La Navidad y sus Ritos Sorianos

 

Nuestros antepasados, al comprobar que por el 25 de diciembre los días comenzaban a alargarse, consideraron que esa era la fecha de la natividad del sol, el solsticio de invierno. El dios Mitra fue considerado por sus adoradores como el sol, por lo que su natividad coincidiría también con esa fecha del 25 de diciembre. Fue creencia que tanto Mitra como Jesucristo nacieron el mismo día. Puesto que los Evangelios no dicen nada respecto a la fecha de nacimiento de Jesucristo, en principio los cristianos establecieron el seis de enero para su celebración, quizá para no hacerlo coincidir con la de Mitra, cuyo culto estuvo a punto de desbancar a su rival. Fue a partir del siglo IV cuando se adoptó el 25 de diciembre.

Las similitudes entre ambas religiones son amplias. Los iniciados en el culto de Mitra se beneficiaban con la inmortalidad, como los cristianos, la diferencia estribaba en el camino a seguir. Los primeros lo conseguían gracias al sacrificio de un toro, y la purificación se hacía mediante al agua, el ayuno y la flagelación. La esperanza en una redención, suponía en el más allá una vida puramente espiritual, al igual que sucede con el cristianismo. Los misterios mitraicos se celebraban en grutas o cuevas, un a modo de catacumbas cristianas. El jefe supremo de esta religión era el padre de los padres, un ser superior, en definitiva, por encima del hijo en el Cristianismo, o de Mahoma en el mundo musulmán.

En los albores del cristianismo los seguidores de Mitra por un lado y Cristo por otro mantuvieron una pugna para que su defendido saliera vencedor y se erigiera en guía espiritual único. No era poco lo que se jugaban, aunque por aquellos siglos unos y otros no pudieran ni imaginárselo.

La Navidad, tal y como ahora la celebramos, es de implantación relativamente reciente. Concretamente la costumbre de montar belenes con figuritas apenas tiene dos siglos, cuando a una de las reinas importadas se le ocurrió colocar el primero en el Palacio de Oriente madrileño. Después, ya avanzado este siglo, el tema se ha desbordado hasta alcanzar límites absurdos y agobiantes, y a lo que en la actualidad se le rinde culto realmente es a la angula, al marisco, al turrón, a lo que la violenta economía le da la gana proponer y al peñazo de las reuniones familiares que casi siempre acaban de mala manera. Parece que la tendencia más moderna es que los jóvenes comiencen a huir de ella y de las batallitas que los mayores aprovechan para colocarles alentados por las burbujas del cava.

Pero, como es habitual, la costumbre enraizada a lo largo de generaciones no puede domeñarse. El pueblo, que para eso está, pasa por el aro de la imposición, pero hasta hace bien poco en sus actos y ritos subyacía aquello que sus mayores les habían transmitido.

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Oncala se viste de Acebo. 2012

En el mundo rural soriano las celebraciones de estas fiestas, hasta mediados del siglo XX, más o menos, eran muy diferentes a las que los niños viven actualmente. Se han ido adaptando a los tiempos. Si se habla con una persona que ronde los ochenta o noventa años, recordará lo que va líneas abajo y también, vueltos los ojos a la nostalgia, dirá que a ellos, el día de Reyes les ponían unos puñados de higos secos, nueces, tal vez un dulce casero y pudiera ser que a las niñas le dejaran una muñeca de trapo cosida por la madre o la abuela. De aquella austeridad al derroche actual se recorre un largo e innecesario camino. Es el signo de los tiempos.

En la provincia de Soria se han aprovechado, desde hace siglos, los días festivos de Navidad, para las más diversas manifestaciones.

En Barca, confeccionaron, hasta que un cura lo prohibió, el pericopajas, un muñeco con marcados atributos varoniles con el que las mujeres se marcaban unos pases de baile entre risas y bromas. Más piadosa era la costumbre, también en Barca, de soltar pájaros en el interior de la iglesia durante la misa.

