Oncala. De nuevo llegan las merinas. 2016

 

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Llegan las merinas a Oncala, 2016

El domingo, 10 de julio, asistíamos de nuevo a la llegada de las ovejas merinas a Oncala. Fueron 1303 cabezas, propiedad de los hermanos José María, Ricardo y Basilio Pérez Martínez, a quienes les cabe el honor de ser de los últimos trashumantes de la Sierra soriana. Las jornadas dedicadas a rememorar la Trashumancia habían dado comienzo el viernes, 8 de julio, en Soria capital, teniendo la oportunidad de participar durante tres días en la actividad trashumante.

Llegan las merinas a Oncala, 2016

Mayores y niños disfrutaron del día grande, el domingo, unos rememorando una parte sustancial de sus vidas, los más pequeños con actividades apropiadas a su edad, además de las propias de lo que allí se conmemoraba, porque los niños son capaces de asombrarse observando qué hicieron sus abuelos cuando tenían la edad de jugar. 

Llegan las merinas a Oncala, 2016Llegan las merinas a Oncala, 2016

Hubo esquileo y juegos pastoriles. Pudimos ver hacer los vellones, en el interior de los cuales se colocan cuidadosamente las vedijas para que nada se desperdiciara. Se cocinó caldereta, migas y asadurillas. Se podían adquirir productos como queso, miel y derivados, cencerros y artesanía hecha con cuero. Fue día de puertas abiertas en los dos museos de Oncala, el de pastores, gestionado por la Asociación El Redil, y el de los tapices, que cuelgan de las paredes de la Iglesia de San Millán. 

Llegan las merinas a Oncala, 2016Llegan las merinas a Oncala, 2016

Fueron galardonados siete merineros jubilados: Florián Berdonces García, Florián Crespo, Isabel Fernández del Río, María Revilla, Jerónimo García, Félix García Gil y Arcadio González.

 Llegan las merinas a Oncala, 2016

Reproducimos parte de lo que don  Blas Taracena Aguirre (Soria, 1895- Madrid, 1951), arqueólogo, director que fue del Museo Numantino, escribió sobre esta antigua actividad. 

(…) Mi cicerone de las cumbres contaba ya 72 años de vida activa y trajinera, 52 campañas en Andalucía y 10 de retiro forzoso, con el nostálgico recuerdo de la dulce soledad pastoril en los “quintos” de Soria o Cameros y en los feraces pastizales béticos. 

Fuerza de su poco provechosa vida andariega le impulsó a ofrecerse para llevarnos a puerto seguro a través de los puertos de la Sierra. Encogido, sarmentoso y ayudándose en un cayado de roble, no parecía demasiado seguro para excursión de tan rudo camino, pero su crédito de conocedor de todas las veredas, del escondrijo de todas las fuentes y del nombre de todos los picachos nos hizo confiar que, en pleno estío, este hombre de 104 veranos (52 castellanos y para él otros 52 andaluces), que no conoció en las cumbres otra nieve que de la Agosto, brillante y perezosa para fundirse bajo el sol, sería conductor práctico y el más instruido de saber popular. 

Al amanecer emprendimos la subida por dura pendiente donde la vereda se abre difícil paso entre las ramas bajas de los robles. Desmontados, en la mano el ramal de las mulas y guardando difícil equilibrio, cruzamos el cantarral de una “ensecada” cuyas piedras rodaban bajo los pies. 

Algo más arriba el verde oscuro del roble cambia por el cerúleo del acebo de hojas espinosas y más aún, en la frontera del acebo, brota diáfana y con engañosa profundidad una fuente de álveo profundo donde hacemos el primer descanso salpicado de comentarios a la vida de los pastores trashumantes. 

La Sierra ha estado nueve meses desierta. Desde fin de Septiembre a este fin de Junio en que florecillas primaverales blancas y azules esmaltan las verdes praderas y desde Extremadura o Andalucía llegan los primeros rebaños de merinas, no la holló planta humana y ha permanecido “triste y oscura” como dice el cantar pastoril sabiamente publicado por Benedito. Bajo el cielo plomizo del Otoño, cruzada sólo por algún campesino que buscó la rapidez de los atajos con desprecio a la comodidad de los caminos, fue inhóspita y deshabitada y después, en el invierno (“ivierno”como aquí dicen) tras las primeras y tempranas nieves, cuando la blanca mortaja la sepultó, la dominó el cierzo y la cellisca llenó barrancos y ocultó matorrales, las cumbres fueron solo tierra de Dios y de las alimañas de Dios, que inútilmente buscaron presa sobre el suelo helado.(…)

En nuestro descanso el guía fue contando la despedida al marchar los pastores, la triste situación invernal de estos pueblos merineros donde todos los varones útiles van con los ganados dejando en la aldea las mujeres, los viejos y los niños que todavía no pueden servir de “zagales”; después los 25 días de lento caminar tras el rebaño por las cañadas cada año más angostas, luchando con la falta de pastos; anécdotas de episodios ya viejos del cruce de Sierra Morena, confiando el dinero del viaje a la carlanca del mastín más fiero para librarla del asalto de los bandidos; y por último la llegada al riente cielo andaluz, promesa de blanda hospitalidad y descanso que unos invertirán incidiendo colodras con imágenes de Santos, otros bordando en los bellos chalecos de estezado flores o pavos reales que desconocen en su tierra natal y los jóvenes cosiendo y bordando faltriqueras que en el verano servirán de amoroso presente para sus prometidas.

