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NACÍ.

Ramiro Epifanio Frías Hernández

Edítalo contigo
562 páginas
Mayo 2018

 

Ese punto detrás de la í nos está diciendo eso, precisamente, “nací y punto”. Y a partir de ahí el autor, Ramiro Epifanio Frías Hernández, va dando a conocer su vida, desde el momento en que se percata de haber llegado a este mundo, hasta el año de la publicación. No se trata de una contera personalizada de tal manera que resulta difícil irradiarla, si no una narración de la forma de vida en un pueblo del mundo rural transferible a cualquier otro en su esencia aunque, tal y como sucede con las personas, con sus propias peculiaridades.

Son noventa y cinco capítulos, unos más breves que otros, a lo largo de 559 páginas, donde ningún tema, por baladí que parezca, es dejado al azar. Todo en el mundo rural, redondo y autosuficiente, tiene mucha importancia por que es auténtico y telúrico. Aquella vida que se ha ido perdiendo y que muchos quisieran, e intentan, recuperar, era/es lo que sueñan en las ciudades, lo que motiva tesis doctorales, proyectos, másters, aunque en estos casos, al no haber sido vivido, resulta, a veces, como enlatado. No se limita Ramiro Epifanio a narrar los hechos más brillantes del mundo rural, como las danzas, canciones, o la mismísima matanza del cerdo. Por Nací. pasan las aves migratorias, la zorra alimentándose de las gallinas, cómo estaba organizada la casa donde debían vivir diez hermanos, la flora, la fauna, el huerto y el pozo, etc.

Todo era tan natural en el mundo rural, tan sencillo. Todos respetaban los oficios y a quienes los ejecutaban. Era una fiesta ver llegar a los de otros pueblos para ejercer trabajos de los llamados ambulantes. Los niños se formaban viviendo cómo los animales domésticos servían para alimentarse (aunque tenían mascotas) pero hasta llegar el momento del sacrificio, debían ser bien tratados. No sé si el autor es consciente de que con este extenso relato está mostrando, sin aspavientos ni palabras desconocidas, refritas de uno o varios idiomas ajenos al castellano, un mundo rural ecológico y justo.

En casi todos los pueblos con idéntica actividad la vida era muy parecida. Los trashumantes poseían sus peculiaridades, con su ir y venir de Sur a Norte, pero a la vez participaban de las costumbres del mundo del cultivo, y otro tanto puede decirse del cereal, por que, como decíamos más arriba, para que el rural sea, como es, un mundo autosuficiente, una actividad puede sobresalir, pero se han de practicar todas.

Cada persona, desde que es niño, vive su propio mundo, ninguno es idéntico a otro, y así, por ejemplo, Ramiro Epifanio cuenta su escondite en el magnífico árbol que da entrada al pueblo -por cierto, no hemos dicho que se trata de Ausejo de la Sierra- un castaño de indias de magnífico porte, que llama la atención de todo aquel que discurre por esa carretera hacia Tierras Altas o La Rioja. Allí, a dos metros del suelo, veía y escuchaba, como si de un gorrión se tratara, historias y vivencias con las que se podrían escribir más novelas.

Como Ramiro Epifanio nos cuenta, no toda la publicación tiene Ausejo de la Sierra como eje central. “(…) porque, al ser una autobiografía novelada, abarca más allá de las experiencias de mi infancia, sobrevolando mi adultez -mi destierro de 45 años en Madrid - y mi vejez -mi vuelta a los orígenes-”. Le sucedió lo que a tantos sorianos, debía buscarse la vida y, a los diecisiete años, se fue dos a Barcelona y 45 en Madrid. Ahora reside en Fuentelfresno (a menos de dos kilómetros de Ausejo), ya que en su pueblo le fue imposible comprar una casa. El recuerdo de una infancia feliz y el cansancio de tantos años residiendo en un gran ciudad, le lleva a la decisión que él mismo nos narra así: “(...) Así que, en resumidas cuentas, me fui a progresar económicamente, progresé, formé una familia -tengo 2 hijos maravillosos- y eso es todo. Se acabó Madrid para mi. Dos años antes de mi jubilación empecé a construirme la casa...y el día siguiente a mi jubilación me vine a ella, sin mirar atrás. Aquí soy FELIZ -feliz con mayúsculas-: con mi huerto, con mi bicicleta, con mis libros -leyendo y escribiendo- y, por si fuera poco, empeñado en levantar paredes de piedra en una parcela donde he sembrado árboles y tendré gallinas ... y puede que un burro -ya veremos (en ello estoy). Por si lo descrito no fuera ya suficiente para considerarme feliz, además, he venido a parar a un pueblo maravilloso, donde todos nos llevamos bien. Un pueblo donde es más fácil para mi recordar algunos aspectos de mi infancia, como la escuela -que aquí existe y en Ausejo hace décadas que no-. Oír a los niños hablar en el recreo -bueno, ya sabes, los niños no saben hablar: gritan- es un sedante natural para mi. 

Vivir en contacto diario con la Naturaleza siempre ha sido mi deseo. Aquí se hace realidad a diario. Desde casa, a través de las ventanas, puedo contemplar el Moncayo, el puerto de Oncala, el de Piqueras, Cebollera, el monte de Portelárbol, el cerro de San Juan y demás estribaciones montañosas limítrofes. Y con sólo salir al corral puedo hacerlo de forma más panorámica, además de oír los sonidos de esa Naturaleza -niños gritando, pájaros trinando, ovejas balando, vacas mugiendo, caballos relinchando...-. Aquí yo soy el dueño de mi vida, sin otras voluntades que pudieran inducirme a desviarme de mi objetivo, que no es otro que sentirme protagonista de mi propia película, que yo titulo: Las aventuras de Epi el bucólico. Llevo casi 2 años rodándola, como director y protagonista principal, y espero que este film se convierta en una serie con muchos y muy productivos capítulos para mi y para mis semejantes con los que convivo”.

Aunque nos ha fascinado el relato de su infancia y adolescencia en el pueblo, hemos de resaltar el fino humor con el que relata su vida adulta y laboral, sus viajes por motivos de trabajo a Andalucía y Extremadura con su jefe en vehículos tipo R-5 a ciento ochenta kilómetros por hora.

Resumiendo, aunque no nos apetezca mucho, Nací. es una novela, descripción, o como cada cual quiera calificarla una vez pasados los ojos por sus páginas, de obligada lectura para los amantes del mundo rural, y para los que no lo sean. Es una hermosa forma de pasar el verano, leyendo sobre ese mundo, sobre personajes como Jacinta la Ciega, o sobre la locura de la vida en una gran ciudad.

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