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SARNAGO

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SARNAGO Nº 1

Portada y contraportada a color. La primera una foto del museo que recrea el antiguo dormitorio principal de la casa. La contraportada es de publicidad de la Fundación Telefónica. En el interior todas las fotos son en blanco y negro, algunas de ellas verdaderas reliquias.

El saludo del presidente de la Asociación de Amigos de Sarnago, David Izquierdo, es un llamamiento para que la asociación sea mimada, al ser la única herramienta con la que cuentan. En el saludo se explica que la asociación tiene grandes retos por delante “está trabajando por poner el agua en las casas, luego vendrá el arreglo del camino, el desescombro de las casas derruidas, el arreglo de las calles, etc., etc. Ya hemos conseguido que Sarnago vuelva a tener varios vecinos empadronados, seguiremos trabajando para que haya, en un futuro no muy lejano, personas viviendo permanentemente”.

Le siguen unas páginas dedicadas a recordar la presentación del número 0 de la revista. Sigue un poema de José María Martínez Laseca “A los pueblos de Soria”. De Antonio Ruiz Vega “Las móndidas de Sarnago”. Abel Hernández publica una carta a Sara, con el título de “Las cenizas de Montse”, es un homenaje a Montse Carrascosa, hermana de José María, fallecida recientemente a edad temprana, cuyas cenizas fueron esparcidas en el Cerro del Castillo de su querido Sarnago, “Es ésta la imagen que se me ha quedado grabada esta Navidad. Un pequeño grupo de familiares y amigos subiendo hasta el castillo amorosamente las cenizas de Montse, envueltos en el silencio impresionante de los campos, sin el sonido amable de los cencerros de las ovejas ni el eco lejano de las campanas tocando a muerto. No hacía falta. Un ángel ha rozado el aire. Es como si el pueblo hubiera resucitado de pronto y volviera a estar lleno de vida”.

Reyes Lazcano escribe “Sarnago, siempre en mi memoria”, recuerda los momentos vividos en el pueblo, y acaba con unas hermosas palabras que resumen las sensaciones, a veces tan difíciles de plasmar: “Cada vez que vuelvo a Sarnago pienso lo mismo:¡qué no daría yo porque nuestros hijos tuviesen la oportunidad que yo tuve! Todavía no es tarde. Sólo tienen que viajar hasta allí, dejar aparcados coches, móviles, portátiles y demás artefactos que comunican e incomunican al mismo tiempo. Después, caminar. Caminar juntos hacia un lugar. Y escuchar. Escuchar en medio del silencio. No hace falta nada más, la magia hace el resto”.

Dos páginas están dedicadas a resaltar la figura de Valentín Carrascosa, nacido en Sarnago, y nombrado Hijo Adoptivo de Mérida, donde llegó, procedente de Madrid, en 1974, y donde ha desarrollado su labor como director de la UNED en la ciudad extremeña.

Eduardo Alfaro Peña, de Santa Cruz de Yanguas, escribe “Piedras del pasado para construir futuro: los grabados del XVIII en Sarnago”. Un interesante estudio sobre dinteles donde se acostumbraba a cincelar motivos religiosos, símbolos, cruces, una marca ganadera, y hasta un reloj de sol. Hasta nueve grabados ha localizado Eduardo en Sarnago. Suponemos que cuando se limpien las piedras de los solares aparecerán más.

José Mari Carrascosa Ridruejo escribe sobre “El pecado de ser emigrante”, un crudo lamento sobre lo difícil que resulta encontrar acomodo completo, encaje, en cualquier sociedad.

“Un día de caza”, es el relato con el que ha colaborado Isabel Goig, situándolo en Tierras Altas, en los años sesenta, cuando los nobles (los hubo en San Pedro y su zona, los duques de Arcos) consideraban suyo, lo fueran o no, todo lo que les rodeaba.

“Estuvimos en Intur 2006”, informa de que Sarnago estuvo presente en el recinto ferial de Valladolid con una móndida.

Ander Cabrero y familia escriben “1936 fusilamientos entre Fuentebella y Sarnago”, una historia conmovedora más de los tristes acontecimientos que tuvieron lugar en la provincia de Soria en aquellos aciagos años de la guerra civil.

La revista Sarnago, a través de Antonio Arroyo, se hace eco del homenaje a D. Delfín Hernández Domínguez en Valdeavellano de Tera, donde don Delfín es cura-párroco desde hace 36 años.

“Un verano cualquiera” se debe al recuerdo de David Izquierdo. Día a día va recordando las faenas agrícolas, ganaderas y también las fiestas “El veinticuatro de agosto, día de San Bartolomé, cuando la mayoría de los vecinos tenían ya vencidas las tareas de la trilla, se hacía la fiesta para dar gracias al patrón del pueblo, por la cosecha recogida. Ataviados con las mejores galas, la boina nueva, las albarcas menos remendadas o las alpargatas lavadas, se sacaba en procesión por las calles del pueblo”.

Javier Narbaiza, en su ya habitual sección “No tan ausente”, colaboró con “Había gente en Sarnago”, un relato de cómo, desde San Pedro Manrique se desplazó al pueblo que suponía deshabitado, y encontró a Milagros.

