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La España vacía
Viaje por un país que nunca fue

Sergio del Molino

 

Turner Publicaciones, S.L. 2016
Séptima reimpresión

 

A través de Carmen Ruth Boíllos nos llegó la invitación a la presentación de La España vacía, del periodista Sergio del Molino. El acto fue presentado por Elena Mateos, miembro  de SOCYL (Asociación de Sociología de Castilla y León). 

Se podría pensar que se trata de un libro más sobre despoblación, pero nada más incierto. Se trata de un ensayo muy alejado de aquellos que los intelectuales engolados ofrecen varias veces a lo largo de sus vidas sobre el tema que toque. Frescura, prosa ágil, cercana y emocionante en ocasiones y el intento de desmontar unos a priori tan atávicos como los viejos refranes castellanos. Por ejemplo, el mito de la ardilla saltando de árbol en árbol, de norte a sur de la península. O las traducciones interesadas que de autores franceses hicieron intelectuales españoles, como Enrique de Mesa sobre un texto de Gautier. (Corre por ahí una teoría de que si a la toponimia, los datos estadísticos, los económicos, y añado las traducciones, se los tortura adecuadamente, acaban confesando lo que se quiere). O la famosa película de Buñuel sobre las Hurdes. 

El primer capítulo, que sirve de prólogo o introducción, titulado El misterio de las casas quemadas, ya es una declaración de intenciones de por dónde va a ir este magnífico ensayo. Se trata de las relaciones casi imposibles entre el campo y la ciudad, no sólo en España, si no en toda Europa, o en todo el mundo. Como mantenemos muchas de las personas que habitamos una ciudad, por pequeña que sea, rodeada de cuatrocientos núcleos de población, poco o nada poblados, en el mundo rural no ven con buenos ojos que se instalen personas ajenas a él. Sergio del Molino pone varios ejemplos, entre ellos, y además del capítulo inicial, el crimen cometido en Fago (Huesca), contra el que fuera alcalde de esa pequeña localidad. 

El origen de ese vacío no es reciente: 

Fue en las ciudades de Burgos y de Salamanca donde Franco se convirtió en caudillo, y desde allí prometió acabar con el Madrid cosmopolita y corrupto para regenerarlo con los valores eternos del campesino español (…) la médula del país, la España verdadera, estaba huyendo de sus casas miserables con la esperanza de no morirse del todo de hambre en una miseria amontonada, urbana y de arrabal. (…) Ningún dictador ha maltratado tanto y tan persistentemente la España rural como Franco. No sólo propició el éxodo que causó el Gran Trauma y que hizo insalvables e irreversibles los desequilibrios entre el campo y la ciudad, sin que hasta la fecha los miles de millones gastados en ayudas y todos los planes de desarrollo y las políticas agrarias europeas hayan podido revertirlo, sino que machacó con crueldad una forma de vida, haciéndola imposible. Es conocida la fiebre de construir pantanos para abastecer de agua y electricidad a las grandes ciudades que no paraban de crecer...

El autor alude constantemente a situaciones pasadas, autores, películas. Especialmente se recrea en Surcos para mostrar cómo transcurre la vida de la gente del mundo rural en una gran ciudad, y el El disputado voto del señor Cayo, que muestra la fuerza que la ley electoral concede al voto rural. Se para también en otros ensayos, e introduce para cada personaje relacionado con el Gran Trauma, como llama al problema de la despoblación, los hechos históricos, a veces remotos, que han llevado a esa situación, como el repaso al Carlismo para introducir al navarro Joaquín Luqui, por ejemplo. 

La parte más emotiva está tratada con una prosa que, a veces, roza lo poético. El porqué conmueve tanto el lugar de nacimiento, incluso en nietos que ni tan siquiera han vivido en ese espacio añorado por los abuelos, es algo que se esconde dentro de cada cual, aunque el autor también trata de intelectualizarlo. 

La falta de respeto a los campesinos, la incapacidad de esos mismos campesinos que todavía resisten en los pueblos para compartir con quien viene de las ciudades a instalarse, está en este ensayo, no latente, si no en letras de imprenta. En contraposición a esa actitud, la de conservar las tradiciones e incluso cambiar las fechas para que aquellos que se fueron puedan participar, durante unos días, que las tierras ya están agrupadas y repartidas en renta o vendidas. “Al final, la España vacía es eso, un frasco de las esencias. Aunque esté casi vacío, conserva perfumes porque se ha cerrado muy bien”. 

Libro imprescindible en las librerías de la España vacía y de la llena. Y una sugerencia desde el respeto para SOCYL, consigan que los gobiernos central y autonómico inviertan en legiones de sociólogos y psicólogos, en lugar de hacerlo en otras áreas, para tratar de modificar, dentro de lo posible, las actitudes del mundo rural.

 © soria-goig.com

 

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