Golmayo aprovechaba el uno de enero para celebrar el "Concejo largo", durante el cual remataban –forma soriana de denominar a la subasta- el estiércol de la dehesa, el toril y tala de árboles. Posteriormente los hombres solos, pues también ellos eran los encargados del remate, bebían el vino que pagaba el ayuntamiento en copas de plata.

En Ocenilla, el 26 de diciembre celebran las fiestas en honor del patrón. Con ellas se mezclan las Navidades. El 31 de diciembre, Año Viejo y San Silvestre, tiempo atrás las mozas encendían luminarias delante de la ermita de San Antonio. Al día siguiente los mozos hacían lo propio, pero delante de la iglesia. En Ocenilla, el día de Año Nuevo, en lugar de besar el pie del niño Jesús, muestran su devoción a una pequeña reliquia de Santa Julita, muy venerada también en Covaleda, y que los ocenillanos conservan en su iglesia.

En La Riba de Escalote celebraban una fiesta derivada de las Navidades. Se la llamaba el "Domingo del Niño", y era el tercero de enero. Cuando todavía en los pueblos había mozos eran ellos los encargados de organizar casi todas las fiestas antes de marcharse a servir a la Patria. En el caso de La Riba pedían la gallofa por las casas y con el dinero recaudado compraban una machorra. Las mozas eran las encargadas de asarla en el horno de poya. Todos juntos comían la oveja junto con otros productos obtenidos de la gallofa: chorizo, tocino, tal vez algún trozo de lomo de la matanza, lo que hubiera. A fin de evitar roces, se nombraba entre los mozos a uno que dirigiera la fiesta y que era nombrado, por ese día, alcalde. Una fiesta parecida y por las mismas fechas, celebraban en la vecina Rello. Durante ella, la mujer del alcalde regalaba el vino.

 

Hogueras, Luminarias, Lumbres o Candelas

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La costumbre de encender hogueras
es un resto descendiente del leño trashoguero. Todavía a mediados del siglo pasado era mantenido en algunos lugares de Alemania central. Se trataba de un pesado tronco de roble que se encajaba en el fondo del hogar y que se carbonizaba lentamente a lo largo del año. Cuando se colocaba el siguiente, los restos del anterior se pulverizaban y de desparramaban por los campos durante doce noches seguidas, con lo que creían beneficiar el crecimiento de la mies. Nada tiene que ver esta tradición con la natividad de Cristo, pero sí con el solsticio de invierno y el viejo credo ario que asociaba al roble con el dios Trueno, posteriormente cristianizado y dedicado al nacimiento de Cristo. Tal vez en recuerdo del leño trashoguero, además de las luminarias, en algunos lugares de Soria, como por ejemplo Villaverde del Monte, a los vecinos nuevos se les daba en Nochebuena una suerte de leña con la única condición de que previamente debían haber pagado la "entrada a vecino".

más info >> Invierno, tiempo de Hogueras

 

La Gallofa

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La petición de gallofa era frecuente en nuestra provincia. Es el resultado de la postulación obtenida casa por casa y que los mozos hacen en ciertas festividades para merendar. Parecido pero no igual al aguinaldo, ya que de este último lo que pretende obtenerse es dinero y es practicado por los niños. La palabra gallofa, según María Moliner, posiblemente, llegue de una expresión latina, "galli offa", comida de galo, nombre aplicado a los peregrinos de Santiago, que eran franceses en su mayoría, creada en los conventos en la Edad Media. O sea que se trataría de la comida que se daba a los peregrinos que venían de Francia a Santiago de Compostela pidiendo limosna.