Por último, en “Plan de dinamización del producto turístico de Tierras Altas”, María García Lázaro escribe sobre el plan de dinamización de la zona y los recursos turísticos: patrimoniales, culturales, de naturaleza, etnográficos, etc. Poniendo como ejemplo el recurso micológico.

 

Sarnago, el pueblo que inspiró a Llamazares

La Asociación de Amigos de Sarnago, con motivo del veinticinco aniversario de su constitución, ha editado el número 0 (diciembre de 2005) de la revista que lleva el nombre del pueblo deshabitado, Sarnago. Aunque decir deshabitado resulta inexacto, ya que, cada año, los antiguos habitantes de este lugar vuelven a ocupar sus casas, si bien sólo por unos días, para celebrar al santo patrón Bartolomé, dar una vuelta a las viviendas y poco más, ya que la escasez de agua impide estancias más prolongadas.

Algún romántico, como José María Carrascosa, se está construyendo una vivienda, y a Sarnago acude cada fin de semana, en compañía de la familia, para, ladrillo a ladrillo, alzar con sus propias manos una pequeña residencia en el que fuera pueblo de sus mayores.

El pasado 11 de febrero nos reunimos en Sarnago un buen número de personas para asistir a la presentación de la revista. El invitado de honor fue Julio Llamazares quien, hace ya bastantes años, se inspiró en este lugar para escribir su novela “La lluvia amarilla”, aunque la ubicara en un pueblo del pirineo aragonés.

(pulsar sobre las fotos para ampliarlas)

Vecinos, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de San Pedro Manrique; Antonio Arroyo, el párroco; Martínez Laseca; medios de comunicación, nosotras…, aprovechamos un día de invierno muy parecido a otro de primavera, para compartir presentación de la revista, charlas agradables, visita al museo etnológico y un refresco, como se llama en tierras sorianas al vino, la cerveza o el vermouth, acompañado de ese impagable chorizo soriano y otras viandas.

La revista Sarnago se abre con un saludo de la presidenta de la Asociación, Nuria Ridruejo Rodríguez y la reproducción del acta de la asamblea fundacional, el día 24 de agosto de 1980. Le sigue los logros de esta asociación, notables por cierto, entre los que destacan: tendido eléctrico de alta tensión desde San Pedro hasta el pueblo y su correspondiente distribución en baja tensión. Instalación de alumbrado público por todo el pueblo. Cambio de tubería e instalación nueva desde el nacedero de la fuente pública hasta el pueblo. Restauración de la fuente pública y lavaderos. Arreglo del cementerio. Remodelación del edificio del antiguo Ayuntamiento, convirtiéndolo en Casa de Cultura, cambio de la techumbre. Y, por supuesto, mantenimiento del museo y organización de las Móndidas.

El museo tiene también su página en la publicación. En ella recuerdan que fue allá por los años ochenta cuando comenzó la donación de utensilios para su exposición. Antonio Arroyo, el párroco de San Pedro Manrique y su tierra, en “Sarnago. 27 años contemplándote”, da pinceladas a ese discurrir y a la primera visita que él y otros dos sacerdotes “novatillos” todos ellos, hicieron a Sarnago, en 1978, cuando ya el pueblo estaba herido de despoblación.

Bonifacio Pérez pasa revista a sus recuerdos de infancia, poniéndolos firmes a la voz de los atropellos cometidos en los primeros días del llamado Alzamiento Nacional. Manuel Vallejo Pérez también llama a reencuentro su memoria, para contar la forma de vida de los habitantes de esos pueblos de la sierra de Alcarama.

Las móndidas, con fotos antiguas y la cuarteta recitada en 1961, están también presentes en la revista.

Julio Llamazares, en “Recuerdo de Sarnago”, rememora cuándo (“…aquella noche de San Juan inolvidable y mágica…”) y porqué (“El horizonte era un inmenso borbotón de sangre y una luz roja y desgarrada se arrastraba lentamente por los tejados y cristales de las casas”), quedó impresionado de este caserío construido en piedra, alto y limpio, con horizonte de sierras.

Otro tanto hace José María Martínez Laseca, “Viaje al confín de Sarnago”, cuando, un 26 de agosto de 1984 apareció por allí, asistió –de espectador- a un concejo abierto, visionó unas cintas de cine mudo y rememoró, con los vecinos y las películas, fiestas, ritos y celebraciones que nunca han abandonado el recuerdo de sus gentes.

Eduardo Alfaro Peña, “Ecos entre ruinas de un poder olvidado: el castillo de Sarnago”, estudia el castro de Sarnago, relacionándolo con otros donde las gentes de la Edad del Hierro se instalaron para vigilar los valles de los ríos Linares y Cidacos, a la vez que se servían de sus aguas para vivir.

Y, en fin, Carlos Jiménez se ocupa de la Asociación de Pueblos de la Alcarama, Isabel Goig de Sarnago en la época del Catastro del Marqués de la Ensenada, y se habla del proyecto de micología y calidad.

Esperemos encontrar pronto el número uno que siga al cero, y el dos que continúe al uno. Eso evitará que se pierda del todo la memoria de los pueblos deshabitados.

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La hospitalidad de las gentes de Sarnago

 Isabel Goig

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