Pedro Manrique. Tuvo, hasta la remodelación de los municipios, ayuntamiento propio al que estaban unidos Valdenegrillos y El Vallejo. Humanamente es mucho más. Para el tema que nos ocupa: los restos de la ermita de Nuestra Señora del Monte Seces y sus propiedades, Sarnago significa el término que alberga estos restos desde que fueran adquiridos por particulares. Antes de eso, y desde que se conserva documentación, año 1604, la ermita y sus propiedades pertenecían a la villa de San Pedro Manrique. 

Las ermitas han significado siempre para el pueblo algo propio, más sencillo y espiritual que las iglesias parroquiales. Eran edificios alejados del caserío hacia donde se peregrinaba, se depositaban exvotos agradeciendo favores recibidos o pidiéndolos, lugares a cuyas puertas se subastaban productos (elaborados por las propias mujeres) para aportar dinero y subsanar necesidades y, cuando existía, beber agua con supuestos poderes curativos como, por ejemplo, en la de la Virgen de la Cabeza, de Bliecos. El origen de las ermitas (del latín tardío eremita/ermitaño) podría estar en los primeros años del Cristianismo, cuando era necesario huir, refugiarse en lugares inaccesibles. En principio fueron cuevas, recuerdo ahora una visita a la que habitó, hasta su muerte, Leonor de Urgel, en Montblanc, provincia de Tarragona, una oquedad situada en las montañas de Prades, donde la princesa Leonor se retiró con algunas de sus damas para huir del mundanal ruido del siglo XV. 

En la que fuera la Mancomunidad de la Tierra de San Pedro Manrique encontramos, documentadas, varias de ellas, aunque existía alguna más de las que se tienen noticias orales. En un trabajo exhaustivo llevado a cabo por Eduardo Alfaro y su equipo, y publicado en www.idoubeda.com, pueden leerse entradas relacionadas con las ermitas de la zona que nos ocupa. De todas las ermitas que en su día se alzaron en esta Mancomunidad, los documentos más abundantes se refieren a la Virgen de Oncala o de El Espino, en Oncala; San Fructuoso, en Buimanco; Santa Marta, en Matasejún; alguno relacionado con la ermita de Nuestra Señora del Valle, en Armejún; y la documentación más abundante, la que corresponde a la de Nuestra Señora del Monte Seces, que perdió el Seces en algún momento de su historia, quedando sólo como Nuestra Señora del Monte o Virgen del Monte a secas. Todas las mencionadas tenían santero que se ocupaba de mantener el edificio y las propiedades anejas, como huertos, tierras o prados de pasto, además de edificios para el ganado, todo ello propiedad de la ermita. Aunque el origen serían los eremitas y vivirían su espiritualidad en estos recintos, cuidando de ellos, con el tiempo (tal y como veremos en los documentos), los santeros eran trabajadores de las parroquias a las que pertenecían estos edificios, ya que eran muchos los trabajos a realizar. 

En las dos ocasiones que subí con José Mari Carrascosa hasta las ruinas del templo, lo pudimos hacer cómodamente. Parte del recorrido lo hicimos en coche. Se toma el camino que sale del cementerio y conduce a Acrijos. Dejamos el coche en Horcajo -Orcajo u Orcaxo- uno de los lugares a donde iban a lavar las mujeres, conocido como “las pozas” por donde discurre el río Horcajo y se junta con el río de la Virgen. Los pocos olmos han ido desapareciendo y la vegetación es de zarzas, rebollo y arces. Entre ella aparecen los restos de lo que fuera ermita de Nuestra Señora del Monte y sus edificios anejos, el mejor conservado es la casa del ermitaño o del santero. 

Como escribe Carrascosa en el prólogo, durante siglos sarnagueses y devotos de pueblos limítrofes acudían en romería el día de la Trinidad chica (lunes siguiente a la fiesta grande del pueblo, la Trinidad) y pasaban el día, tras escuchar la misa, comiendo, bebiendo y bailando. Tras la desamortización y posterior desacralización, construyeron un pairón u hornacina en “la Cruz del cerro”, donde se colocaba una de las dos imágenes, que según aparece en algún documento, existía de la Virgen del Monte, ambas desaparecidas. Hasta allí seguían acudiendo y tal vez cuando este librito vea la luz, los sarnagueses, en una de sus hacenderas, habrán restaurado la hornacina. 

