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EL ESPINO

Publicación de VILLARRASO

 

Tenemos delante ocho ejemplares de la revista El Espino, correspondientes a diez años (de 1995 a 2005). Es para nosotras, que hemos dedicado parte de nuestra vida a recorrer las tierras sorianas, una sorpresa que un pueblo como Villarraso, con muy pocos habitantes, haya editado hasta la fecha once números de una revista. Se encarga de ello la Asociación “Aires de Villarraso”, la difusión es gratuita y, con buen sentido del humor, dicen que edita Gráficas Villarraso, yo que no debe ser broma del todo, ya que la edición es humilde, casi manual, y por ello mucho más interesante.

Comencemos diciendo que Villarraso pertenece, en lo administrativo, al ayuntamiento de Magaña. Está ubicado en plena sierra, en la del Almuerzo y, a buen seguro, que por el pueblo la nombrarán de otra forma, pues siempre los relieves, montañas y colinas, son particularizadas.

El río Alhama separa su término del de Suellacabras y con su agua movieron dos molinos, según nos indica Pascual Madoz en 1845, en su Diccionario. Allí también puede leerse que, por esas fechas, eran 28 los vecinos y 112 el número de almas, en lenguaje de la época. Pero debió ser este lugar más abundante en números de habitantes, en la Edad Media, o algún siglo más tarde, ya que existieron tres barrios: La Casa Vieja, El Cerro de las Casas y Los Corrales del Curato, despoblados desde hace ya mucho tiempo. En época de señoríos, Villarraso fue del marqués de Vadillo, quien también tenía la propiedad de algunas tierras para el pastoreo de su ganadería trashumante.

La historia contemporánea de Villarraso puede seguirse mediante la lectura de “El Espino”. Podemos saber a qué jugaban: churra, cachirulo, alpargatilla, jermela, semana, etc., gracias a Florentino Carrascosa Marín, quien también nos cuenta sobre “la cruz de los pobres”, turno y vez para atender a los pobres y albergarles en el pajar, hasta que se construyó la pobrera, y de las hogueras del 20 de enero, de pagos de piso y entradas a mozo. Y a Luisa López Casas hay que agradecer los recuerdos del Judas colgando el Jueves Santo, los lotes de leña que se daban a los vecinos, la fiesta de San Sebastián, el juego del CHE, la forma de elaborar las tortas dulces, los alcaiceros, la cenceña, el carboneo de la década de los años treinta…, pequeñas historias, formas de vida, que a Luisa le han contado Florencia Ruiz, Arsenia Marín, Consuelo Fernández, Eulogia Crespo y Evaristo Marín.

José Solano Montes igual nos muestra los alrededores de Villarraso que la lejanía de las estrellas. Y más Montes y Solano aparecen por las páginas de esta revista, publicación por la que podemos conocer datos de la iglesia de San Lorenzo Mártir, su parroquia, gótica, de la que se ocupara José María Martínez Frías en su “El gótico en Soria”.

A nosotras, este enclave nos fascinó cuando lo visitamos hace algunos años, tanto, que inspiró un relato titulado “En busca de madreselva”, que aparece reproducido en un número de la revista que comentamos, “El Espino”.

Nos ha encantado esta publicación, y prometemos hacer uso de ella, como siempre, citando la fuente, porque como digo Tagore: “Si bebes…”.

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Villarraso por Florentino Carrascosa Marín

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