Luis Isidoro Sáenz Sáenz

Escultor

 

 

Hierro Forjado

Septiembre 2016

Espacio de Arte Monreal

 

Función y Forma

Hierro Forjado

 

Quienes somos amigos de Isidoro, le hemos visto durante años doblegar el hierro en su taller-fragua de Oteruelos, y hemos compartido sus magníficas paellas con su mujer valenciana, Amparo, nos sentimos agradecidos al Ayuntamiento de Soria por la reciente exposición en el Centro Cultural de la Audiencia, que mostró alrededor de veinte esculturas del riojano, afincado en Soria, Isidoro Sáenz.

 En un rincón, un vídeo muestra al artesano en su taller convirtiendo trozos de hierro -en principio nada más tosco- en obras de verdadero arte. Con “un hierro ya domado”, esa rudeza se va convirtiendo, con gran esfuerzo, en dibujos, en ramas que simulan movidas por el viento, en pesados árboles imposibles, y en todo aquello que al escultor, al domador de la tosquedad y la rudeza, le pasa por su sensibilidad. 

Nueve premios avalan la trayectoria de Isidoro, obras en zonas públicas, intervenciones en la naturaleza y distintas colaboraciones. Todo ello puede verse en un elegante catálogo editado por el Ayuntamiento, en el que también han colaborado el fotógrafo Mario Tejedor y Javier Cardona, y que cuenta con textos del escultor José Manuel Ramos, Pep Buigues y Jesús Barez

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El hierro es origen

Es rotundidad, transformación; estructuras, puentes, raíles de comunicación; es revolución.

Siendo éste el material base escogido para sus esculturas, Isidoro Sáenz tomando el testigo de grandes artistas afamados transformadores del hierro, abre una puerta a la materia como elemento expresivo de los más recónditos planteamientos internos del artista. En éstos, no adquiere una preponderancia el formalismo como búsqueda de la estética, Styling, ni el funcionalismo como ente supeditado a la necesidad, Bauhaus; su obra adquiere un valor por su significado y simbolismo global, debe ser comunicada, situada en el contexto expresivo del momento, arraigada a una tradición que arrastra pero que en ningún momento le lastra.

Ha pasado mucho tiempo desde que el arte del hierro fuera considerado un arte menor, una consideración producto del encasillamiento industrial del material, artistas como Brancusi, Picasso y Pablo Gargallo consiguieron ennoblecer al hierro incorporándolo al arte de vanguardia rescatando así su primigenio sentido donde la decoración y el arte andaban de la mano con su uso tecnológico. Con estos antecedentes, nos encontramos en Isidoro Sáenz, un Maestro artesano, un Artista que hace de su trabajo manual un referente que permanece en la memoria del cuerpo mucho más que el concepto virtual del proceso creativo.

Los claro-oscuros armónicos, las luces y sombras de sus esculturas, producto del sentido del vacío, de las formas matéricas escrupulosamente meditadas que se entrecruzan nos transportan a un universo paralelo, la quintaesencia de la naturaleza.

Se necesita una simbiosis como la que mantiene el artista con la materia para comunicar como lo hace Isidoro, su obra trasciende al material, lo hace propagador de su yo interior, sus formas plásticas perfectamente elaboradas son producto de la más concienzuda y meditada reflexión.

Nada queda al azar “es imprescindible saber hacer para poder deshacer”, su destreza y capacidad manual le permite dar a su obra ese toque rotundo y ancestral que trasmiten los anclajes forjados como elemento estético de unión y a la vez sencillo y sutil que tan bien funciona en la plasticidad y la esencia de su producción artística. Un hierro pide otro hierro, un anclaje otro anclaje y así hasta que la silueta abraza el espacio desde las más profundas raíces de la tierra.

Tocar su obra, sentir lo que él ha sentido en el proceso creativo y no solamente contemplar nos acerca más al alma del artista, al recorrido espiritual que acompaña al proceso creativo, esa fusión de cuerpo y alma reflejado en un impulso capaz de verse en las formas tangibles proyectadas con las calidades más sinuosas y expresivas.

Es imposible imaginarse a Isidoro contemplando el fuego de la forja, el contorneo de las llamas, el crepitar del hierro retorciéndose en su interior y no extasiarse de puro placer, el sentido de la vida, de la creación está intrínsecamente ligado con su obra. Dejar la mente limpia, carente de cualquier connotación predeterminada y adentrarse en las realizaciones del artista nos trasportará a su universo interior, fuerte, sencillo y pleno.
José Manuel Ramos. Escultor

Vertical, recto, curvo
retorcido
vibrante
Remachado
para obligar el metal
a su elegancia
artesana.

La manipulación de la materia
es el comienzo
El movimiento se ha disparado,
se han conectado
unas manos humanas
se han estrechado
con un pacto.

Anclaje a un paisaje,
en este caso,
el paisaje de lo matérico
que se palpa. El movimiento
constante de la naturaleza.

Observando
las piezas de Isidoro Sáenz
el lirismo de sus hierros
esconde el esfuerzo de su autor
y son ellas mismas – arte ya
que vibran estáticas.
Pep Buigues

EL MEDIO ES EL MENSAJE
Si, aplicada al lenguaje en general, sigue siendo válida la tesis de Mc Luhan -“el medio es el mensaje”-, cuando trasladamos ese principio al lenguaje escultórico, se aprecia aún más la validez del mismo: Cada material, sea piedra, cerámica, madera, bronce, hierro…, transmite una vibración específica que configura de manera decisiva el valor y el sentido de la forma que en él se expresa.

El hierro nos habla de un laborioso proceso de transformación: De cómo el hombre lo extrajo de las rocas y llegó a su corazón a través del fuego. De cómo, sólo a golpe de otro hierro ya domado – martillo, yunque, cincel-, el hierro aún salvaje se doblega y obedece, al fin, al sutil mandato de la mente y de la idea.

A diferencia de otros materiales, que aparecen ya dotados de ciertas formas como resultado del azar o de su propia estructura o que, como afirmaba el genial Miguel Ángel, parecen llevar configurada en su interior la escultura que, tan sólo desbastando, el escultor ayuda a dar a luz, en el hierro nada parece haber sido producido por la casualidad o el capricho de la naturaleza. De manera que en la forma estable que el hierro muestra permanece inscrita la voluntad de dominio, la intencionalidad transformadora- sea funcional o estética- del artesano o del artista.

Una humilde herradura, aún ya desgastada por el uso y el tiempo, sigue mostrando la tensión originaria que le dotó de esa forzada curvatura. Tal vez por eso sea el hierro el “medio” en el que se expresa de manera más pura- desnuda- la subjetividad del artista. Por eso, también, para que el hierro traslade con fidelidad y de manera nítida la intuición luminosa, la emoción vibrante del poeta –escultor, es necesario haberse adentrado en su alma mineral; haber explorado sus posibilidades expresivas, analizando paso a paso su nada fácil gramática.

Desde el interior de estos hierros, enervando estas estructuras, dando vida a estas formas, haciéndolas unas consigo, Isidoro Sáenz está construyendo en el aire estos bellos poemas metálicos.

Un reto inacabable- casi prometéico- que sólo el amor y la búsqueda de la belleza otorgan la fuerza de afrontar.
Jesús Bárez

 

Luis Isidoro Sáenz

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