Garray

Escenificaciones Populares de Las Guerras Numantinas

El sitio web de la Asociación Tierraquemada, ofrece todo tipo de informaciones y detalles acerca de la representación del 2004.

En nuestra web del Tarragonés podéis leer un artículo referente a otra de las escenificaciones, la del 2002.

     La Batalla de los elefantes, 2001

por Isabel Goig

 

Tras agasajar debidamente a los dioses y rendir honores a los antepasados, pudieron los numantinos vencer a los romanos, elefantes incluidos. El sábado, día 28 de julio, fue imposible. Una tormenta hizo pedazos el cielo dejando caer por él agua y rayos. Es imposible, nos decíamos; precisamente este lugar fue elegido para acrópolis y su cumbre como lugar sagrado, como németon, por el poder emanado del recinto para dispersar las tormentas. Y cuanto más nos adentrábamos en este pensamiento recordando a Mariano Íñiguez más fuerte soplaba el viento amenazando con arrancar las tablas de la plaza portátil colocada a la entrada del yacimiento. Los dioses (incluido Thor), ayudados por los próceres numantinos, se emplearon a fondo haciendo que el agua se sumiera hacia abajo y cuesta arriba –algo nunca visto-, rompiendo el decorado que simulaba una muralla, llenando las termas y lavando a fondo la calzada recién descubierta. Durante hora y media el cielo descargó toda su fuerza sobre la indefensa Numancia.

Mientras esto sucedía, en una caseta, los muchachos en los cuales el alma de aquellos numantinos de antes de Cristo habían dado en introducirse, libaban y cantaban –con más devoción que entonación-. Debieron darse por satisfechos los habitantes de arriba, porque al cabo de unas horas regalaron un magnífico día para llenarlo con la representación de la lucha y la victoria.

Y allí estaban, en la arena, a las siete en punto de la tarde del domingo, rodeados por unas dos mil quinientas personas y ante las cuales, mayores, jóvenes y niños, hicieron, por una hora, que la gente retrocediera veintidós siglos. Con un buen vestuario de la época, representaron la vida de la ciudad en época de paz; mientras unos hilaban, otras molían el grano y los niños jugaban al corro. Allí vimos la muerte del guerrero y las honras tributadas, los ojeadores, la lucha con los romanos –impecablemente ataviados- y la aparición de los elefantes. La piedra oportuna, lanzada por mano de numantina, daría al traste con las máquinas de guerra más sofisticadas y desconocidas del momento, procurando una estampida que daría, momentáneamente, la victoria a los numantinos.

Un fuerte aplauso a los habitantes de Garray, al director del yacimiento, al asesor teatral y a quienes hacen posible la representación. Nos parece una forma delicada e interesante de cuidar el pasado, dándolo a conocer escenificado.

Particularmente pienso que lo más atractivo del cerro donde se asienta la histórica ciudad es el silencio; un silencio, incluso con grupos de visitantes, a pesar de la carretera que discurre no muy lejana, que permite sentir la emoción por el lugar que se pisa, que permite contemplar las altas y lejanas cumbres que lo rodean, comprender el porqué se eligió ese lugar y sucedió lo que sucedió. Y esa tarde, a pesar de todas las personas que acompañaron a los bisoños actores, a pesar de la música y el ruido de las lanzas chocando con los escudos para espantar a los hombres del general romano, el silencio se percibía, envolvía como un misterio el sagrado lugar de la ciudad de Numancia.

© Isabel Goig

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