Osma

   Remedios caseros y Tradiciones en Osma

por Isabel Goig

Hace unos años, con motivo de la recogida de datos para el libro "Remedios caseros y otras magias...", estuve hablando con la señora Isabel Izquierdo, con Carmen Somolinos y Juanita del Burgo. Ellas tres, junto a una fuente donde ponía "agua clorada", estuvieron recordando como, desde siempre, se han utilizado las hierbas para curar enfermedades. Cuando hablo o escribo sobre las curaciones con hierbas recuerdo lo que nos sucedió en una localidad de Tierras Altas; estábamos hablando con un señor muy mayor, de la quinta de la señora Isabel; el hombre nos estaba explicando las bondades del marrubio para evitar las retenciones de orina; aparecieron por allí un grupo de hombres de mediana edad que se burlaron del hombre con toda tranquilidad; demostraron, además de una tremenda falta de educación, una gran ignorancia, pues hace muchos años que todo el mundo sabe que las medicinas, eso que nos recetan los médicos y adquirimos en las farmacias, se obtienen, precisamente, de las plantas, de los árboles y de los minerales. Para llegar a la obtención y síntesis de los principios activos de ese mundo vegetal y mineral, antes, desde que la vida animal apareció en la tierra, tanto los irracionales como los racionales se valieron exclusivamente de la observación y acertaron, poniendo las bases de lo que sería la sofisticada Farmacopea que ahora nos asiste y cura.

Yo no me reí nada cuando hace unos años, Isabel, Carmen y Juanita me decían que en sus tiempos, para la "mala gana", dolor de barriga y malas digestiones, tomaban infusión de té de risco, porque esa hierba, junto con la manzanilla amarga, se toma, no ya en toda la provincia, si no en todas partes donde aparece por el monte. Los dolores de cabeza los mitigaba Isabel con espliego, cuya esencia se usa en perfumería para la elaboración de aceites y, las flores, colocadas dentro de los armarios ahuyentan los insectos; el espliego, dicen los botánicos que modera la irritabilidad, tiene efectos balsámicos y antisépticos en las afecciones del aparato respitarorio y, aplicado externamente calma los dolores reumáticos, entre otras aplicaciones. Los catarros se aliviaban con infusiones de malva y vapores de eucalipto (ahora el Vicks Vaporub). Para las infecciones de boca se usaba el saúco.

Me voy a detener un poco en las propiedades de este arbusto o planta arbórea, tan abundante en toda la provincia de Soria, y que también disfrutáis en Osma, así, cuando paséis por delante de alguno lo veréis con otros ojos y recordaréis lo que os conté de él. En algunos lugares de Alemania cuando pasan por delante de uno se quitan el sombrero. Hay dos tipos, uno es conocido como yezgo, y es tóxico. Hablamos del que echa unos frutos primero rojizo y luego negro-violáceos, que les gustan mucho a los pájaros. Su hábitat preferido es el que tenéis vosotros aquí en Osma: huertos húmedos, fondo de los valles, orillas de los riachuelos, en los ribazos y setos y en lugares con abundante humus. En Cataluña se le llama el árbol bueno.

Es antiinflamatorio, cura los refriados y gripes, es diurético, sudorífico, depurativo, purgante y antirreumático. Las flores las consumen en algunos lugares de Cantabria como verdura, cocidas, rebozadas o simplemente fritas y con los frutos hacen confitura. Sirve para el ramo de San Juan que se colocaba a las mozas en las puertas y ventanas, rito que en Osma hacíais (no sé si lo seguis haciendo). Se considera un acto sacrílego, en Asturias, quemar madera de este árbol: "Al que quema madera de saúco se le mete el diablo por el culo", dicen en Somiedo. Paracelso (médico y alquimista suizo del siglo XVI) decía que curaba la erisipela, los forúnculos y el aceite de sus granos aliviaba la gota. El muérdago que crece sobre el sauco curaba la epilepsia. Claro que como en aquella época todavía no se habían quitado de encima la magia, decía Paracelso que debía recolectarse un poco antes de la luna nueva y la raíz dividirse en nueve pedazos.

