Sobre la parroquial de Taroda

Las creencias religiosas han tenido una importancia fundamental en la vida de los pueblos y se han manifestado a través de múltiples formas siendo importantes, entre otras, la creación de cofradías y la construcción de iglesias, ermitas, capillas o retablos. En realidad, son pocas las iglesias que se construyeron íntegras de nueva planta; era más habitual reformar o añadir según marcaban las circunstancias y necesidades técnicas, económicas o demográficas.

En este trabajo me voy a referir a las transformaciones y ampliación de la iglesia de Taroda y a la transcendencia que la devoción al Santísimo Cristo del Amparo tuvo tanto en la creación de una cofradía con  su nombre como en financiación de obras y objetos litúrgicos.

La parroquia de Taroda ha pertenecido tradicionalmente a la diócesis de Sigüenza hasta la adjudicación reciente de todas las parroquias de la provincia a la diócesis de Osma-Soria.

La vinculación de Taroda, como tantos otros pueblos, al obispado de Sigüenza hay que enmarcarla en los aconteceres medievales. Durante los siglos X y XI las tierras del sureste provincial fueron escenario de las luchas entre cristianos y musulmanes, quienes tenían en Medinaceli la capital de la Frontera Media. Al mismo tiempo los reyes cristianos intentaban recuperar el territorio y asentar su autoridad; los intereses enfrentados de los Reyes de Castilla y de Aragón convirtieron a nuestro territorio durante la Baja Edad Media en la Raya o tierra fronteriza entre los reinos castellanos, aragoneses y navarros y las mismas disputas se produjeron entre las recién refundadas diócesis de Osma, Sigüenza y Tarazona. Muchas tierras del término de Taroda fueron adjudicadas al recién fundado monasterio de Santa María de Huerta y su parroquia quedó adscrita al obispado de Sigüenza.

En estos momentos de inestabilidad política y repoblación de territorios se construyeron en la mayoría de los pueblos torres, castillos o atalayas defensivas y, al mismo tiempo, pequeñas iglesias rurales, las cuales  sirvieron, en muchos casos, para reunión de los vecinos en concejo. En este contexto deben situarse las escasísimas huellas de una fortificación a las que en Taroda se les conoce por el topónimo “El Castillo” y la construcción de una primera iglesia en estilo románico.

Las formas y el estilo de la actual iglesia de Taroda nada tienen que ver con la humildad de las iglesias rurales medievales. Es un edificio de grandes proporciones,  planta de cruz latina, con testeros planos, muros de mampostería o calicanto y sillares de piedra caliza en las esquinas y alero; de líneas rectas y sobrias en su exterior, sorprende la presencia de tres chapiteles-linterna en la cubierta del crucero, lo que le proporciona cierto dinamismo y perfil inconfundible. Sin embargo, quedan algunos restos románicos que nos permiten reconstruir este pasado medieval. A este estilo pertenecen la pila bautismal, un lienzo de la pared meridional de la iglesia, y los contrafuertes y cimientos de una  torre que se derrumbó a finales del s. XIX.

Es frecuente en otros templos que la cabecera sea la parte más antigua y que a partir de ella se vayan incorporando capillas, alargando naves, etc. En nuestro caso, la parte de los pies, en concreto el ángulo sudoccidental es la parte originaria de una iglesia que tendría una sola nave, poco elevada, con la cabecera orientada a levante y el lado del poniente ocupado por una pared muy gruesa, con pocos vanos, que a la vez sirve de torre campanario; es un tipo de fachada muy sólida, con cierto aspecto de fortaleza y rematada por un cuerpo de campanas, que es muy frecuente en muchas iglesias románicas sorianas.

Confirman esta hipótesis la hilera de ménsulas y canecillos muy desgastados y mal conservados pero típicamente románicos, que recorre a media altura el muro Sur de la iglesia,  y que formarían parte del alero del tejado. En el centro del muro hay dos estribos entre los cuales se construyó más tarde, en el s. XVIII, la puerta de entrada al templo, precedida de un pórtico que, en parte, oculta y esconde los estribos y canecillos románicos.

