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CUCHILLOS DE MUDANZA

Silvano Andrés de la Morena

Ediciones del 4 de Agosto
Páginas: 61

LOGROÑO 2004

 

 

PRÓLOGO

En sus dos poemarios anteriores, Silvano Andrés de la Morena, (Cuevas de Ayllón, 1953) exploraba las relaciones del ser humano con la naturaleza y celebraba el paisaje de su Soria natal. Eran poemas para recrear la memoria y avivarla nombrando, a su justa luz, el cobijo del adobe y de la piedra, el roce de la  hoz y de la azada, de la flor y del arroyo; miradas del pasado atravesadas por cierzos y solanos; por la belleza sonora de  los conciertos que, entre la abrumadora soledad de esta zona junto al Duero,  la propia naturaleza otorga. Tanto Movimiento de traslación como Aquietando luz  subscribían el verso de Rilke: la verdadera patria del hombre es su infancia. Pues bien, no otra cosa viene a subrayar este Cuchillos de mudanza.  

A primera vista el asunto de este nuevo libro es otro, pues justamente trata de los otros, esos otros que nos desafían con su proximidad y su extranjería. Pero estamos ante la expresión poética de un mismo yo, roto al nombrar las imágenes de la memoria y roto por igual al encarar la mirada del extranjero que nos interroga; del yo poético que en su subjetividad nombra y unifica lo que parece disperso, porque ante ese otro tan diferente se reconoce en una común pérdida:  Todos nos fuimos/ de la luz de la infancia, dice aquí el poeta. 

Cuchillos de mudanza habla de esos nuevos otros que tal vez sólo puedan ser vistos por quienes, como este poeta, mantienen viva la memoria de sus  propias migraciones y muy en alto su conciencia de inmigrante a la vida urbana.  Silvano Andrés de la Morena sabe que los nuevos inmigrantes que nos llegan, desde países tan lejanos que no sabemos localizar en los mapas, están cambiando el perfil de las ciudades, pero sabe que estas ya cambiaron anteriormente con la llegada también masiva de los hombres del campo y algo sabe él de estas mudanzas. Por eso, aunque esté hablando de los otros, lateralmente está hablando de esa parte de su infancia que sigue siendo extranjera en él. De este modo evidencia este poeta lo que hace tiempo señaló Julia Kristeva como imprescindible para reconocer al otro. Sólo reconociendo nuestra parte de extranjería -nos advertía ella-, sólo encarando lo que hay de extraño en nosotros, lo que no encuentra su sitio, reconoceremos al otro. El extranjero, al mirarnos, nos interpela y nos despierta esa porción de inocencia humana que es suelo y sueño arrebatado de la Edad Dorada. Por eso, como apuntara Samuel Beckett, y como recuerda Silvano Andrés de la Morena, todos somos de Extranja. 

Cuchillos de mudanza no es, por tanto, un poemario descriptivo de la realidad de los inmigrantes. Es la expresión de un yo que mira y en la mirada del otro ve su disolución, su yo quebrado. De ahí que se repita constantemente el juego de las oposiciones entre ese tú y el yo: que tú no soy negro; Mi tú/ tú yo. Una oposición que se revela ineficaz y que persigue el mestizaje del ‘nosotros’ porque es común la soledad y el miedo: 

Entraba en tus espejos/ y ya era otro,/ lejano de mí mismo./ Mirabas por mis ojos/ y tus fronteras corrieron hacia el agua, es el comienzo de un magnífico poema que celebra el ansiado encuentro: Mestizos ya/ lejano de ti mismo/ entre sudores de espejos/ y ojos sin fronteras / empezaban a crecer/ otros nosotros

Podemos decir, entonces, que este libro evidencia la propia extranjería del que mira al extranjero. La del propio poeta, aferrándose a su patria-infancia, a una mismidad que se resquebraja en yoes amojamados, dice él, que revelan sin lindes definidas sus espacios. 

Por eso no hay un abismo conceptual entre este libro y los anteriores. El poeta nombra los mundos del yo y del tú con el mismo léxico y es justamente en ese uso del vocabulario rural donde se fija el puente que conecta ambas inmigraciones. Términos antiguos, que provocan tanto gozo en quien los oyó en la niñez (candiles, bálago, cucharrena, barruntar, granzas...) están magistralmente al servicio de expresar el dolor o el asombro de seres humanos procedentes de Marruecos o de La China. 

Con esos mismos términos forma el poeta imágenes de conmovedora riqueza expresiva (Por los caminos,/ llueven guijarros crudos/ contra tus llagas) o largos poemas, como Sueño lejano, que son un hallazgo de síntesis lingüística para expresar la simultaneidad con que la conciencia percibe y organiza los objetos de la memoria y del presente. A fin de cuentas, en un mismo momento formamos parte de la celebración de una arcaica costumbre y hacemos uso de la más novedosa tecnología.  

Silvano Andrés de la Morena, profesor en un instituto de secundaria en Barcelona, que ha visto poblarse su aula con las miradas de los extranjeros, nos devuelve la suya en estos poemas que son puentes para atravesar dos ríos ciegos:  

El de la infancia,
donde todos los dioses aplastan el barro de tus miembros.
El del imperio,
que te deja el hábito amortizado hasta el desagüe de Caronte.
 

Cuchillos de mudanza es un libro necesario para atravesar la ceguera que nos lleva a ver un enemigo en el otro. Para sabernos también meursaults. Y es, literariamente, una gozosa muestra de cómo se puede hacer poesía, de gran fuerza subjetiva, incorporando a la vez la crítica al mundo.

 © María Ángeles Maeso

Valdanzo, Soria. Septiembre. 2004

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