Jaime IV de Mallorca y Soria. El personaje

 

Jaime IV de MallorcaJaume de Mallorca nació en Perpignán (1) el 24 de Agosto de 1338, dia de San Bartolomé. Era hijo de Jaume III de Mallorca y Constança de Aragón. Ambos descendían por línea directa de Jaume I el Conqueridor. Fue precisamente este monarca quien, siguiendo las capitulaciones matrimoniales con Violant d’Ungria, dividió los estados, dando al primogénico el reino de Aragó-Catalunya, y al segundogénito los conquistados durante su reinado. Este hecho llevaría, algo más de siglo y medio después, a la aciaga batalla de Llucmajor donde, en 1349, perdería la vida Jaume III.

Jaime III, el 7 de agosto de 1349, antes de zarpar hacia la reconquista del reino de Mallorca dictó su testamento, donde designó a su hijo Jaime como heredero: “…inclitum infante Jacobum filium nostrum primogenitum legitimum et naturales instituimjus nominamos et esse volumus nostrum universales heredem”. (ANF. P 13541 nº 813).

Muerte de Jaime III en la batalla de Llucmajor
Muerte de Jaime III en la batalla de Llucmajor

En la batalla de Llucmajor, Jaime III murió, y su hijo, el infante Jaime (que resultó gravemente herido) se convirtió en el sucesor del reino ya perdido por su padre. Separado del resto de su familia, entró prisionero en el castillo de Bellver. En aquél momento sólo tenía once años. Desde Palma fue trasladado al castillo de Xátiva donde quedó retenido durante ocho años. Después fue trasladado a la prisión de Castell Nou de Barcelona, donde tenía que dormir dentro de una jaula de hierro (2) , preparada expresamente para la ocasión. El 1362, a través de un complot pudo escapar de su cautiverio, y se refugió en Aviñón bajo la protección del Papa Inocencio VI que le había prometido que la Santa Sede (que siempre le había reconocido como legítimo rey de Mallorca) interferiría ante el rey Pedro el Ceremonioso, en la devolución de sus Estados.

Juana I, reina de NápolesEl 1363, se casó con la reina Juana de Nápoles, convirtiéndose en rey consorte. Por primera vez en las convenciones matrimoniales aparece la descripción del sello de Jaime como rey de Mallorca. Fue en Nápoles donde empezó la búsqueda de capital para recuperar el reino perdido. En el 1365, el Ceremonioso ya enviaba misivas a los jurados de Mallorca sobre la posibilidad de una invasión por parte del infante Jaume, hecho que al final no acaeció.

Por esas fechas en Castilla reinaba Pedro I (1333-1369), tan injustamente tratado por algunos historiadores. En 1366, Jaume de Mallorca vio la posibilidad de aliarse con el castellano en su lucha contra los Trastamaras, y de paso reivindicar su casua, ya que el otro bando estaba el rey de Aragó-Catalunya, su mayor enemigo. Previamente Jaume había pedido ayuda para su empresa al rey francés, de quien todavía era feudatario por Montpeller, pero el galo estaba aliado con el aragonés, precisamente en contra del castellano.

El rey mallorquín se dirigió al campamento del Eduardo de Gales “el Príncipe Negro”, quien apoyaba también a Pedro I de Castilla. Este príncipe, cuya caballerosidad era proverbial, acogió muy bien al de Mallorca, de quien sabía su dura vida hasta entonces. Le apoyó económicamente y le concedió el padrinazgo de su hijo primogénito, el futuro Ricardo II.