Aunque la documentación consultada comienza en el año 1604, se conserva, en la Biblioteca Pública de Soria, unos estatutos del año 1574, transcritos por Saturio Barrera,  cuyos originales no han sido localizados (1).  Referente a la ermita del Monte, puede leerse:

 

 ERMITA DE STA. María DEL MONTE, vulgarmente Peces o Seces. Estaba situada esta ermita en la parte N.E. de Sarnago, a una distancia de unos 2 Km. de este pueblo, era filial de la parroquial de San Martín, tenía su jurisdicción propia, para que el fraile residente en ella pudiera pastar libremente sus ganados, tenía dos campanillos, siendo una de las ermitas que más distinción tenía entre todas las de su categoría, pues llevaba el título de Santa Basílica del Monte, y consta que de los cuantiosos fondos que tenía, hubo de contribuir con crecidas sumas a gastos de obras de otras iglesias y para pleitos del Cabildo eclesiástico. Tenía como bienes su dehesa propia, muchas tierras de labor y regadío, prados de siega, eras de pan trillar, etc. Y como edificios poseía, la ermita, que formaba parte de la casa-vivienda para el santero o fraile; había horno, majadas, y otras dependencias anejas, en fin, poseía bastantes riquezas; debió de ser despojada a fines del siglo XVIII pasando sus bienes a la casa o familia linajuda de Hidalgos de la villa, quienes la poseyeron bastantes años vendiéndola por fin al pueblo de Sarnago, que son los que actualmente la poseen y señorean.

 

Es, exactamente, lo que escribe Gervasio Manrique recogido de un trabajo de D. Miguel Martínez fechado el 26 de junio de 1796 (2)

En el apartado de Procesiones y Letanías, transcribe Saturio Barrera:

El dicho Abad ha de llevar de comer a las ermitas y procesiones siguientes: Santa María Seces o del Monte, lleve a esta procesión cuatro libras de carnero y el fraile de la ermita ha de dar de balde una gallina e un pedazo de tocino del pernil; lleve más de dos azumbres de vino blanco y el pan necesario, comunicando el día de antes la comida con los Alcaldes.

Los mapas de Tomás López (1783) y Francisco Coello (1860), sitúan la ermita. Otros autores más recientes han escrito brevemente sobre la ermita objeto de este estudio: 

Además, los habitantes de la Tierra de San Pedro Manrique señalan otro lugar con resto de edificaciones y en el que apuntan la posible existencia de algún antiguo pueblo. Se trata de la Virgen del Monte, sita en el término de Sarnago, a unos 2.200 metros al NE de este pueblo, al final del camino llamado de la Virgen, en un paraje llamado también Raigada o Matalosa(3).

Pascual Madoz, en su “Diccionario...”, sólo anota: “dentro del pueblo un caserío titulado Nuestra Señora del Monte”. 

Muy pocas noticias y menos literatura, como puede verse, para un edificio tan significativo en la vida de los sarnagueses en particular y también de los sampedranos. En esta publicación daremos a conocer los documentos que se han conservado en el Archivo Histórico Provincial procedente de los protocolos notariales de San Pedro Manrique, así como el libro de la Carta-cuenta de la ermita que se guarda en el Archivo del Obispado de Osma-Soria. 

La Ermita de Nuestra Señora del Monte perteneció siempre, administrativamente, a la Iglesia parroquial de San Martín, la única que a día de hoy permanece en la Villa de San Pedro. La ermita, considerada rica, pagó en muchas ocasiones obras y muebles para la iglesia, como se verá. La mayoría de las propiedades se situaban en Sarnago, pero una buena parte de ellas, tanto tierras como pastos y corrales, estaban en Fuentebella, municipio limítrofe con Sarnago. También poseía la ermita alguna tierra y una casa en Matasejún. 

En el prólogo, José María Carrascosa apunta a la posibilidad de que la ermita, en algún momento de su historia, pudiera haber pertenecido o tener alguna relación con el Real Monasterio de Santa María de Fitero, en Navarra. Como él, opinan más personas. Si bien no he encontrado ningún documento que justifique esta sospecha, creyendo, como creo, que la tradición oral es tan importante como la escrita, podría ser que alguna relación hubiera tenido la ermita con el monasterio. Si, además, como se deduce del estudio de las ruinas por Alfaro Peña, existió un edificio anterior al que es objeto de este estudio, concluiremos que, por falta de documentación más antigua, resta mucho por conocer de esta emblemática ermita. 

Ciertamente el Monasterio de Fitero tuvo propiedades en algunos pueblos del entorno de Sarnago, en la Comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique y también en la de Magaña. En un documento de 14 de julio de 1656 (AHPSo. Caja 2622), se recogen los bienes que tenía el monasterio en esa fecha, administrados por fray Achaçio Ximenez, cillero, procurador y religioso del convento. Arrienda a los vecinos de La Ventosa, Juan Fernández, Pedro Calvo y Diego Calvo un censo perpetuo que pagaban los herederos de Jorge de Gante sobre “un molino o batán que está debajo de la hermita de sant laçaro”, en San Pedro Manrique; también en San Pedro una finca de 40 fanegas; en Taniñe dos fincas, cerca de la fuente del Monge; en La Ventosa 20 fanegas de tierra y 3 gallinas al año de censo perpetuo; 10 fanegas en Rabanera y en el mismo hoy despoblado 440 maravedíes al año de un censo de los hermanos Sáenz; 10 fanegas y 3 gallinas de censo perpetuo que debía pagar anualmente el Concejo y vecinos de Palacio y La Losa; un censo en Magaña sobre un molino harinero y otras heredades; y en Valdeprado “lo que se averigüe”. En otros documentos del monasterio, entre ellos el Tumbo “El Naranjado”, por fray Miguel Baptista Ros., se anota la propiedad, en Magaña, de la Granja fría o de San Benito. Y en el Diccionario Geográfico-Histórico de Navarra, 1842, la basílica y término redondo de Nuestra Señora de Olmacedo, en Ólvega. Es todo lo que hemos encontrado, que no significa que sea todo lo que existe. 

