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BRUXARIA
(Zajinski/Nassaev)
Jesús Gaspar Alcubilla

Ediciones Irreverentes 2010
 

 

Gaspar Alcubilla es un hombre que coquetea con el lado peligroso de la vida, aquél hacia el que Lou Reed, hace ya bastantes años, nos invitaba a darnos un paseo. En su caso son razones profesionales las que le obligan a conocer esos submundos que circundan la realidad cotidiana, aparentemente plácida y estable, en la que vivimos.

No es el único amigo escritor que conozco que se ha curtido en el Turno de Oficio. De parecidas experiencias el navarro Sánchez Ostíz extrajo –hace ya algunos años- su estremecedor Las Pirañas  (Seix Barral, 1992).

Hace ya más de diez años tuve el honor de publicar el segundo libro de Jesús en la extinta colección de poesía SAAS/2, y desde entonces ha dado a la luz otros seis libros. Como otros escritores amigos, estoy pensando ahora mismo en el leonés Julio Llamazares, Jesús ha ido abandonando la poesía y entrando en los territorios de la narrativa, su Poeme du viux meublé (Salamanca 2006) aunque todavía de resonancias líricas, apuntaba ya hacia la prosa poética. Hay que decir que es algo peculiar en este autor el plantearse en cada obra un reto nuevo, no redundar en “más de lo mismo”, tentación fácil de todo autor a la que, a veces, es difícil sustraerse. De la inquietud intelectual y de la amplitud de motivaciones y vivencias que le aquejan (creo que esta palabra define muy bien el proceso creativo de nuestro autor) es muestra esta Bruxaria, libro corto pero no menor, pues la densidad narrativa es máxima, a la par que la ambición y la tensión estética.

Si para García Viñó (1) algunas de las cualidades exigibles a un narrador son la capacidad de erigir un mundo y un tempo propios donde los personajes puedan moverse y expresarse. Bruxaria cumple de sobras estos requisitos y además lo hace del modo más difícil y cuesta arriba, por cuanto su autor incursiona en lo que podríamos llamar “mundos literarios” propios, que van del Maconco de García Marquez, la Trapobana de  Miguel de Cervantes o la isla de Laputa de Jonathan Swift.

Para inventar todo un país, con su historia, su geografía e incluso sus propias leyes y sistema procesal (ejercicio indudable de deformación profesional) hace falta mucha imaginación, una considerable erudición y una capacidad de trabajo notable. Evidentemente es mucho más fácil andar por los trillados caminos del tipismo ruralista que irse a vivir –narrativamente- a Svetania, por más que en este país podamos encontrar muchas de las señas de identidad de naciones reales como Rumanía, Hungría o Bulgaria. Gaspar Alcubilla se ha enfrentado a un reto realmente difícil y ha salido de él con la cabeza bien alta.

Hace unas semanas otorgamos en Salamanca el Premio de la Crítica de Castilla y León al poeta palentino Javier Villán, por su Aquelarre de sombras (Calambur. 2010). Al explicar mi voto afirmé que este libro había que valorarlo sobre todo por la capacidad de su autor para asumir un reto de frontera, la valentía de ir al fondo de las cosas. En el caso de Villán esta frontera era la decrepitud y la decadencia de la enfermedad y la edad. En el de Gaspar Alcubilla es el de ese mundo periférico al que nos hemos referido, el de la delincuencia, el de la droga, el de la prostitución, que está ahí, asediándonos noche y día, pero al que preferimos negar y olvidar hasta que, por sorpresa, se inmiscuye en nuestras vidas.

La Periferia, el Pomerio (lugar sagrado pero a la vez maldito, siempre extramuros de la ciudad), es un trasunto del Subconsciente, el lugar donde se agavillan –silentes, pero a la espera- los monstruos que cada día desterramos, para hacernos a la ilusión de que podemos controlarlos. No podemos. Volverán.

No podemos, y el autor lo sabe, está harto de saberlo, lo ve cada día desde la mesa de su despacho y esta verdad le abruma y termina por expresarla en libros como este Bruxaria que sólo los muy despistados tomarían como oportunista afiliación a la moda de vampiros y brucolacos.

Gaspar Alcubilla baja aquí a los infiernos y se adentra en un mundo amoral, violento, promíscuo, obsceno, a medio camino de la realidad y la vigilia.

Algunos de los lectores de esta obra me han comentado que encontraban su contenido erótico demasiado fuerte, demasiado descriptivo, demasiado crudo incluso. Creo que decir eso es una muestra de hipocresía, pues esos contenidos y otros más fuertes están en la realidad cotidiana y todavía peores, pues son mercenarios mientras que aquí, de alguna manera, se convierten en material literario y en esa medida se subliman y estetizan.

¿Es este un libro difícil de leer? Yo no lo creo, por más que sea necesario cierta complicidad con el respetable bagaje cultural del autor y sus referencias histórico-literarias. Pero el esfuerzo merece la pena. No vamos a hacer patriotismo pequeño provinciano (a estas alturas…) pero a mí me reconforta que en un desierto cultural como es el soriano, todavía broten, de cuando en cuando, obras como este “Bruxaria”, narrativa a la altura de lo mejor que se está escribiendo ahora mismo en castellano.

 

(1) Autor, entre otras obras, del fundamental opúsculo Novela Española de Posguerra (Publicaciones Epañolas Madrid.1971) y director de la imprescindible revista La fiera literaria

Antonio Ruiz Vega

Ficha del autor

Poesías y Leyendas Sorianas

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