El 1-4-1367, desde tierra de Álava, Pedro I comunica al concejo de Murcia que se encuentra “puesto en canpanna” con grandes fuerzas para entrar en Castilla contra el “traydor del conde” y el príncipe de Gales, el rey de Mallorca y el de Nápoles, y otros caballeros (Crónica de Ayala) (3) 

Siguiendo la Crónica de Pérez de Ayala, van hacia España por el valle de Roncesvalles. El infante cubrió la retaguardia con los condes de Armagnac, Pèrigord y Comminges. Las tropas, agotadas, descansaron en Pamplona.  El 3 de abril de 1367, tiene lugar la batalla de Nájera. El rey de Mallorca plantó la enseña real de Mallorca junto a las de Castilla e Inglaterra.  Después prosiguen su campaña y conquistan Valladolid y Burgos. En Valladolid Jaime y el Píncipe Negro esperan que Pedro I cumpla las condiciones sin conseguirlo (4) .

Después de esa batalla, Jaume de Mallorca quedó gravemente enfermo en algún lugar de Castilla. En ese momento se interesa por él su todavía esposa, Juana de Nápoles, y el rey de Francia Carlos V, por mediación de su hermano Lluis d’Anjou, quien pensaba utilizarle para sus planes en el Mediterráneo, ya que siempre deseó el segundón francés un reino para él. Está documentado que intervino en las negociaciones Bertrand du Guesclin (5) .

Unos años después, con la ayuda francesa, la papal (después de mucho insistir, aunque el mitrado –Gregorio XI-  sólo le concedió apoyo moral) y, sobre todo, con la de su hermana Elisabet, marquesa de Montferrat (6) , quien acababa de enviudar y le acompañaría en la empresa, el rey de Mallorca volvía a tratar de conseguir sus estados. El de Anjou, que financiaba en su mayor parte la empresa, había obtenido del de Mallorca más que promesas sobre sus estados continentales.

A partir del 1373, en la corona de Aragón iban apareciendo rumores sobre una posible invasión. Había desplegada una fuerte actividad en la restauración de fortificaciones y en el suministro de los castillos en sus fronteras con Francia, es decir en el Rossellón y en la frontera castellana, sobre todo en Molina de Aragón. También, estos rumores, aunque sin fundamento llegaron a las islas. Evidentemente el rey Pedro, conocedor de la alianza entre Jaime de Mallorca, el duque de Anjou y Enrique de Trastámara (ahora rey de Castilla), sabía que la invasión tarde o temprano llegaría.

A comienzos del mes de agosto, un ejército formado por  6000 hombres, bajo el mando del infante de Mallorcas, junto con la compañía de su hermana, la infanta Isabel, dejó Narbona, en dirección sur. Llegó al Rossellón, sin asediar la ciudad (Perpiñán), y de aquí se desplazó al Coll de Panissar, donde había un gran número de tropas aragonesas reunidas para defenderse de la incursión. Ante esta contrariedad optó por dirigirse hacia Vinçà (Conflent) hasta llegar a Prada, donde fue bien recibido  y aclamado por sus antiguos vasallos. Ocupó el Canigó y Vilafranca, dirigiéndose hacia Cerdaña y Puigcerdá. Las incursiones en Cataluña iban avanzando y las tropas no aguantaban el empuje de las compañías de Jaume. Ya a mediados del mes de septiembre habían llegado al valle de Ribas y a Camprodón.

Finalmente y ante la gravedad de la situación, el rey Pedro a finales de octubre tuvo que convocar el “Princpes nanque”, donde todos los habitantes en edad y con capacidad para combatir tenían que acudir en defensa de su soberano. Aun a pesar de dicha convocatoria, las tropas de Jaime consiguieron entrar en Cataluña a través de la Seu d’Urgell. Conocedor de la situación, el Ceremonioso se había desplazado a Cervera, donde el 20 de noviembre se esperaba la llegada inminente de las compañías del sobrino, que ahora ya se encontraban en Torá. Al final, la previsión no se cumplió. A partir de aquí, el ejército se dividió, mientras unas compañías bajaban por el valle del Segre, las otras se dirigían hacia el Vallés y Barcelona. A primeros del mes de diciembre se presentaron ante las puertas de la Ciudad condal.