Este lienzo del muro está en contacto con uno de los gruesos contrafuertes que, a cada lado de la pared del poniente, sustentarían la torre. La altura de los contrafuertes coincide con la línea de los canecillos de modo que la espadaña o el cuerpo de campanas sobresaldría por encima del tejado. La torre se mantuvo muy sólida hasta bien entrado el siglo XIX cuando la solidez se resquebrajó debido, sin duda, a las importantes obras que, como veremos más adelante, se efectuaron anteriormente en el cuerpo de la iglesia . Por los libros de cuentas de la parroquial de Taroda que se conservan en el Archivo Diocesano de Osma podemos reconstruir el cuerpo superior de la torre; tendría una campana grande y otra mediana y, sobre ellas, una espadaña para el campanillo (1) “En 1763 se pagaron 143 reales del yugo de la campana mayor, componer la campana mediana y el campanillo, y en 1768 el coste de la espadaña para el campanilla fue de 96 reales, en 1793 se gastaron 1257reales en fundir la campana mayor con nueve arrobas de metal”. En 1880 se recogen las  cuentas y el costo de hacer la pared por el hundimiento de la torre; ya antes en 1877 se bajaron las campanas de la torre por amenazar ruina y se colocaron en un enmaredado (2). La torre no se ha vuelto a construir, las campanas se han colocado bajo los canecillos románicos a la izquierda de la puerta de entrada y sólo un campanillo en una escueta espadaña nos recuerda el lugar donde estuvo la torre, además de los gruesos cimientos y los dos potentes contrafuertes esquinados que enmarcaban, y enmarcan, la pared del poniente y que siguen en pie.

No tenemos documentos ni restos que atestigüen cuándo fue demolido el edificio románico, ni si hubo capillas u otras construcciones góticas, pero cabe suponer que, como en otras muchas iglesias, durante los siglos XV y XVI se produjeran numerosas transformaciones en el edificio de la iglesia.

Siguiendo un orden cronológico, otro resto arquitectónico importante que nos queda es una portada-fachada plateresca que, situada también en la cara del poniente, no se encuentra adosada a la pared de la iglesia, sino separada de la misma por tres o cuatro metros. La portada, con el vano de la puerta cegado, sirve de fondo y pared al antiguo camposanto, adosado al lado norte de la iglesia y el acceso al mismo se hace por otra puerta.

La presencia de esta portada siempre ha sido un enigma. Puerta,  ¿para entrar a dónde?, no entendíamos que la puerta tuviera un nivel de acceso mucho más bajo que el cementerio posterior, y, sobre todo, cómo era posible construir una puerta monumental para un fin tan humilde. A los lados de la portada, un muro cortado irregularmente hacía presagiar que aquello era resto de otra construcción desaparecida. Su estilo arquitectónico responde al modelo de portada del siglo XVI, de formas renacentistas con reminiscencias italianas. La puerta tiene forma de arco de medio punto, con salmeres horizontales, cuatro grandes dovelas trapezoidales y clave central. Enmarcando el arco, y a modo de alfiz, se encuentra una estructura de formas geométricas, con un hornacina en el centro.

En conjunto, la organización de la portada es muy sobria y armónica. Esta portada podría considerarse dentro del ámbito de la escuela renacentista toledana. El foco artístico del Renacimiento toledano se desarrolla en tierras tuteladas por los Mendoza, en la región de Guadalajara y en diócesis como la de Sigüenza, relacionada con la mitra toledana y a la que pertenecía la parroquia de Taroda  (3).

En el Archivo Diocesano del Burgo de Osma, hemos encontrado un documento que, al fin, da respuesta a nuestra pregunta: Puerta ¿para qué? (4).