Como se verá en las anotaciones de la carta-cuenta conservada en el Archivo Diocesano, durante más de un siglo no dejan de hacerse obras tanto en la propia ermita, como en la casa del santero, el horno, corrales, egidos y demás propiedades. En 1771 se emplea la importante cantidad de tres mil reales “para obra de manos”, 434 para baldosas, a la vez que se rehacen las bóvedas. 

Para la ubicación y descripción física, Eduardo Alfaro Peña publicó, además de en IDOUBEDA ETNO: PUEBLO: SARNAGO arriba mencionado, un trabajo en la revista de Sarnago, número 6, de julio de 2013, que los responsables de la Asociación de Amigos han considerado, con muy buen criterio, incluir al principio de este trabajo. 

Como se comprobará por la documentación conservada, la ermita estuvo dotada de todo lo necesario para el culto y para recibir a los fieles. Nunca faltó aceite para la luminaria de la Virgen, ni buenos ropajes para ella, ni ropas litúrgicas. En 1747 se destinaron 100 reales en “un archivo de nogal nuevo con su herraje y llave que el mayordomo compró para los vestuarios de Nuestra Señora”. Tenía retablo y, por supuesto, la imagen de la Virgen.  Más adelante se leerá como en las cuentas del año 1773, del libro conservado en el archivo del Obispado, se pagan al dorador 271 reales “para encarnar las dos imágenes de Nuestra Señora, se retocan los cuadros del retablo, etc.”. O sea que, o se trata de un error, o eran dos las imágenes de la ermita. Nos decantamos por la existencia de dos tallas, ya que la relación de propiedades parece confirmarlo, dice así: dos vestidos de la Virgen María con el que tiene puesto, y a continuación: dos vestidos de la Santa Virgen María que está colocada en el trono más alto. Todo ha desaparecido. Ninguna de las personas consultadas, algunas con responsabilidad eclesiástica, han sabido dar razón del paradero de la pequeña imagen de la Virgen del Monte, sólo una foto antigua y casi desenfocada, ofrece la visión de un bulto medio tapado, en brazos de una muchacha. Y el retablo ¿yace destrozado debajo de las ruinas? 

Creo que pocas personas quedan impasibles ante la visión de unas ruinas donde se adivinan vivencias, historias, ecos de actividades populares y hasta olor a la cera que durante siglos ha iluminado a las imágenes. Es aquello que, sin intelectualizarlo (ni falta que hace), se encuentra en todos y cada uno de nosotros. Es el Romanticismo de los siglos XVIII y XIX, la Renaixença de Cataluña y Valencia, el Regeneracionismo del 98, cuyos componentes, ellos sí, intelectualizaron. La visión de algo que fue, y además importante, y ya no es, causa honda impresión en el alma de quien lo contempla y le crea la necesidad de saber más sobre ello. Quién y para qué lo edificó, por ejemplo, algo a lo que no podremos responder pues los documentos de archivo son datos puros y duros incapaces de dar respuesta a todas las preguntas. Casi seguro que antes de ese edificio del siglo XVI hubo otro, a lo que sí podría responder un estudio arqueológico. Pero a quién estuvo dedicado, posiblemente tampoco lo sepamos nunca. 

Así que cada cual añada a este pequeño trabajo su experiencia personal en la Ermita de Nuestra Señora del Monte Seces. Las romerías durante la Trinidad Chica, las visitas curiosas de los más jóvenes, quizá las citas amorosas cuando ya era ruina. Al fin y al cabo, la Historia de un lugar, un edificio, una aldea, es la suma de las pequeñas historias que cada cual ha aportado. 

José María Carrascosa, en el prólogo, recuerda lo anterior por haberle sido transmitido por sus padres y a ellos por los suyos. Repetiré, una vez más, la importancia de la tradición oral, la facilidad con que pueden unirse varias generaciones. José María recuerda al abuelo Marcos y transmitirá a sus nietos lo que el abuelo Marcos le contaba, y aquello que este abuelo relataba a sus nietos, lo habría escuchado del suyo. Y así, fácilmente, se unen seis, siete generaciones.

 

(1) Estatutos de la parroquia de San Miguel y demás iglesias de la Villa del año 1574. Transcritas por Saturio Barrera. Y otros papeles sueltos. (Legado padre Zamora. Caja San Pedro Manrique. Biblioteca Pública de Soria).

(2) Gervasio Manrique de Lara. Datos para la historia de la Villa de San Pedro Manrique. Celtiberia nº 39. 1970.

(3) Gonzalo Martínez Díez. Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana. Editora Nacional. 1983.

 

© Isabel Goig Soler

La ermita de la virgen del Monte Seces, Sarnago

Sarnago

IDOUBEA ETNO: Ermita La Virgen del Monte (Sarnago)

Sarnago, número 6

 

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