Y es que, durante siglos, hasta casi antesdeayer, se sabía que las hierbas curaban, pero era creencia que lo hacían gracias a la magia, no la planta en sí. Por eso, habréis practicado, o visto practicar a vuestros mayores, las novenas, o la aplicación de estos remedios durante nueve días, de donde luego, con el Cristianismo, derivarían los ritos religiosos llamados también novenas, que vosotros aquí hacéis, sobre todo, a Santa Cristina. Por ejemplo, hay una fuente en Valdeprado, al Norte de la provincia, junto al río Linares, que cura las afecciones de la piel, tanto al beberla, como al aplicarse el moho directamente sobre la afección. Se trata de un agua sulfurosa que desprende un fuerte olor a huevos podridos. Pues la tradición dice que hay que beberla nueve días seguidos, en ayunas. La clave está en el nueve, en la novena. Es lo que va quedando de la tradición mágica y que debemos procurar no perder, pues mientras las sustancias de las plantas y árboles han pasado a la farmacopea, el rito de la curación mágica sólo lo puede mantener el pueblo.

Se podría decir que eso son supersticiones, cosas de gente de pueblo, pero nada más lejos de la verdad. Las personas enfermamos realmente, pero es bien sabido que también nos sugestionamos con enfermedades inexistentes o tendemos a magnificar, por temor, nuestra enfermedad, por lo tanto es muy importante curar la dolencia, la posible dolencia que a veces es más dañiña que la real, por eso, desde siempre, la medicina mágica ayuda a la psique o al alma del enfermo. También los médicos utilizan esta técnica y no me refiero sólo a los psicólogos o psiquiatras; en algunas ocasiones recetan lo que llaman placebos, lo que es igual a decir nada, unos comprimidos con los que se consigue que el enfermo, bien terminal o bien hipocondríaco, se siente aliviado por el sólo hecho de saberse tratado con lo que él cree a pies juntillas un medicamento de la mejor calidad.

Esto que les cuento, la señora Isabel no lo sabía, casi seguro, pero lo que sí sabía era que debía usar el saúco para curar las afecciones de la boca, y lo usaba. También utilizaba la gurupesa para curar las heridas, la salvia para la circulación de la sangre, la tila para tranquilizar y las ortigas para el reúma. Yo he visto hacer lo de las ortigas: se coge un ramo y se azota la parte doliente; como pica, se activa la circulación de la sangre, que acude a ese lugar, y mejora la sensación de dolor.

Por cierto, que la señora Isabel también nos dio dos recetas en otra ocasión que la encontramos pelando almendras en la puerta de su casa, .ongrio guisado, precisamente con almendras y
Sopas morenas de la matanza

Vamos a hablar algo del agua. Por vuestro término pasa el río Ucero y creo que el Abión desemboca también en término de Osma, en el Barrio de las Tenerías, o al menos en la división de términos. Me dijeron Isabel, Carmen y Juanita que tenéis una fuente llamada del "Cubillo" o "San Pedro", cuya agua sirve para curar las anemias. No la he visto ni la he probado, pero seguro que se trata de aguas ferruginosas, portadoras por tanto de hierro y sabido es que el hierro cura determinado tipo de anemias. El agua es otro de los elementos de la naturaleza capaz de curar. Si nos fijamos bien será difícil encontrar una ermita sin fuente por los alrededores: agua y religión fueron juntas siempre. La fuente que mana a los pies de la virgen de la Cabeza, en Bliecos; la que lo hace próxima a la Virgen de Hinodejo, en las Fraguas; junto a la Virgen de la Blanca, en Suellacabras... Sobre los nacimientos de los ríos existen leyendas y desde luego que la diferencia entre un pueblo con río y los que no lo tienen es muy grande. Lorca, que anduvo por estas tierras, dijo en su obra La Casa de Bernarda Alba: "Maldito pueblo sin río".

Vamos a decir algo de la costumbre llamada "Las Gitanillas". Nada tiene que ver con el tema que hemos tratado hasta ahora, como son los remedios caseros, pero es una de las tradiciones que conserváis, sé que la mantenéis, pues el año pasado me pidieron un trabajo para una revista, sobre ritos de Semana Santa, y me confirmásteis que iba a hacerse. Domingo tras domingo, durante la Cuaresma, estas niñas piden dinero para alumbrar al Santísimo y huevos, que luego venderán y con lo recaudado celebrarán una merienda después de Pascua.

El origen de este rito podría remontarse a religiones muy antiguas, cuando las vírgenes acudían a los templos para solicitar favores, más para los demás que para ellas mismas. Como ya sabéis, la religión cristiana fue adaptando con los siglos todos esos ritos y, gracias precisamente a eso, se han conservado. En todos los lugares de Soria donde se practica esta costumbre, son las muchachas las encargadas de hacerla. No podía ser de otra forma, pues, como he dicho, las mujeres han sido desde siempre las encargadas de mantener todas las tradiciones. Con la despoblación sufrida en la provincia de Soria, de la que no se ha librado casi ningún pueblo, se van perdiendo casi todas. Estas peticiones, se denominan, según los lugares, de una u otra forma, pero en en fondo el sentido es el mismo, recaudar dinero o víveres para mantener la luz del Santísimo, comprar cera y adornar el altar el Jueves Santo. Estas mozas son nombradas, antes de que comience la Cuaresma, a veces por sorteo, otras siguiendo una tradición familiar o bien a petición propia.