El libro inventario de cuentas entre 1750 y 1878,  recoge el informe del Visitador del Obispo de Sigüenza el 24 de Enero de 1758, en el que se puede leer, como ampliación a la nota del margen “Que se haga una puerta principal”, lo siguiente: “Y habiendo experimentado en el tiempo de esta visita la suma frialdad que ... (había) en esta Iglesia por hallarse con su puerta principal abierta al Norte de tal suerte que por esta razón y en días fríos con dificultad se puede celebrar el Sacrificio de la Misa, a no ser ayudándose con algún poco de fuego que es preciso llevar al Altar, y por este medio hallarse expuesto a incurrir en irreverencia grave al Augusto Sacramento, además de lo que en los fieles oyentes tiene de incomodidad ... y que en la Iglesia asistirán a no ser por esta circunstancia de tan grave frialdad, por tanto y para remediarla manda ... y da comisión al Cura para que proceda a abrir otra nueva Puerta en esta Iglesia por la parte que mira al medio día y entre los dos estribos que se hallan... lo que así ejecute Gregorio la Sierra Maestro que al fin de delinear y trazar la portada su merced ha llamado y convocado, y conforme al diseño hecho o como mejor al tiempo de su ejecución le parezca ... no siendo tan nuevo este Mandato que como su merced también ha reconocido debe de tener origen desde la Visita que celebró en esta Parroquial el Maestro Laina Paramillo por los años de 1580"

Esta minuciosa descripción nos permite entender el sentido de la portada. La puerta daría paso a un atrio o patio descubierto, a través del cual se accedería a la puerta principal de la iglesia, en el lado Norte del edificio. A este patio o atrio también se hacía referencia en las cuentas del libro de la parroquia de 1673 en las que el cura párroco, Francisco Ruiz García, anota “350 reales de gastos de hacer la puerta del atrio y del cargadero, y de hacer la puerta de la iglesia, sentar cerradura y hacer los bancos”.

El visitador del Obispo de Sigüenza manda hacer una puerta principal nueva en el lado Sur, más soleada, para evitar la gran frialdad de la iglesia. El trabajo se encarga a Gregorio Sierra, hombre de confianza que ha realizado otras obras en el Obispado de Sigüenza y que cumplió rápidamente el mandato, pues en las cuentas del año siguiente, 1759, ya se reflejan los gastos del pórtico en materiales, jornales y puerta nueva.

Al abrirse una nueva puerta quedó inhabilitada la puerta norte y, por tanto, también se inutilizó la puerta de entrada al atrio; este espacio pasó a ser el nuevo camposanto de la parroquia, teniendo en cuenta que, como veremos más adelante, sobre el antiguo camposanto, situado a saliente, se acababa de construir una nueva capilla mayor. 

De la puerta norte no quedan hoy vestigios porque a lo largo del siglo XVIII se hicieron otras obras en la iglesia parroquial y, en 1822, se construyó en ese lado un granero,   por lo que la portada renacentista quedó sin nexo ni relación con el edificio de la iglesia.

 Muchas iglesias de la diócesis de Sigüenza presentan una cabecera del siglo XVI y posteriormente van alargando y ampliando la iglesia por el cuerpo principal y por los pies; pero otras veces ocurre lo contrario, que a una iglesia del XVI se le añade una cabecera en el XVIII. La iglesia de Taroda pertenece a este segundo grupo, realizándose importantes obras de ampliación de la iglesia por la cabecera , más fácil de derribar que la sólida pared de los pies.

Es probable que durante el s. XVII se hiciera una capilla en honor al Sto. Cristo del Amparo en el lado sur,  junto a la cabecera, pero es en el s. XVIII cuando la iglesia de Taroda adquiere la forma y dimensiones actuales. Todo el edificio presenta una uniformidad de estilo, dentro de un Barroco moderado o clasicista, lo cual es resultado de las sucesivas obras que se realizaron en un periodo de tiempo relativamente corto, de apenas cincuenta años. 

José Antonio Marco Martínez nos ha proporcionado varios documentos del Archivo Diocesano de Sigüenza en los que se relacionan cinco actuaciones arquitectónicas distintas durante el siglo XVIII.

