El Cine y el jazz

Cine Club UNED y Asociación Cultural En ViBop

El jazz y el cine son dos artes nacidas con el siglo XX, llamadas a revolucionar el sonido y la imagen de la cultura contemporánea. El jazz tuvo que nacer forzosamente allí donde se fundieron las culturas africanas y europeas, es decir, en USA, sin desdeñar las influencias afrocaribeñas. No fue creado precisamente en refinados círculos académicos, sino que nació como música popular destinada al entretenimiento. No tuvo padres conocidos –o tuvo muchos padres-, entendido esto como influencias de distintos géneros musicales y como músicos que contribuyeron a su creación. Se habla del cornetista Buddy Bolden como la primera gran figura del jazz, que supo aglutinar las distintas formas de sus antecedentes rudimentarios de finales del siglo XIX en el primer estilo definido y reconocible del nuevo arte musical: el jazz. Personaje de leyenda, alcohólico, esquizofrénico, fanfarrón, mujeriego y pendenciero Buddy Bolden murió en un sanatorio mental, años después de ser ingresado en 1907. No se conserva ninguna grabación suya, aunque sí muchas referencias que le reconocían como el mejor corneta de Nueva Orleans, precursor de King Oliver, Freddie Keppard o Louis Armstrong. A su vez Jelly Roll Morton, pianista y cantante, también criollo de Nueva Orleans, se presentaba a sí mismo como “inventor” del jazz, con propósitos publicitarios. De él sí se conservan grabaciones que atestiguan su talento, pero no se puede en absoluto afirmar que el jazz naciera en un momento preciso, fruto de la inventiva de una sola persona.

En cuanto al cine, aunque Thomas Alva Edison, en Estados Unidos, estuvo muy cerca de inventar el cine al patentar su kinetoscopio, de funciones muy limitadas, sí fue inspirador de los hermanos Lumiére, considerados como creadores del cinematógrafo. Al contrario que en el jazz esto sí ocurre en un lugar y momento definidos: el 28 de diciembre de 1895 en París. Pronto se extiende por todo el mundo, al igual que el jazz, pero mientras que el cine desarrolla enseguida su propio lenguaje en diferentes países a ambos lados del Atlántico, el jazz necesitaría décadas hasta que en 1934 un gitano belga, Django Reinhardt, junto con el violinista francés Stephane Grappelli, entre otros, desarrollaron un jazz propiamente europeo. Hoy en día músicas de distintos países y en distintos momentos han elaborado sus propios estilos jazzísticos: jazz latino, jazz bossa nova, jazz flamenco y muchos otros, pues, en definitiva, el jazz siempre ha sido una música de fusión.

Nacidos inicialmente como entretenimiento el jazz y el cine acabaron convirtiéndose en expresiones culturales del máximo nivel, -además de su faceta comercial- alcanzando la categoría de Arte con mayúsculas. En el caso del jazz, su dimensión artística fue reconocida antes en Europa que en su país de origen. Las grandes bandas de Duke Ellington, Benny Goodman, Dizzie Gillespie… y los grupos más reducidos de Sidney Bechet, Miles Davis, Lester Young, Charlie Parker, Chet Baker, Dexter Gordon y un amplio etcétera han sido embajadores oficiales u oficiosos de esta gran música norteamericana durante décadas, dejando su huella imperecedera por todo el mundo.

Por su parte, en el cine mudo surgieron enseguida luminarias como George Méliès o Buñuel –aunque español- en Francia, David W Griffith, Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd y Robert Flaherty en Estados Unidos, Sergèi Eisenstein y Dziga Vèrtov en la URSS, Murnau y Fritz Lang en Alemania, entre muchos otros que pusieron los cimientos del nuevo arte de la imagen en movimiento, en sus distintos géneros: documental, cómico, histórico, propagandístico, expresionista, surrealista… exceptuando el musical, que llegaría obviamente con el cine sonoro.

Y fue precisamente en la primera película sonora de éxito donde surgió la relación inicial entre cine y jazz, que estaban irremediablemente condenados a entenderse. Nos referimos a The Jazz Singer (1927), interpretada por el cantante blanco Al Jolson, habituado a pintarse la cara de negro en muchas de sus actuaciones. Esta película no reflejaba el jazz más genuino, pero sí era una alabanza de la vitalidad de la música afroamericana emergente.
La aparición de jazzmen en películas norteamericanas de los años inmediatamente posteriores, correspondientes a la era del swing, fue más bien anecdótica, a menudo para ilustrar ambientes de gangsters en la películas. Se destaca de esa época Stormy weather (Andrew Stone, 1943) con Fats Waller, Lena Horne y Cab Calloway), para algunos el mejor musical negro de la historia del cine.

Tras la II Guerra Mundial el jazz vivía su más profunda renovación como arte autónomo alejado de los circuitos de entretenimiento. El swing dejaba paso al be bop y algunos directores de cine hecho en USA llevarían a sus películas los aires de ese nuevo jazz moderno, como en Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951) o La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock. 1954).