Aprovechando que tenéis ahí mismo las ruinas de Uxama, donde los romanos construyeron una gran ciudad, os diré que muchos ritos cristianos están influenciados por los romanos. Por ejemplo el rito del bautizo. El bautizo romano trataba, como el cristiano, de expulsar los espíritus malignos, aunque para los cristianos estos espíritus estaban concentrados en uno solo, a saber, el Diablo. Unos trataban de conseguirlo haciendo ofrendas a Hércules o Juno, según fuera niño o niña, y los otros mediante el agua purificadora. Los chinos, por ejemplo, tratan de espantar a los espíritus malos de los varones llamándoles feos, colgándoles un arete en la oreja y diciendo a voz en grito que se trata de una niña.

La higa, que se portaba colgada al cuello y que sobre todo propiciaba una buena dentición, era llamada por los romanos bulla aurea y se trataba de una bolita con un pequeño amuleto dentro; el material dejaba constancia de la opulencia o no de la familia. A los diecisiete años los jóvenes varones cambiaban la bulla aurea por la túnica y el amuleto era ofrecido a los dioses. En general era una ceremonia pomposa y, por lo tanto, más propia de las familias patricias, era el paso de la infancia y pubertad al mundo de los adultos. En el ámbito rural, hasta mediados del siglo XX más o menos, este rito de paso a la mayor edad también tenía lugar; se aprovechaba el momento en que los mozos eran llamados a "servir a la Patria". El año previo a su marcha los mozos eran los encargados de organizar las fiestas, pingar los mayos, elaborar las comidas comunitarias, simular luchas y, en definitiva, ritualizar los hechos significativos antes de abandonar la casa.

Por cierto, y hablando de Uxama, como sabéis hay dos más en otros lugares de España. En una de ellas estuve hace dos años, se llama Uxama Barca y, al lado, el pueblo recibe el nombre de Osma. Ambas están en el valle de Valdegobía, en Álava. Es más bonita esta Osma, de verdad, más grande y, además, tiene río y la otra no.

Por último quiero hacer alusión a las tradiciones relacionadas con el vino. En nuestro caminar por estas tierras sorianas, hemos observado que en las zonas donde se elabora vino la gente es más amable, es más receptiva, se vive con más alegría y se practican unas costumbres distintas a las zonas ganaderas y de cereal, fundamentalmente. No estoy diciendo que sean mejores o peores, pero sí distintas, tal vez más alegres. He leído en una Revista de Soria que en Osma, cuando haciais la vendimia, lavábais la cara de las mujeres con los racimos de uva. Existe además una *gastronomía relacionada con el vino. En muchas fiestas de nuestra tierra soriana los jóvenes se encargan de, con la base del vino, preparar unas tinajas donde dentro se les echa, según el lugar, frutas y tortas o roscos para hacerlo espeso y comerlo con cuchara, recibe varios nombres, como veremos, aunque el más común es el de zurracapote. Es la cocha de Ventosa de San Pedro para la celebración de las móndidas, en honor de la Santísima Trinidad, a base de vino, azúcar y el rosco del ramo. Muy parecido es el remojón de la caballada, en San Pedro Manrique para las fiestas de sus móndidas a la mañana siguiente del paso del fuego, llamado también tinada. O las soparras de Cubo de la Solana, con galletas y magdalenas. Terrizo se le llama en Noviercas al vino acompañado de melocotón. Las sopetas, con pan, vino, miel y azúcar, se toman en Aguaviva de la Vega y Montuenga de Soria, así como en Chaorna en honor de San Roque. Las sopillas de los esquilos, tradicionales en el mundo pastoril, es una variación de lo que llevamos dicho.

El perolo, postre típico navideño, era muy celebrado por lo contundente y exquisito. Vino, por supuesto, en alguno lugares regalado por el ayuntamiento para ese fin, peras de invierno, ese fruto tan soriano, tan numantino y tan abundante hasta hace pocos años y los frutos secos de que se pudiera disponer: orejones, pasas, higos, ciruelas, azúcar o miel y canela. Postre regio para unas fiestas tan arraigadas en la religión cristiana. La señora Isabel me dijo que ella le ponía mucha canela.

© Isabel Goig

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