En la primera actuación de septiembre de 1748 se solicita al cabildo de Sigüenza licencia para hacer una capilla mayorde la que se haya con grave necesidad, para su mayor adorno y decencia”. En las condiciones se establece añadir “planta cuadra de 24 pies fuera de la iglesia e incorporada a la misma capilla mayor que hoy tiene”; habría que demoler la pared de la cabecera para añadir una capilla mayor cuadrada de 24 pies de lado, y el maestro Ildefonso Martínez propone cubrirla con bóveda de arista en material de ladrillo o toba, por un importe de 10.000 reales. Sin embargo, Juan Manuel de Cuadra, maestro revisor del proyecto, propone que se cubra interiormente con una media naranja sobre pechinas y arcos torales para mayor lucimiento y seguridad, aunque con un mayor coste; al exterior estará cubierta con una estructura de madera sobre la que se coloca el tejado. Tras dos años de discusiones Ildefonso Martínez será el maestro que realice los trabajos siguiendo el proyecto y traza de M. Cuadra y añadiendo además una media capilla para reforzar la seguridad de la media naranja “Media capilla o presbiterio, de salida por la parte exterior de 15 pies”; esta capilla además de tener un efecto estético “le ha dado el ser a la obra” prolongando el espacio interior de la iglesia. La luz entraría por una ventana hecha en la pared del mediodía. Y todo valorado en 10.500 reales (5). Para esta obra se abonan 5.000 reales al maestro de los fondos de la iglesia en 1750.

Como hemos dicho, en estos años se produce la apertura de la puerta principal de la iglesia en el muro sur y se cierra la puerta norte, pasando el atrio a desempeñar la función de camposanto que antes estaba situado en el lugar en el que se ha hecho la capilla mayor.

En la supervisión de las obras se apunta que lo que le falta a la obra es blanquear la capilla, embaldosarla, hacer el altar principal y “colocar el retablo en su puesto”, pero, en lugar de poner el retablo antiguo, se manda hacer un retablo nuevo

En 1752 se pagan a Ignacio Ibáñez 6.800 reales de “hechuras” del retablo mayor y en 1765 a Juan de Lanzuela otros 12.000 reales por el dorado del retablo (6). En la financiación de este retablo mayor, que es el que se encuentra actualmente en la cabecera de la iglesia de Taroda, se cuenta con una aportación de 4.500 reales que presta a la iglesia la cofradía del Santísimo Cristo del Amparo (7).


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Grabado del Cristo del Amparo de la iglesia parroquial de Taroda

Los caudales de la cofradía del Santísimo Cristo del Amparo debían ser abundantes porque, una vez hecha la capilla mayor y el retablo correspondiente, se acometió la segunda obra importante en el templo: Reconstrucción de la capilla del Santísimo Cristo del Amparo.

La devoción al Santo Cristo del Amparo, a quien se atribuye poderes milagrosos, es tan grande que las limosnas se anotan en un libro específico de Caudales del Santo Cristo, y en 1727 se fundó una nueva cofradía de los Esclavos del Santo Cristo del Amparo por “la fervorosa y ardiente devoción a la milagrosa imagen del Sto. Xristo”(8).

Por los documentos del Archivo de Sigüenza conocemos que había una antigua capilla que estaba cubierta con tejado de hoja de lata y cuyo retablo estaba en mal estado. No sabemos cuando se realizó esta capilla situada en el muro sur de la iglesia junto a la primitiva cabecera, ni cuando comenzó el culto al Sto Cristo, pero cabe pensar que se correspondan con la religiosidad del Barroco del s. XVII.

