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COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD

Carmen María Moreno

 

 

Las cofradías o hermandades tienen origen medieval y en algunos casos, y para esa época histórica, era sinónimo de gremio. En cualquier caso se advocaba bajo algún santo por lo que, aún en la actualidad, tiene un significado fuertemente religioso.

Carmen María Moreno, en el año 2003, se fijó en una cofradía soriana para un trabajo de Especialista en Protocolo y Ceremonial del Estado, curso impartido por la Universidad de Oviedo y la Escuela Diplomática, bajo la dirección de D. Felio A. Vilarrubias Solanes.

El trabajo, sin publicar, lleva por título: “Constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y el Protocolo de auxilio a los reos de muerte (Año de 1846)”. Se encuentra estructurado en nueve apartados: motivación de este trabajo, origen de las Cofradías, Soria en tiempos de Nuestra Señora de la Piedad, Reglamento del Hospital de Santa Isabel de Soria, Constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad de Soria, Protocolo de auxilio a los reos de muerte, Las procesiones (ejecuciones, velatorios y entierro), Planos y esquemas, y Bibliografía.

La Cofradía objeto del trabajo se fundó en Soria, en el año 1667, con el objetivo de “ejercer la caridad para con los pobres enfermos que fallecen en el Santo Hospital de Santa Isabel, proporcionándoles sufragios para el alivio de sus almas”, además de enterrar a los pobres y reos de muerte que eran ajusticiados en la ciudad.

Si interesante es la totalidad del trabajo, el apartado de Procesiones (ejecuciones, velatorios y entierro), tiene el interés añadido del ceremonial o protocolo que la cofradía llevaba a cabo cuando se iba a ejecutar al reo. Se organizaba la tarde de la víspera una procesión con todos los miembros de la Cofradía vestidos reglamentariamente, presidida por el padre abad con la cruz y el padre obediencia con una bandeja para que fueran depositadas las limosnas, y el resto de los hermanos portando cirios encendidos unos, y campanillas otros. En procesión bajaban desde la Capilla del Santo Cristo de la Salud hasta la cárcel entonando el Miserere. Debía ser un espectáculo impresionante. En la prisión se le ofrecía al reo la “colación”, por cuenta de la cofradía, que se componía de una libra de bizcochos, dos botellas de vino rancio y una libra de dulces.

La mañana de la ejecución tenía lugar otra procesión idéntica, ya con la misión de acompañar al reo hasta la plaza donde estaba el cadalso, en el momento de la ejecución y, posteriormente, a la ermita de la Soledad, donde se hacían los funerales y se enterraba al ajusticiado. Todo ello con un protocolo perfectamente reflejado en el trabajo que comentamos.

Todo estaba reglamentado en las Constituciones de esta interesantísima Hermandad o Cofradía verdaderamente piadosa, pues se encargaba de auxiliar a hombres que vivían los momentos más angustiosos que cabe esperar, el saber que las horas de su vida están contadas, encargo que realizaban con un gran respeto hacia el reo, y con una dignidad y escenificación más propia de príncipes y nobles.

Puesto que la Cofradía tenía también la misión de ocuparse del entierro de los pobres del Hospital de Santa Isabel, la autora dedica un capítulo a este hospital fundado por doña Isabel de Rebollo, en su testamento del año 1510.

Merecería la pena ver publicado este trabajo de Carmen María Moreno.

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