Diego Aldasoro

 

 

Diego Aldasoro

Hasta el próximo 30 de septiembre

Palacio de la Audiencia, Sala B

De lunes a sábado de 12.00 a 14.00 horas y de 19.00 a 21.00 horas.

En esta exposición se presentan dos proyectos complementarios. Por un lado, "hablo" de mi abuela y de sus actividades cotidianas. Y por otro, de su vida, de lo esencial, de lo simbólico y el mar. Es un diálogo entre lo humilde y lo poético. Lo insignificante y lo trascendental van de la mano. Como el vaivén de las mareas, la conciencia y la razón oscilan. Entre la imaginación y la ensoñación ... sus recuerdos se mezclan con los míos.

El mar es vida y metáfora de la muerte, de lo sin fin, de la aventura y de muchas más cosas. También es paisaje y experiencia. En los fósiles ha dejado su huella. Mi abuela Isidra es mar y su mirada es la memoria de esa inmensidad. Entre mares de trigales y agua, nació, vivió y murió. En una merienda ha quedado inmortalizada. En una tarde puede caber toda una vida, en una secuencia de gestos se destila lo esencial del caracter. Y en una pequeña serie de objetos se pueden reflejar muchas emociones. Esta es una invitación a sumergirse y bucear en la intimidad. En los detalles se concentra la contemplación ...

Cuando el instante es vivido intensamente el tiempo se eclipsa ante la eternidad, dejaron escrito hace mucho. y poco más se puede añadir.

Diego Aldasoro

Diego Aldasoro


"Las manos de la abuela Isidra"
Por Isabel Goig

Diego Aldasoro

Exposiciones realizadas

Palacio de la Audiencia (Soria)

"Una tarda eterna d'estiu"

"Nostalgia y desarraigo"

"El paisaje de la memoria"

"Cartografía de los recuerdos"

"Ruralidad eternizada"

entremaresdetrigales

ruralidad eternizada

Una aproximación a la nostalgia desde el desarraigo
(El tiempo en ruinas frente a las ruinas del tiempo)

Diego AldasoroCon este título tan evocador titula la exposición de fotos en Ventosa de Fuentepinilla, Diego Aldasoro Gómez.

“… hace alusión a una vivencia o una impresión, a un momento de mi vida, a una parte de mi historia y en lo que ha supuesto para mí conocer y pasar tantos ratos en este pueblo”, de esta forma explica Diego el título.

En las antiguas escuelas de Ventosa de Fuentepinilla (Barrio de Quintana Redonda), es donde este licenciado en Filosofía, de 32 años, soriano y residente en Bilbao, ha expuesto su trabajo, una selección de fotos que ha ido captando con el objetivo de la cámara a lo largo de diez años. Fotos de aquello que la abuela guarda en el desván, de antiguas máquinas para las labores agrícolas, hoy venerables trastos que van oxidándose entre las hierbas, y de las que sólo quedarán, a la vuelta de otros treinta o cuarenta años, un montón de tierra del que sobresaldrá un trozo de metal. Fotos de casas medio en ruinas, o en ruinas directamente. De ventanas que se asoman a la nostalgia de un universo infantil perdido irremediablemente. Fotos de esas que nos ponen un regusto amargo en la boca y un ligero escozor en los ojos.

“A la vez, además de cuestionar el concepto de arte, aquí apuesto por reivindicar la casualidad como dato central para capturar esos instantes y nada ha sido, sino la naturaleza la que lo ha puesto todo”, dice Diego en la presentación de la exposición.

El trasfondo de esta muestra es explicado así por el autor. “Antropología de cercanía: recoger historias de pueblos y de personas sobre todo a título individual y en relación con su medio, donde se mezcle de manera indisoluble el carácter documental y la voluntad testimonial (sobre el pasado reciente). Arqueología de los sentimientos: rebuscar, excavar y remover en lo más profundo nuestro para contemplarnos, conocernos y recogernos en el tiempo. Y en concreto sobre lo que transmiten o cómo nos conmovemos o nos quedamos impasibles ante los pueblos medio abandonados y los campos en barbecho que son como una metáfora de nuestras almas (sobre el presente en relación al pasado y al futuro). Arquitectura moral: proyectar –dejando un poco de lado el romanticismo y desde el existencialismo- desde la austeridad y la humildad, una crítica de este modo de vida actual para construir unos fundamentos éticos y políticos, o por lo menos para replantearnos a dónde vamos (sobre el futuro próximo)”.

Las antiguas escuelas de los pueblos sorianos, restauradas, están siendo utilizadas, desde que la sangrante despoblación propició el cierre de la mayoría de ellas, para actividades artísticas y culturales. En el caso de Ventosa de Fuentepinilla, el edificio destinado a ella –donde ahora Diego expone sus fotos- se encuentra en la parte alta de una calle, abiertas las ventanas al campo de cereal, al cielo azul y limpio de Soria, campo y cielo adornado por el verde de un grupo de árboles.

Algunas de las fotos, las más antiguas, pertenecieron a Jesús de Miguel, periodista, fotógrafo y pintor, interesado en Soria, a quien Diego dedica la exposición de manera especial, pues también lo hace –y agradece- a su madre y abuela. Las fotos se hallan remarcadas, o diríamos más bien ilustradas, por mensajes de escritores y poetas por los que Diego siente especial querencia: Pessoa, Berger…, frases y poemas que van intercalándose con las imágenes.

La exposición se mantendrá hasta el 25 de agosto. Mientras, está previsto que ésta se complemente con pases de películas. Es una buena ocasión para acercarse a Ventosa de Fuentepinilla. Además de ver esta colección de fotos, la vista, desde lo alto del pueblo, se pierde por pequeños cerros verdes y largas planicies de cereal amarillo. De paso se puede visitar la humilde iglesia románica.


(pulsar para ampliar las fotografías)

Exposición de Diego Aldasoro      Exposición de Diego Aldasoro

©soria-goig.com.

A Jesús de Miguel de M. D. G.

Fotos de Ventosa de Fuentepinilla

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