En un documento de 15 de marzo de 1771 el mayordomo de la cofradía dice que “en dicha capilla del Santísimo Cristo del Amparo se ha reconocido que el chapitel que tiene guarnecido con latas muchas ojas de ella se han levantado con cuio motivo y la continuación de las aguas se ha reconocido que las maderas están podridas de tal modo que se hace forzoso desazerlo todo y llegado este caso para que tenga maior permanencia y hermosura será más util y de más seguridad levantar las paredes un poco haciendo en medio una linterna y al remate de esta un chapitel pequeñito y hecho su texado estará más airoso.... y por dentro de la capilla unos recuadros con sus golpes de talla de moda, todo de yeso, para que con uno y otro se logre toda hermosura con lo cual y siendo los caudales que tiene la expresada capilla bastantes se logrará que los fieles continúen en las limosnas....”. La traza y condiciones son de Juan Antonio Díez, revisadas por Francisco Javier Delgado quien propone algunas modificaciones porque “se ha reconocido que la obra era de muy poco lucimiento dejando la media naranja que hoy tiene pues su livante (altura) tan poco que la capilla mayor le quita toda la vista y además era una gotera continuada.... se ha tenido por conveniente derribar la media naranja y hacer otra mucho más airosa, levantar las paredes ocho o nueve pies.... los vecinos han ofrecido la conducción de todos los materiales....”. Por el interior “en las pechinas se pintarán los evangelistas, la linterna ha de ser ochavada con cuatro ventanas con sus redes y vidrieras, su fábrica de ladrillo y su remate con cruz y bola de azofar”. La obra se contrata con los hermanos de Medinaceli Juan José López y Manuel Martínez con un coste de 3.500 reales de manos y 1.174 de materiales (9). Es importante hacer notar que las paredes de la capilla se levantan nueve o diez pies, lo que ocasionará futuras consecuencias.

Para esta capilla recién reformada se encarga un nuevo retablo, que fue realizado en 1777 por Francisco Torres, vecino de Calatayud por 6.000 reales.

La afluencia de devotos debía ser importante y también la de limosnas y caudales, pues inmediatamente se decide emprender la tercera obra importante en el templo: Construcción de dos capillas en los laterales de la capilla mayor, haciendo de crucero. La iglesia adquiere así el diseño de planta de cruz al que solía aspirar todo el pueblo.

En noviembre de 1776 el mayordomo de la iglesia parroquial alega como justificación del permiso para hacer la obra que: “la iglesia es bastante reducida y los feligreses están yncomodados en las funciones parroquiales a causa de no haber mas de una misa.. y para que estén en ellas con la comodidad posible tiene dispuesto el cura párroco.... executar dos medias capillas en el cuerpo de la citada iglesia.... y tratado su coste con maestros ynteligentes de albañilería y le informan será su coste como 200 ducados más o menos, para lo que se halla con los caudales de 140 fanegas de trigo, 22 de cebada y como 2.000 rs. de mrs. estando como está surtida de lo necesario así para su culto como lo demás..”(10).

En las condiciones se establece que “en los dos costados de la capilla mayor se han de ejecutar dos capillas que hagan de crucero....Y se ha de abrir un arco para comunicar desde la capilla nueva a la del Santísimo Cristo.... Y en la capilla del lado evangelio se dejará echo otro arco correspondiente a la del Cristo para dar comunicación a la capilla del Ecceomo, la que se hará cuando la iglesia tenga caudales por hallarse hoy muy baja, y no poder dale hoy la comunicación como a la del Santísimo Cristo”.

Los mismos maestros que habían reconstruido la capilla del Santísimo Cristo del Amparo, Juan José López y Manuel Martínez, harán las nuevas dos capillas por 5.844 reales.

Pronto los fondos y caudales de la parroquia se recuperan porque las obras no paran y dos años más tarde comienza la petición de permisos para “fabricar una capilla colateral dedicada a Nuestra Señora del Rosario en la otra parte y frente a la del Santo Cristo del Amparo para su mayor adorno y decencia”. Las condiciones, de Antonio Soriano maestro de obras de Medina, inciden en que ha de hacer simetría con la del Santo Cristo (ha de llevar linterna y chapitel y el interior media naranja con adornos de yesería). El presupuesto es de 9.000 reales. La revisa D. Juan Manuel de Cuadra quien da su visto bueno en 1786 e indica que es simétrica con la del Santo Cristo del Amparo “en buque, altura y adornos”. Además al maestro Antonio Soriano se le abonan 1.720 reales de otras obras menores como retejo general, suelo del campanario, tabiques en la tribuna y subida a la torre, etc. Los caudales se pagan con los fondos de la iglesia y si fuera necesario con los del Santo Cristo, abonándose en cuenta (11).