Notas folklóricas de la divisoria entre Duero y Ebro. Por Blas Taracena Aguirre. Publicado en la revista Berceo en 1946, editada por el Instituto de Estudios Riojanos. Reproducido por el Museo Numantino en el Día Internacional de los museos 2016.

 Llegan las merinas a Oncala, 2016

 

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Oncala. Llegan las merinas. 2014

 

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Un año más, éste en Oncala, han entrado las merinas procedentes de tierras del Sur, de extremo, de donde Soria es cabeza. Qué decir de Oncala que no hayamos dicho ya, y qué decir, también, de esta fiesta conmemorativa que no se encuentre reflejado en este sitio web. Y no por ello, cada año, uno en Los Campos y el otro en Oncala, deja de sorprendernos la esencia de esta actividad tan auténtica como importante, que todavía en algunos pueblos de Tierras Altas se sigue practicando.

Llegan las merinas a Oncala, 2014Llegan las merinas a Oncala, 2014

Es necesario, y no resulta difícil al menos para nosotras, despojar de todo lo superfluo (y necesario a la vez para darlo a conocer a los visitantes) la fiesta que se vivió el sábado, día 21 de junio, en Oncala, capital de la Trashumancia. También hay que eliminar de la visión cámaras fotográficas, por ejemplo, y fijarse en lo que suponía para los trashumantes regresar a casa, a la familia, después de meses en tierras lejanas (convertidas en parte de su existencia generación tras generación) después de días y días caminando. Volver y encontrarse con un nuevo hijo, tal vez con la ausencia de alguno de sus mayores, noticia recibida ya en extremo, y durante unos meses recuperar la normalidad mantenida por las mujeres, verdaderas cuidadoras del hogar y la familia.

Ver desde el puerto las casas arracimadas, sobresaliendo la iglesia de San Millán, saber que en minutos se encontrarían con la familia, debía ser una emoción profunda, sólo controlada por el carácter fuerte y telúrico de una casta de ganaderos que, cuando el último de ellos deje esta vida, no volverá a repetirse. Porque los que quedan podrían tomar el relevo, lo llevan en los genes, pero sabemos que la Trashumancia, tal y como era, nunca podrá volver a ser.

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Tanto los vecinos de Los Campos como los de Oncala, con sus alcaldes al frente, apoyados y auspiciados por la Mancomunidad de Tierras Altas, echan el resto cada año para que todos comprendamos qué fue y significó esta actividad. Como decíamos, este año le correspondía el honor a Oncala, hermoso pueblo de la Sierra, que lucía limpio y auténtico. Allí se dieron cita personas de los pueblos vecinos, trashumantes algunos todavía, como los hermanos Pérez, de Navavellida, y personas llegadas de otros lugares, además de aquellos que durante tres días habían acompañado a las merinas por la cañada, desde Soria a Oncala.

Entre ellos destacaban, sin que ellos lo pretendieran, incluso sin que los visitantes se percataran, los que fueron trashumantes oncaleses, o sus hijos y nietos, que se ocupaban de hacer el chozo, por ejemplo, ese refugio que, colocado cerca de los animales, con el pastor dentro, servía para avisar de llegadas no deseadas de lobos hambrientos. Otros enseñaban a guisar la caldereta. Contaban las merinas, esquilaban, vareaban lana, la tejían, comían migas, en fin, todo aquello que, de no ser por la iniciativa y el esfuerzo de todos los habitantes de los pueblos de Oncala este año, y de Los Campos el anterior y el próximo, se perdería para siempre.

Llegan las merinas a Oncala, 2014Llegan las merinas a Oncala, 2014

Día, además, de puertas abiertas en los dos museos, el Pastoril y el de tapices, en la iglesia de San Millán, que por fin, este año, y después de treinta incoado, se ha visto declarado Bien de Interés Cultural.

Puestos de miel, dulcería, panadería, artesanía y cencerros, estaban situados en la plaza, dando color, más si cabe, a la fiesta. Y este año se han unido dos puestos de tintes naturales. Uno de ellos, Mundo Lanar, de Romi y Ato, con mucho investigado sobre la actividad, que se basa en la utilización de todo aquellos que la naturaleza ofrece (muy acorde con la fiesta que se vivía) para teñir la lana. www.mundolanar.com

Felicidades, un año más, a los trashumantes en general y a los oncaleses en particular. Esperamos poder felicitar, el año 2015, a los vecinos de Los Campos. Si actividades, todavía vivas, existen en Soria y sus pueblos, es esta de la Trashumancia la más representativa de todas ellas, también de las más duras, o la más, y no por ello menos querida y añorada por los que fueron y ya no son. Casi rito ya, y cultura todavía, en estado puro.

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Por todo ello, para que esta riqueza cultural, etnológica y etnográfica, no se pierda, es necesario unir fuerzas y pedir, una vez más, que la Trashumancia de merinas, con todo lo que conlleva, con su entorno, sus lugares de procedencia y de arribada, sus vías pecuarias, sea declarado, de una vez por todas, Patrimonio de la Humanidad.

 

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