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¿PARA QUÉ SIRVEN LOS CHARCOS?
Tomás Sánchez Santiago

Edita: Oeste ediciones. Colección Los libros del Oeste
Páginas: 196
SORIA 1999

Un libro que hay que leer

Peter Handke pasó unas semanas en Soria y en cuarto de hotel con ventana al Duero escribió su "Ensayo sobre las Jukebox" (Alianza Editorial). (Pocos en Soria lo han leído -y acaso con razón-. Pero casi todo el mundo lo sabe porque un día dicen que dijo que, allá donde esté, los lunes compra la prensa española para conocer el resultado del C.D. Numancia. Si fue verdad, dudo que lo siga siendo).

De Ramón Hernández sé decir pocas cosas distintas de las hermosas que, por boca de notables autores y críticos, recoge la solapa de su octava novela, "Fábula de la Ciudad": agria crónica de la descomposición del sistema social viejo de una capital de provincia castellana..., que es Soria. (Pocos aquí lo saben. Lo editó Alce. Y nadie hasta ahora ha sabido decirme qué motivo o qué clase de vínculos pudieron llevar a este autor a emplazar su obra en nuestra capital).

Josep María Espinás, cuyas crónicas de viajar a pie por tierras catalanas poseen expreso reconocimiento en la literatura en su idioma, decide ensanchar las fronteras de sus botas y recorrer Castilla para contarlo. Para empezar escoge Soria. Ya ha contado su viaje en "A peu per Castella" -edicións la Campana. 1999-. Un buen trabajo a sumar a los que transportan nuestros casos y cosas al espacio de la literatura.

En "Cuaderno del Duero" -Edilesa. 1999- el primer Julio Llamazares ha dicho algo de lo mucho que podía contar a partir de su ya larga costumbre de dejarse perder por nuestras lindes. (Algunas cosas más añadió cuando vino a decirnos por qué lo había escrito. Muchos guardamos un buen recuerdo de aquella tarde en la Gaya Nuño).

Tomás Sánchez Santiago tampoco es de Soria -nació en Zamora en 1957- ni vive aquí (mora en León). Pero estuvo un par de lustros viviendo, enseñando y - ahora lo hemos sabido- escribiendo a montacaballo entre El Burgo y San Esteban.

Estuvo viviendo intensamente: quienes tuvimos la suerte de toparnos con él por entonces lo advertimos apenas conocernos en el para siempre añorado figón de Rufino.

Estuvo enseñando intensamente: fue, es, de los que crearon "magisterio". He aquí una prueba: un día, no hace mucho, una de sus alumnas, hecha ahora fotógrafa de cierto nombre en tierras de Levante, edita un libro con sus trabajos y requiere la presencia lírica de su viejo maestro entre sus fotografías.

Estuvo escribiendo intensamente. Lo hemos sabido ahora, cuando al cabo de los años acaba de entregarnos este "Diario de un excedente", que constituye la primera parte del título total "¿Para qué sirven los charcos?" (Los libros del Oeste. 1999). Un diario hecho en el Burgo de Osma, "donde viví refugiado de todo durante once años; y a ese lugar, a sus gentes, a su curioso ensimismamiento cotidiano se dirige el grueso de las referencias".

No es el propósito de estas notas hacer la crítica de este libro, sino el más modesto de informar sobre su existencia a quienes en Soria se interesan por las cosas de la vida, del arte y de la cultura que todo es uno. (En esta misma revista ABANCO/COSAS DE SORIA y en su entorno de colaboradores hay quien pueda acometer la valoración crítica sin la mediatización de la amistad).

Pero no sólo no me resisto, sino que gustosamente accedo a trasladar aquí el comentario que, en carta de amigo, hice llegar al autor:

"Gracias por este texto, Tomás. Has escrito un trabajo; lleno de humanidad y exacto en el arte de contarlo. Acaso mi ser de allí me privilegie como lector, pero desde mi ventana puedo decirte que son las mejores hojas de hierba que han brotado de aquella tierra en mucho tiempo. Y que trasciende de aquella tierra para pulsar las cuerdas de lo universal humano. Y que además has hallado la forma precisa de contarlo: directamente al pecho con las palabras imprescindibles para afilar la flecha; y el lector rueda vulnerado por el suelo. Pero, encelado, se levanta y busca beber otro fragmento; apenas los labios en la fuente y nueva flecha, y nuevo revolcón; y nuevo levantarse, más ansioso, para seguir leyendo. De vez en cuando un descanso: una apreciación, un apunte, un fragmento sin historia, puro lírico. Y vuelta al manadero (que no a los charcos, pues la presencia de esta palabra en el título entiendo que abreva otras connotaciones).

Créetelo Tomás; nadie ha visto tan bien al hombre en mis paisanos como tú en esa galería de uxamenses con los que haces que nos vayamos encontrando".

"¿Para qué sirven los charcos?", el último libro de Tomás Sánchez Santiago; otro autor que, como todos los citados en el inicio de esta reseña, sin ser de aquí, entinta su pluma aquí. Y desde su mirada distinta nos redescubre.

Un libro que hay que leer

© Avelino Hernández

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