Suele situarse la presencia de Jaime delante de las murallas de Barcelona, una ciudad cerrada a cal y canto y fuertemente vigilada. Esta afirmación, difícil de contrastar en medio de las noticias que se recibían de unas compañías que se movían rápidamente sin saber muy bien su composición , viene dada por el mismo rey de Aragón en la única frase que le dedica en toda su crónica: “… entrà a Catalunya enemigament amb dos milia homens darmes e vench fins davant Barcelona”.

Ante la imposibilidad de asediar la capital, decidieron emprender su primer retroceso, que al final supondría el fracaso de la invasión. De todas formas, la penuria de una tierra desolada y asolada por la guerra, la falta de alimentos y un nuevo brote de peste surgida en el verano de 1374, no dejaba otra salida que llegar sea como fuere a las fronteras castellanas o navarras, donde las desgastadas y ya menguadas tropas de Jaime podrían avituallarse y no estarían al alcance del rey de Aragón. Así, a principios de enero del 1375, previendo el final de la expedición de Jaime de Mallorca y viendo peligrar los mercenarios su sueldo, abandonaran la lucha para buscar nuevos pactos y nuevos botines.

Así narran algunos hechos la “Crónica del Rey Don Pedro y del Rey Don Enrique, su hermano, hijos del rey don Alfonso Onceno”, en el capítulo VII: “En este año [1375] el rrey don Enrrique sopo commo el infante de Mallorcas, sobrino del rrey de aragón, fijo de su hermana, e fuera fijo de don Jaymes, el que fuera rrey de Mallorcas, e lo priuara del rregno el rrey de Aragón, e agora este infante casara con doña Iohana rreyna de Napol e se llamaua rrey de Napol. E el e la marquesa de Mont Ferrat su hermana con grandes conpañas, entraron en el rregno de Aragon e fizieron guerra por causa e rrazon del dicho rregno de Mallorcas, que dezian que pertenesçia al dicho infant de Mallorcas, que agora era rrey de Napol. E era ý por capitan de esta gente un cauallero de Bretaña que venia con ellos, al qual dezian mossen Iohan de Malestret, e fazian guerra en Aragon por titulo del rreynado de Mallorcas, segund dicho es. E por quanto el rrey don Enrique estaua quexado del rrey de Aragon por que le non daua a su fija la infanta doña Leonor, de quien fuera puesto casamiento con el Infante don Iohan su fijo del dicho rrey don Enrique plogole de la dicha guerra e avn non estoruaua nin estrañaua algunos suyos que ayudassen al infante de Mallorcas que agora era rrey de Napol. E entrauan por algunas partidas en Aragon diziendo que lo fazian por su propia voluntad syn mandado del rrey don Enrique. El el rrey don Enrrique e el infante de Mallorcas que se llamaua rrey de Napol e la infante su hermana, que era marquesa de Mont Ferrand, desque anduvieron grand tienpo en Aragon faziendo guerra, fallesçieron les las viandas e desque vieron qe las nos pudian auer, por las grandes fortalezas que son en Aragon, e estauan muchos castillos en los caminos por do ellos andauan e eran en ellos muchas conpañas, e por tanto sallieron a tierra de Castilla por rrefrescar e tomar algund espaçio, ca andauan muy enojados e sallieron a tierra de Soria e de Almaçan” (7) .

El cronista continúa

 Luego que el rrey de Napol e su hermana la marquesa de Mont Ferrad e las conpañas que con ellos eran llegaron a comarca de Soria, morio ý el rrey de Napol de su dolençia. E fue enterrado en la çibdat de Soria en el monasterio de Sand Françisco. E el infante don Iohan, que era fijo del rrey don Enrrique, el cual fue despues rrey, que era en esta comarca, fizolo enterrar muy honrradamente en el monesterio de Sand Françisco de Soria. E otrossi rresçibio muy bien a la infante de Mallorcas su hermana, marquesa de Mont Ferrad e a todas las conpañas que venian con ella, e mossen Iohan de Malestret, que era el mayor capitan que alli venia, e fizoles dar muchas viandas e partio con ellos de sus joyas. E de alli tomaron su camino para Gascueña e se tornaron para sus tierras.