Sin embargo, aun faltaba por hacer la obra de mayor envergadura: Elevación de los muros de la capilla mayor y del cuerpo de la iglesia. Para este plan tan ambicioso había que desmontar toda la armadura y bovedaje de la iglesia anterior y sustituirla por nuevas bóvedas, media naranja y cubiertas.

            En septiembre de 1794 se solicitan las obras alegando que “en la iglesia parroquial del lugar de Taroda se construyeron dos capillas y levantaron las cumbres más de lo que estaba la mayor por cuyo motivo se vierten las aguas sobre el tejado de ella e introducen en dicha iglesia penetrando las paredes y arcos causandola grave daño, y si no se pone el debido remedio llegaría el caso de su ruina, en cuya atención y a la de hallarse con el caudal de 9.000 reales y 200 fanegas de trigo, surtida de lo necesario y que ha de hacerse la obra levantando el cuerpo de iglesia....”. Ante tan ingente obra se pide al cura que certifique los caudales de la iglesia, que eran los siguientes: “certifico que los caudales existentes en esta iglesia consisten en 9.341 reales.... , en 200 fanegas de trigo y 30 de cebada y más de esto tiene la capilla del Santo Cristo del Amparo 15.233 reales que unidas las dos cantidades componen 24.574 reales”. La traza y condiciones de obra fueron propuestas por Domingo Romeropor hallarse el cuerpo de la iglesia mucho más bajo que las dos capillas colaterales del Santísimo Cristo y de Nuestra Señora y la capilla mayor; por cuyo motivo y de no tener salida las aguas movedizas, es una continua gotera con mucho detrimento de la carpintería, bóvedas y paredes, y para su remedio se ha de levantar el dicho cuerpo de la iglesia.... Se hace necesario desmontar la carpintería y bóvedas del cuerpo de la iglesia.., se ha de desmontar la carpintería de la capilla mayor...  construir de nuevo la media naranja... con materiales ligeros como ladrillo o toba y con yeso en el interior... de los mismos materiales serán las cuatro bóvedas de arista que cubrirán el cuerpo de la iglesia”.

Por otras condiciones sabemos que el cuerpo de la iglesia ya estaba decorado con pilastras y una cornisa corrida, a modo de entablamento, en el arranque de las bóvedas: “Todas las pilastras y paredes a el nivel de el arranque de los arcos se ha de correr el cornisamento repartiendo con arreglo a el arte todos sus miembros así en los basamentos como en los capiteles arquitrabe, friso y cornisa, todo de albañilería bien recortada y de orden toscano”. También se ha de demoler el coro y volverlo a ejecutar para que quede a mayor altura, en buena proporción con la nave principal. La obra la reconoce Pedro Baraya y especifica que las dos capillas con el cabecero componen en crucero perfecto y que la elevación ha sido de 10 pies en todo el edificio. El total de la obra son 28.400 reales y el artífice fue el maestro de Almazán Ramón Sierra. Buena parte de la obra fue costeada con los fondos de la Capilla del Sto Cristo , ala que durante varios años se le pagan anualmente 1300reales “por lo que suplió a la iglesia cuando la obra” (12).

La magnitud de la obra efectuada debió afectar, sin duda, al sistema de empujes y presiones del edificio. Aunque las bóvedas se construyeron con materiales ligeros y las cubiertas de madera estaban minuciosamente descritas (cajas cadenas, cuadrales, limas, vigas, maderos, clavazones, etc.), el hecho es que levantar diez pies las paredes de casi todo el perímetro de la iglesia, mermó su seguridad, porque pocos años más tarde comienzan a aparecer en los libros de cuentas reparaciones importantes de la cubierta de la iglesia. En 1824 se pagaron “1.959 reales para la compra de materiales para componer por extrema necesidad las bóvedas de la iglesia, las construcción de la garita de la torre y reparar tejados” y diez años más tarde hay que “desmontar más de la mitad de los tejados de la iglesia por amenazar ruina”, de nuevo en 1836 se pagan 1.605 reales para “retejo de las tres capillas que se encuentran arruinadas” y en 1877 se compran tres maderas grandes para apear la iglesia, se bajan las campanas de la torre por amenazar ruina y como ya hemos dicho, en 1880 se acometerá la última gran obra de la iglesia, esta vez por imperiosa necesidad y es “reparar la pared de la iglesia destruida por el hundimiento de la torre” (13).