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El Aguinaldo

En cuanto al aguinaldo, también llamado "hacendaria" en Salduero, costumbre extendida por toda Europa, en Tozalmoro se reflejaba muy bien la esencia de ella. En este lugar a caballo entre la sierra y el Campo de Gómara vivían muchos hidalgos, como en Peroniel, con reconocida limpieza de sangre mediante expedientes que se conservan en el Archivo Histórico provincial. Uno de los apellidos de renombrada hidalguía era el de Labanda. Los muchachos de Tozalmoro acudían a las casas de estos hidalgos agricultores y sólo a ellas, para solicitar el aguinaldo el día de Reyes, y como nobleza obliga, procuraban ser lo más espléndidos posible.

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El Zarragón

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U
n mamarracho es la figura del zarragón: estrafalaria, grotescamente vestida con un rabo de toro en la mano, también llamado zurriago, y cuya misión era ejercer de bufón o alejar (como en el caso del Zarrón adnamantino) a los que osan acercarse al santo patrón. Esta figura aparece también en Villálvaro por Navidad, aunque en la mano portaba un bastón adornado de monedas de dos reales, y cuya misión era recorrer el pueblo anunciando la Navidad.

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Reinado de Mozos o de Navidad

Los reinados era otra forma de pasar las fiestas navideñas por parte de la juventud. Se celebraban, por ejemplo, en Santa María de las Hoyas y en Ucero, poblaciones muy cercanas y que comparten el Cañón del Río Lobos. En Ucero encendían hogueras y cantaban los Mandamientos. Se trataba de conseguir un local lo más grande posible. A cambio del préstamo nombraban rey a su propietario y le atribuían el poder de decidir los azotes o palesmas que debían recibir los que no acataban las reglas del juego.

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Sorteos de novios

Los sorteos de novios eran practicados en algunos lugares de la provincia de Soria. En Retortillo, por ejemplo. Y en Santa Cruz de Yanguas. Se trataba de emparejar a los jóvenes solteros, tal vez por entonces tímidos en exceso, para que durante las fiestas bailaran juntos y ver si de esa manera formaban pareja estable.

Si los Reinados eran más frecuentes en el Oeste provincial, el sorteo de novios lo encontramos con mayor frecuencia en el Norte de Soria, aunque ambos se den en otras comarcas. Se organizaban, al igual que los reinados, durante las fiestas navideñas, días en que el trabajo agrícola escaseaba.

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Los trasnochos

Oncala se viste de Acebo. 2012Las mujeres, niños y ancianos de los pueblos donde la actividad principal era la trashumancia, esos lugares norteños de Soria, tan queridos por nosotras, se reunían en trasnochos -los filandones leoneses- también por las fiestas navideñas. Leonor Lahoz dejó un precioso conjunto de trasnochos en la novela “La vida entre veredas”. Al calor de la cocina baja, o del brasero, mientras hacían labores necesarias para el hogar, recordarían a padres, maridos e hijos, allá abajo, en los pastos. Y ellos harían lo propio. Tal vez algún animal se habría despeñado por esas fechas, y habrían hecho una buena caldereta serrana para celebrar esos días.

más info >> Trasnochos, Hilorios y otras Conteras

 

La Fiesta del "Pobre"

Miguel Valladares García, nacido en Romanillos de Medinaceli (Soria), actualmente resido en Valencia desde el año 1958. Desde entonces no he dejado de visitar el pueblo una o dos veces al año, y cuando estoy en él me acuerdo de una fiesta que se solía hacer en la fecha de Navidades, a la cual se le nominaba o se decía “LA FIESTA DEL POBRE ”.

Esta fiesta se solía hacer cada cuatro años.

La organizaban los mozos, los días 26, 27 y 28 de diciembre y la componían un total de catorce, a cada uno se le asignaba el papel que tenía que desempeñar todos los días que duraba la fiesta, según detallo a continuación.

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Albadas

La tía HabaneraAunque las albadas se han asociado a las canciones de boda, en realidad se trata de composiciones que se cantan al amanecer y en épocas distintas. También se practicaban en Navidad, en algunos lugares, como en Liceras. Los mozos, suponemos que además de villancicos, se acercaban hasta la casa de la muchacha de sus sueños y, con mejor o peor entonación, comenzaban la albada navideña así:

"Cristalina dama hermosa
hija de padres honrados
te venimos a cantar
todos tus enamorados.
Enamorados todos somos
para todos no puedes ser
sólo puedes ser de uno
como puedes comprender
".