Sabemos, porque está documentado, que el rey Jaume IV de Mallorca falleció en Soria. Su testamento, custodiado en el Archivo Nacional de París, no admite dudas. Éste se halla transcrito en nuestro web, en documento aparte.

Por si cabe alguna duda, este documento inédito, dado por su hermana, viene a ofrecer unos datos que deberían servir, aunque hasta la fecha no lo hemos conseguido, para datar y rescatar el retablo que ella envía hacer.

“Nos, Elisabet, Regina de Mayoricarum, Marquesa vidua de Montferrato, del gentil i molt estimat Don Giovanni II de Montferrato; disposam d’uns florins d’or per la tomba del nostro molt amat germà, rei de Mayoricarum, Don Jacme IV; fill del nostro molt amat pare, rei Jacme III de Mayoricarum i de Constança d’Aragó, nostra més amada mare; mort a Sòria. Disposam amb aquests florins d’or la compra d’un retable del o per Judici Final, la imatge del nostro protector Arcangel St. Michel i de la Verge Maria, mare nostra que pregara davant el nostro Senyor, per el nostro germà, Jacme IV de Mayoricarum e disposam que el seu guardià en Fortú, i el cavaller Alcau protegin la seva darrera morada” (...) (8) .

Nosotros creemos, sin base que lo apoye, ciertamente, que el testamento se pudo redactar donde antiguamente estaba la Plaza Mayor, junto a la Colegiata de San Pedro. Cerca se alzaba la iglesia de San Blas donde se juntaba el Cabildo Eclesiástico de la ciudad. Hasta hace pocos años todavía permanecían en pie unas casas de factura románica. El conocido como palacio del rey don Juan el Primero, estaba en la Plaza Mayor, junto a San Blas.


Antigua Plaza Mayor

Repasaremos lo que de este enterramiento han dicho algunos autores sorianos, destacando en primer lugar que la Crónica de la Provincia de la Concepción, a la que pertenece el Monasterio de Soria, ni tan siquiera menciona el hecho. La primera referencia la encontramos en 1622, en el “Memorial que la Ciudad de Soria presentó en el año de 1622 al Rey D. Felipe IV, solicitando el que la Iglesia Catedral de Santa María de Osma, y el Colegio y Universidad del Burgo se trasladase a dicha Ciudad”. Documento que se encuentra en el Archivo de la Catedral. Para justificar el traslado, hacen relación de las cosas valiosas que hay y entre ellas nombran “está enoblecida [la ciudad] con sepulcros reales, y entre otros los de los Señores Reyes D. Jayme y Doña Verenguela”.

En 1690, Tutor y Malo dice: “En este convento se enterró el rey de Nápoles, que fue infante de Mallorca, que murió estando haciendo guerra al rey de Aragón, y al Rey don Juan el Primero, como consta de la crónica del Rey su padre. Y aunque se quemó este convento en año de 1623, se volvió a reedificar por la devoción generosa de los vecinos y Caballeros Sorianos y otros devotos del Seráfico Padre San Francisco” (9) .

En 1867, Antonio Pérez Rioja dice: “En 1375, acogiéndose a la protección del rey de Castilla, el desgraciado príncipe de Mallorca y rey de Nápoles, D. Jaime, se retiró a Soria donde cayó enfermo y murió a poco. Fue enterrado en el convento de San Francisco” (10) .

