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HISTORIA DE LA VILLA DE JUBERA

 Alejandra del Barrio Luna

Edita: Diputación Provincial
Maqueta e imprime: Imprenta Provincial
Colección: Paisajes, Lugares y Gentes
Páginas: 184
Soria, 2015

 

 

Hasta hace poco las gentes de la comarca de Arcos de Jalón o de la Tierra de Medinaceli, conocían escasamente la historia de la localidad de Jubera.

Nombrada desde antiguo con el significado de Lugar nuevo, Jubera era apenas un fuerte, un castillo que tuvo sus incidencias en las luchas de la nobleza. Cronistas como Jerónimo Zurita lo nombran Juera y es protagonista de crónicas que desvelan lo que fue un territorio en época donde todavía en la Baja Edad Media el vasallo sigue sirviendo al señor y lleva una vida miserable.

Los predios o fundos a veces forman parte también del poder eclesiástico, aquí es el propietario de tierras o de un espacio apenas resaltado. Un páramo en esta Juera fortificada, pero un lugar que puede ser apacible para el espíritu, que en medio de su nada, de su clima frio, de su matorral bajo, de su escaso bosque puede servir de descanso para el alma y para el cuerpo.

El ser humano que siempre ha modelado la naturaleza eligió aquí transformar el medio. Todo esto nos lo cuenta Alejandra del Barrio Luna en su “Historia de la Villa de Jubera” con la colaboración de   Miguel Sánchez González de un magnífico trabajo de erudición sobre el castillo de Jubera. Los medievalistas saben de su existencia por los trajines de guerras entre castellanos y aragoneses. Aquí y ahora el castillo de Jubera adquiere un protagonismo esencial, su historiografía,  sus reparaciones, sus alcaldes, sus ruinas…, no cuesta mucho imaginar los aconteceres.

Pero es sin duda el Obispo Juan Díaz de la Guerra el que creó este espacio y a él se debe sin duda la arquitectura y el Arte del que nos habla Alejandra del Barrio Luna, en este libro que con precisión nos allana el camino para ilustrarnos en las descripciones de las tallas, de la imaginería y de la sobriedad que acompaña esta villa no exenta de conflictos medievales y también de quietud para prelados como su mentor, porque Jubera es eso,  un lugar para reposo del caminante, un tiempo para la introspección interior, para esa mirada a  Castilla dentro de un territorio fronterizo que a veces se agranda y se fusiona con Aragón y otras se queda silenciosamente unida a esta Soria pequeña, apenas descubierta por las vías de comunicación abiertas en el “Siglo de las Luces” que en el siglo posterior irá renaciendo con paradas de trenes y gentes que van y vienen.

En esta geografía física y humana, Alejandra ha querido rendir un homenaje, un culto especial en este interesante libro a las piedras, a las ruinas, a los retablos y cuadros de su iglesia, a lo pequeño, tal vez intrascendente para los grandes maestros de la pintura, escultura o imaginería,  pero no obviando aquí la sencillez y lo hermoso de esta tierra que es recuperada de la ignorancia de muchos. Gracias pues Alejandra. Te auguro mucha suerte en tu trabajo y en este retrato de Jubera que nos dejas para recrearnos entre la paz y el silencio.

Carmen I. García

 

 

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