Llegados a este punto hay que diferenciar entre películas “con más o menos jazz dentro” de películas en las que el jazz es protagonista esencial, sea por su importante banda sonora, por el tema tratado, por ser la biografía de un músico o por varias de estas cosas. El primer grupo es muy numeroso. Un libro editado en 1977 (Jazz in the Movies. A guide to Jazz Musicians 1917-1977, David Meeker. Talisman Books Ltd, Londres) daba una lista de más de 2500 films en los que “hay jazz” en cantidad variable. Mucho más interesantes para los aficionados a ambas artes, pero mucho más limitadas en número, son las películas en las que el jazz es protagonista relevante. Como por ejemplo El hombre del brazo de oro (Otto Preminger 1955), con Frank Sinatra interpretando a un baterista tahúr y heroinómano o Anatomía de un asesinato (1955, también de Preminger), drama judicial cuya banda sonora es de Duke Ellington.

Francia siempre ha acogido con los brazos abiertos a los músicos de jazz norteamericanos, así que no es de extrañar que dentro de la Nouvelle Vague se hiciera una película con banda sonora de Miles Davis, Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958). La unión entre jazz y cine, entre negros y blancos, entre el jazz norteamericano y Francia, se reflejó bien en el idilio que mantuvieron Miles Davis y la actriz, cantante y musa de los existencialistas Juliette Gréco. Ninguno sabía el idioma del otro, pero no les hicieron falta las palabras, como en el jazz o en el cine mudo.

La industria cinematográfica de los años sesenta acabó por asumir la música de jazz como un elemento consustancial en el cine, incorporando definitivamente a compositores procedentes del jazz como Henry Mancini, Johnny Mandel, Lalo Shifrin, Quincy Jones, Dave Grusin o Lennie Niehaus. Aunque a veces el jazz no aparezca como elemento sustancial en la película no debemos subestimar su relevancia, no hay más que recordar el efecto dramático y sobrecogedor del sonido del saxo tenor y la música de Gato Barbieri, totalmente ensamblada en la película El último tango en Paris (Bernardo Bertolucci, 1972), de manera que no podemos imaginar esa película sin el sonido del saxofón de ese jazzman argentino.

Posteriormente, ya en un mundo globalizado donde jazz y cine son artes universales, con múltiples y recíprocas influencias, se han realizado no muchas pero sí magníficas películas de grandes directores con notable presencia de jazz: Cotton Club (Francis Ford Coppola, 1984) Round Midnight (Bertrand Tavernier, 1986), Bird (Clint Eastwood, 1988), Rebeldes del swing (Thomas Carter, 1993), Kansas City (Robert Altman, 1996), Acordes y Desacuerdos (Woody Allen, 1999)… En España, con carácter documental, Fernando Trueba estrenó en el año 2000 la película Calle 54, sacando del injusto olvido a Bebo Valdés y promoviendo internacionalmente la carrera de Chano Domínguez, entre otros grandes músicos de ese film. En al campo de la animación, Chico&Rita es una notable película de 2011 sobre jazz cubano, también dirigida por Fernando Trueba, en colaboración con Javier Mariscal.

 

Para saber más….

Libros
Cine y Jazz. Carlos Aguilar. Editorial Cátedra. 2013.
Música y Cine. Luis Miguel Carmona. Editorial T&B. 2012.
El jazz y sus espejos. Joaquín Romaguera y Ramió. Ediciones de la Torre. 2002.

Enlaces

apoloybaco.com/jazz/index.

soloparagourmets.blogspot.com.es/cine-y-jazz

 

¡Hazlo posible!

Ya son veinte años los que lleva el Cine Club UNED haciendo que el cine sea entretenimiento, por supuesto, pero bastante más, programando cientos de películas, editando excelentes libros sobre su programación, organizando certámenes y, en definitiva, agitando la vida cultural de Soria… Por su parte, la trayectoria de seis años de la Asociación Cultural En ViBop viene avalada por 79 conciertos organizados hasta la fecha, donde se han conjugado también y en proporciones variables la diversión con la riqueza y diversidad de músicas menos comerciales, para oídos inquietos, fomentando la escucha atenta y a cargo de músicos generalmente profesionales del máximo nivel, nacionales e internacionales.

Como el cine y el jazz en estas dos asociaciones compartimos muchos principios, situaciones adversas, aficiones y aspiraciones. Como en el cine y el jazz estábamos por tanto igualmente llamados a entendernos. De modo que este concierto que presentamos es nuestra tercera colaboración. Pero sobre todo el Cine Club UNED y En ViBop compartimos la alegría de haber hecho a esta ciudad más culta, más festiva, más cosmopolita… El secreto está en la dedicación, la inquietud, el entusiasmo, la afición y la pasión con que preparamos cada película y cada concierto… y el apoyo económico más fundamental, aunque entre otros, de los socios y de los aficionados que asisten y adquieren sus entradas, logrando que esto pueda seguir existiendo.

Nuestra petición es que asistas todo lo que puedas, que disfrutes de conciertos y películas, que te animes a asociarte… sólo así será posible seguir adelante con estas iniciativas.

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