Unos años más tarde, en 1889, Nicolás Rabal escribe: “En el año 1618 un incendio lo destruyó por completo, pero inmediatamente se reedificó por la devoción generosa de los caballeros y vecinos sorianos, lo que explica que en ella tuvieran sus enterramientos y capillas, algunas de alabastro, las familias de los Vera, los Mariscales de Castilla, los Barnuevos, los Morales y Zapatas, cuyos descendientes hoy marqueses de la Vilueña conservan aún su tribuna propia. Dícese también que en este convento fue enterrado el rey de Nápoles, Infante de Mallorca D. Jaime, que murió haciendo guerra al rey de Aragón y a quien dio honrosa sepultura el rey D. Juan I” (11) .

CLICK!! para ampliar Iglesia de San Miguel, AlmazánUn historiador mallorquín (entre otros), M. Obrador, en 1904, dice: “Pero de todos modos, no existe ya la antigua iglesia conventual de San Francisco, hoy convertida en almacén, y donde se suponía existir el sepulcro de Don Jaime” (12) .

En 1928, Pelayo Artigas Arpón escribe: “En sitio ignorado de esta iglesia fue inhumado el Rey de Nápoles, Don Jaime de Mallorcas, que, habiéndose visto obligado a refugiarse en Castilla, después de sus frustradas tentativas hechas en Aragón, para recuperar la corona de Mallorca perdida por su desventurado padre, cayó enfermo en Almazán, donde murió a primeros de 1375; y hallándose entonces en la comarca, el infante Don Juan (después Juan I), dispuso, con toda pompa, su traslado a Soria, para sepultar su cadáver en el convento de San Francisco” (13) .

 

(1) Perpignan pertenecía, junto con otros estados de la actual Francia del Sur, a la corona de Mallorca. Uno de los mayores atractivos de esa ciudad sigue siendo “El Palau dels reis de Mallorca”.

(2) Item quan dormirà, jaga dins la gàbia o rexes ferre, qui per aquesta rahó hi són fetes, e tanquem hi ab clau, e els jaguen defora. (Archivo de la Corona de Aragón).

(3)  Este cronista, como se ve, no debía saber que los dos personajes (el de Nápoles y el de Mallorca) eran el mismo.

(4)  El 23-9-1366, fechada en Libourne. Pedro I hizo donación al príncipe de Gales como recompensa, Bermeo, Bilbao, Lequeitio, tierras de Castro Urdiales y otras. En carta posterior de Pedro I a todos sus súbditos, dice que debe al príncipe de Gales 56.000 florines de oro que el príncipe pagó por él al rey de Navarra.

(5)  El Claquin de algunas crónicas, capitán de las Compañías Blancas francesas, a quien Enrique II de Castilla concedería títulos y honores, como los ducados de Soria y de Molina.

(6)  La infanta Isabel de Mallorca había sido prometida en varias ocasiones, siempre a instancias de su tío Pedro IV, el mismo que mató a su padre y encerró a su hermano. Incluso tenemos copia de un borrador del año 1351, donde se pretendía casar con Pedro I de Castilla. Finalmente casó con Giovanni de Montferrato, señor de esos estados (la mayor parte de ellos en el Piamonte), descendiente directo de los Paleólogos bizantinos.

(7)  La Crónica es de Pérez de Ayala.

(8)  Isabel de Mallorca se vio obligada, a lo largo de su vida, a vender sus propiedades para poder subsistir. Parecer ser que esta disposició se hizo a raíz de la venta de Montpeller.

(9)  Tutor y Malo. Compendio Historial de las dos Numancias. Capítulo 24. 1690.

(10) Antonio Pérez Rioja. “Crónica de la Provincia de Soria”. Madrid. Editores Rubio y Compañía. 1867.

(11) Nicolás Rabal. “Soria. Sus monumentos y arte, su naturaleza e historia. Barcelona, 1889.

(12) M. Obrador. “Los restos de Jaume IV de Mallorca”, en La Almudaina, diario de la mañana. 20-9-1904.

(13) Pelayo Artigas Arpón. Los conventos franciscanos de Soria. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones”, Madrid, 1928.

© Josep Mas i Llaneres
Miquel Gayá Florit
Isabel Goig Soler
2007

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