La importancia de las obras llevadas a cabo en la parroquia de Taroda durante el siglo XVIII nos hace preguntarnos por la financiación de las mismas. Como escribe Juan Antonio Marco uno de los innumerables asuntos abordados por el concilio de Trento fue el del mantenimiento de los edificios eclesiásticos que no tenían medios económicos. Se determinó que los trabajos de mantenimiento y reparos o ampliaciones necesarias de iglesias que no tuvieran recursos debían ser sufragados por los “interesados” en la cilla común; es decir, los preceptores de los diezmos de cada parroquia. En la diócesis de Sigüenza fue el 1621 cuando por primera vez se aplicó esta normativa y abrió el camino a multitud de obras en templos del obispado que hasta entonces no se habían podido renovar por falta de medios económicos. Si el Barroco dejó tantas muestras en los ámbitos más pobres y lejanos fue, en buena medida, gracias a esta normativa, que se aplicó sistemáticamente hasta que en el siglo XIX se debilita primero y desaparece después el sistema de pago de diezmos (14).

En el caso de Taroda hay que añadir las saneadas cuentas de algunas cofradías como la del Santo Cristo del Amparo, cuya devoción produjo a través de las limosnas abultados beneficios para adquirir objetos de culto y, sobre todo, financiar retablos, capillas y obras. La importante transformación de la iglesia parroquial de Taroda no puede entenderse sin su vinculación con la devoción popular al Sto. Cristo del Amparo.

De este modo hemos tratado de explicar y de hacer entender por qué en la iglesia de Taroda no están las campanas en una torre campanario o por qué una importante fachada renacentista sirve de muro al camposanto o cómo un pueblo que, según el catastro del Marqués de la Ensenada, tenía aproximadamente 300 habitantes pudo levantar esta majestuosa iglesia.

 

 Notas bibliográficas

1.-  Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.

2.-  Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.

3.-   Chueca Goitia, Fernando. Arquitectura del siglo XVI. Volumen XI. Historia Universal del Arte Hispánico. ARS HISPANIAE. Ed. Plus Ultra. Madrid, 1953.

4.-  Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.

5.-   Libro de Asuntos Civiles, año 1748, Taroda. Archivo Diocesano de Sigüenza.

6.-  Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.

7.-   Libro de la Cofradía de los Esclavos del Santísimo Cristo del Amparo, 1727-1821. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/19.

8.-   Libro de la Cofradía de los Esclavos del Santísimo Cristo del Amparo, 1727-1821. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/19.

9.-   Libro de Asuntos Civiles, año 1771, Taroda. Archivo Diocesano de Sigüenza.

10.-   Libro de Asuntos Civiles, año 1777, Taroda. Archivo Diocesano de Sigüenza.

11.-   Libro de Asuntos Civiles, año 1786, Taroda. Archivo Diocesano de Sigüenza.

12.-   Libro de Asuntos Civiles, año 1794, Taroda. Archivo Diocesano de Sigüenza.

13.- Libro de Carta-Cuenta e Inventario de la Parroquial de Taroda, 1750-1878. Archivo Diocesano. Burgo de Osma, 447/25.

14.- Marco Martínez, Juan Antonio. El Retablo Barroco en el Antiguo Obispado de Sigüenza. Diputación Provincial de Guadalajara, 1997.

© Carmen Sancho de Francisco
(Doctora en Geografía)

Carmen Sancho de Francisco, en nuestra web

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