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LA REPRESION EN SORIA DURANTE LA GUERRA CIVIL
Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García

Edita: Asociación Soriana “Recuerdo y Dignidad”

SORIA, 2010

Amelia Rica

Amelia Rica, de 94 años, es hija de Juan Pablo Rica Gutierrez, sastre y Concejal de Cultura del Ayto. de San Esteban, asesinado la noche del 14 al 15 de agosto de 1936. Como homenaje a Juan Pablo su foto figura en la portada del la reedición de 2010. Amelia ha sufrido en propia carne la represión franquista como becada por la II República, hija de "rojo", mujer y maestra.

 

En el año 1982 salía a la luz en Soria una publicación valiente, muy valiente,  sobre un tema del que todavía resultaba muy difícil hablar, “La Represión en Soria durante la Guerra Civil”. Y digo hablar, porque la mayoría de los datos que en la publicación –dos tomos- se ofrecían eran orales. Como se comprenderá, si ahora resulta difícil consultar los distintos archivos, hay que imaginarse lo que sería casi treinta años atrás.

Los artífices de tan comprometida tarea fueron dos: Gregorio Herrero Balsa, licenciado en Derecho, escritor y colaborador en prensa local, fallecido en 1983, y Antonio Hernández García, quien en la actualidad pertenece al Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria, y ejerce la docencia en un instituto de Toledo, quien, un año después de la publicación del trabajo sobre Soria, abordó y llevó a buen fin otro sobre La Rioja: “La Represión en La Rioja durante la Guerra Civil”, en tres tomos.

Por aquellos primeros ochenta, las personas que habían vivido la contienda y habían perdido en ella algún familiar, eran muchas, con buena memoria, pero mucho miedo, mucho más que ahora, cuando las asociaciones sobre la Memoria Histórica les arropan y les insuflan valor para que digan todo lo que saben. Pero en estos momentos son ya muy pocas las personas que vivieron en primera persona aquellos trágicos acontecimientos. En lugar de ellos lo hacen los nietos. En estos treinta años, junto con los que se han ido por ley de vida, se han marchado también recuerdos valiosísimos.

Por ello, aquellos dos tomos sobre la represión son, en la actualidad, un auténtico documento. Máxime cuando se ha ido constatando que en ellos no hay exageraciones ni nada que no sea cierto, auténticamente verdad, porque lo contaron las viudas, los hijos, los que sufrieron esa represión en primera persona, tanto como el marido o el padre que le mataron fríamente una mala madrugada.

En aquellos tremendos relatos, a los que se les quitó algo –todo hubiera sido una traición- de la angustia y de miedo con que fueron narrados, el lector se sumerge en un mundo de salvajismo y crueldad que ni la mejor pluma, ni la más templada inteligencia pueden disimular.

Uno de los autores, Gregorio Herrero, había nacido en 1915. Cuando empezó la guerra tenía veintiún años y vivió algunos de los hechos que en la publicación se narran. Los dos autores recorrieron la provincia en una labor de campo encomiable, para recoger todos los testimonios posibles. Pese al miedo, fueron muchos.

Las nuevas generaciones de la época tuvieron noticia de hechos que apenas conocían, que les sonaba a lejano, pese a haber sucedido sólo cuarenta años atrás. Muchos no darían crédito al conocer que en un pueblecillo como Baraona habían fusilado a diecisiete personas, casi todos de la misma familia. Otro tanto sucedió en Berlanga, en El Burgo, en San Esteban, en Langa… Junto a personas destacadas en la sociedad de la época, como el doctor Gaya Tovar, el sindicalista Arsenio Martínez, el abogado y alcalde de Ágreda Anastasio Vitoria, o el periodista Mariano Cabrujas, muchos otros, agricultores anónimos, maestros rurales, empleados de RENFE, dos mujeres, un muchacho de 16 años y otro de 14, hasta sumar casi trescientos, perdieron la vida de la manera más absurda y cruel.

El tiempo no ha hecho más que dar la razón a lo allí escrito y, por desgracia, aumentarlo. Si en 1982 eran alrededor de trescientos los fusilados, treinta años después, sin apenas investigar nada, han aumentado en más de ciento cincuenta.

Ahora, la Asociación Soriana “Recuerdo y Dignidad”, ha editado la segunda edición, en un solo volumen, añadiendo otros nombres de asesinados, documentación sobre las fosas abiertas desde 1982, y todo aquello que ha ido encontrando en unos archivos que ya, algunos, se van abriendo.

Fue presentado a final de julio de este año de 2010, en la sala de la Fundación Gaya Nuño, con la presencia de unos de los autores –Hernández García-,  la familia del otro –Herrero Balsa-, del presidente de la Asociación, Iván Aparicio, y del autor del prólogo, Luis Castro.

 

LA REPRESION EN SORIA DURANTE LA GUERRA CIVIL
Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García

Editan: los autores
Dos tomos: 223 y 279 páginas
SORIA, 1982

EL LIBRO ACTUALMENTE ESTÁ AGOTADO, PUEDE CONSULTARSE EN LA BIBLIOTECA

Gregorio Herrero Balsa es abogado. Fue uno de los represaliados durante la contienda civil.
Antonio Hernández García, profesor, fue, durante bastantes años editor del trisemanario Soria Semanal. En 1982 decidieron editar una obra única e irrepetible, por su rigor de investigación, y, por el valor que hubieron de poner al publicar el contenido de los dos tomos, en una ciudad y provincia tan pequeña como Soria, donde, como decimos por aquí "nos conocemos todos".

A lo largo de quinientas páginas los datos, nombres, fechas y lugares se suceden. Por orden alfabético aparecen los pueblos donde uno de los bandos detuvieron, encarcelaron y fusilaron a buen número de sus convecinos.

El relato de los hechos está tratado sin recrearse en detalles morbosos: con contundencia, dejando que los datos y los testigos que quisieron colaborar, hablaran.

Se inicia la obra con la publicación de la ya primera polémica que suscitaron una serie de artículos aparecidos en Soria Semanal, en el germen mismo de lo que después sería la obra. Después, los nombres y lugares, para finalizar con apéndices que dirigen al lector a los archivos y documentos de donde fueron extraídos todos los datos.

El material gráfico, de no muy buena calidad, es, sin embargo, ilustrativo de toda una época: la República, la represión y los personajes.

La publicación revolucionó a la sociedad soriana durante algunos años. En algunos círculos se acusó a los autores de abrir heridas. Pensamos que existen heridas que nunca deben cerrarse del todo, para que recuerden cómo fueron hechas y no vuelvan a repetirse.

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