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VULNERABLES

Carmen Ruth Boillos

Huerga y Fierro Editores
2018

 

De Carmen Ruth Boíllos hemos escrito mucho y eso quiere decir que a ella le han salido del alma muchos poemas y algunos relatos. Tiernos, reivindicativos, duros..., según el estado de ánimo o, quizá, según lo que le haya tocado vivir en cada momento. Eso sólo ella lo sabe.

Nació en 1981, es Trabajadora Social, ha ganado premios, y con “Vulnerables”, indaga en la vulnerabilidad y en la forma o formas de combatirla. Quizá la respuesta esté en un verso de Ángel González con el que abre el poemario: “Desde ahora/somos invulnerables de tanto vulnerados,/insensibles/de tanto haber sentido”. Esperar hasta que llegue esa hora.

Nadie mejor que ella para conocerse, y este es su autorretrato:

No sé ahorrarme enemigos
ni reservarme las ganas.
Nunca atesoro rencores.
No conservo las palabras.

No me estorban los silencios
ni me importunan las balas.
Nunca supe ser correcta
no me canso de cagarla.

Pero sé reventar como nadie
los silencios a carcajadas
y recoger con arrojo
cada guante que me lanzan.

Luchar por cada derecho.
Sufrir, si es que hace falta.
Proyectar buscando sinergias.
Mirar de frente al mañana.

Carmen Ruth Boíllos

 

Reproducimos el interesante prólogo de Alberto García-Teresa.

Porque caminando juntos es más fácil caminar

Sólo existen dos posiciones para hablar del margen de la sociedad sin suplantar la voz de nadie: que hable quien ha sido desplazado allí, o que hable, con la humildad y la fraternidad de la convivencia, quien comparte y acompaña los días de la periferia.

Carmen Ruth es trabajadora social. La dimensión que nos abre ese dato, tanto para la comprensión del mundo como la relación que establece con los otros la autora, resulta fundamental para entender, además, desde dónde y cómo se enuncian las piezas de Vulnerables.

Estos poemas ponen en el centro a personas que el sistema insiste en orillar u ocultar para que no se rompa la ilusión de sociedad que pretende confeccionar de acuerdo a sus parámetros productivos (joven, dócil, compradora y hedonista). Lo hace con una ternura y una humanidad mayúsculas, sin caer en el victimismo ni en la complacencia, precisamente para hablar de esa vida en minúscula que quieren apartar de nuestros ojos. Pues en esos vínculos se teje la fraternidad que da sentido a una comunidad. Apelándolas, dirigiéndose a ellas (y no a un/a espectador/a ajeno/a), estos textos subrayan la dignidad a estas personas, a quienes en tantas ocasiones les ha sido hurtada. Sin concretarse en un personaje singular, sin caer en la tipología, sus versos dejan entrever historias y circunstancias que nos empujan a la empatia, a despegar los ojos de las pantallas. Pero tampoco esconden la rabia ante la injusticia, que habla desde el dolor y el afecto dañado. Con un registro claro y léxico cotidiano, moviéndose entre la descripción y el retrato lírico, adentrándose en el terreno del canto, la poeta amplía nuestro campo de visión al mismo tiempo que resalta las múltiples aristas del mundo. Ellas no documenta: exalta la resistencia de quien sigue adelante a pesar de las dificultades, del estigma y de las barreras sociales, físicas y mentales que se levantan ante lo diferente o lo que no encaja en los estrechos patrones del Poder. Su poemario, por tanto, es un hermoso canto a la diversidad y a la resiliencia.

Así, constatar la fragilidad, la vulnerabilidad, la necesidad del tejido social para el cuidado, para la persistencia de lo vivo, en estos tiempos de exaltación de la individualidad y de la ignorancia de los límites (el “tú puedes todo” alimentado por sueños consumistas y una visión ecocida), como lleva a cabo Carmen Ruth, constituye una firme decisión de desobedecer los vectores ideológicos de esta construcción de mundo excluyente y narcisista. Desde este punto de partida, la autora añade a estas páginas también varias piezas de autoafirmación, en las que también constata su oposición al mundo con mayor crudeza al comprobar qué hueco deja el escaparate que pretenden que constituya nuestra vida.

Sus palabras, en definitiva, recorren los caminos que existen más allá de la autopista; esos senderos trabados con guijarros, baches y praderas. Porque en nuestra independencia recala nuestra fortaleza como personas, como sociedad, como proyecto social. Porque, como escribió y cantó Álvaro Tejero, “caminando juntos es más fácil caminar”.

Prólogo de Alberto García-Teresa
Villa de Vallecas, febrero de 2018

Altair

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La herencia de los chopos

Amor se escribe sin sangre

 

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