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Traslado del Arca

 Las fiestas navideñas concluyen en Soria con el traslado del Arca, entre San Andrés y Almarza. Del conflicto entre Almarza y otros pueblos de alrededor por la posesión de una dehesa,  resta a día de hoy una función que mezcla religiosidad y laicidad. Religiosidad porque antes del acto laico, convertido ya en costumbre, se celebra una misa. Se trata del Traslado del Arca (donde se conservan los documentos relacionados con la dehesa) que tiene lugar el día de Reyes y alcanza su plenitud en el Canto Gordo o Los Pradillos, a medio camino entre San Andrés y Almarza. Y allí, con toda la ceremonia, acompañados de música tradicional soriana, tiene lugar el intercambio del Arca, que se guarda, por años alternos, en una Casa Concejo o en otra. En los documentos conservados, leemos que desde principio del siglo XVIII se realiza el traslado en el mes de enero entre los días 15 y 28, algunos años en febrero, y en alguna ocasión en abril. Las fechas quedan referenciadas, desde 1726, gracias a la anotación que se hace del vino que se pagaba a los mozos para su traslado, se datan nueve quartos que costo una azumbre de vino para combidar a los que llevaron el arca de los privilegios

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Perolo

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El vino como colofón de todas las celebraciones lo encontramos en las entradas a mozo, a vecino, fiestas de quintos, final de la reunión del Concejo, romerías, bodas, hacenderas y cualquier otra reunión. En ocasiones, se bebía en tazas de plata, como puede leerse en el apartado sobre estos recipientes. También, para las fiestas de Navidad, algunos ayuntamientos lo regalaban a los vecinos para que cocieran el perolo, o la limonada en Semana Santa. Para hacer el perolo se utilizaba, como es habitual en el mundo rural, aquellas frutas disponibles, ya frescas, ya secadas en los someros. Por ejemplo los melocotones convertidos en orejones, las ciruelas y las uvas pasas, peras. Cocido con el vino tinto y azúcar resultaba un postre delicioso para las fiestas navideñas. Todavía en Oncala lo siguen haciendo durante el puente de la Constitución, en la fiesta navideña del acebo.
También el día de Reyes, en Cerbón, el Ayuntamiento obsequiaba con vino a todos los vecinos.

Suponemos que en Soria también sería costumbre, como en otros lugares, de obsequiar a la ronda esa noche con alguna botella de anís o brandy a fin de propiciar que continuasen las rondas por la fría madrugada soriana. Rondas de mozos en la época navideña constan en Barca, Los Rábanos y Peñalba de San Esteban, con albadas, villancicos u otras canciones populares.

Reciente debe ser la costumbre del ayuntamiento olvegueño, cuya corporación invitaba a los vecinos a comer besugo tras la ceremonia y a los mozos y casados les daba aguardientaría, una bebida a base de agua y anís.

Y ya que estamos en el capítulo de las comidas, diremos que en Soria, como en todo el orbe cristiano, se mantiene la tradición de comer cordero asado. Aunque como esto se halla en función de las posibilidades y de la materia prima con que se cuenta, en algunas zonas se cambia por el cabrito o el pollo de corral o el congrio fresco. Como primer plato se mantiene el cardo guisado con almendras, debido a que es la verdura propia de la época.

Lo más navideño es el perolo del que hemos hablado más arriba. Debemos mencionar también las tortas del pastor, elaboradas en algunos sitios para obsequiar a los pastores al servicio de la casa. Se trata de masa rellena con productos en adobo de la matanza.

© Isabel Goig

(Cuadernos de Etnología Soriana
y Tal y como vivíamos de 2015)


 

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