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DE LA ESCUELA A LAS "AULAS"

Agustín Munilla

Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Soria
SORIA 2008

 

 

Al señor Agustín Munilla, un joven de 86 años, le ha hecho el prólogo del libro que recoge sus vivencias, su hijo, Rafael Munilla Lasanta. “Mi padre, me lo ha contado tantas veces, dejó de ir a la escuela a los diez años (…) me figuro con claridad a mi padre, zagal de diez años, por la solana, por los frontales y las cuerdas de nuestro pequeño pueblo de tierras altas (…) En los sesenta, los de mi pueblo también nos vinimos a vivir a la capital. Nada ha trastocado tanto la vida de los españoles desde la guerra hasta hoy como este éxodo masivo”.

Agustín Munilla es del precioso pueblo de Camporredondo, por donde un río, el Hostaza u Ostaza, según quien lo escriba, alegra las casas de piedra y da vida, antes de ir a desembocar al Cidacos, a hierbas, árboles y animalillos, entre los que, años atrás, se encontrarían los que cuidaba Agustín.

A nosotras, que nos gusta tanto hablar con las personas mayores, encontrarnos con esta publicación, que don Agustín nos ha dedicado con cariño, nos parece sentarnos a escucharle, como tantas veces hemos hecho, en el poyo de la casa, caralsol, a la orilla de una fuente, o en el atrio de una pequeña iglesia rural, con otras personas que nos han dado lecciones de vida.

Pequeños relatos y poesías recuerdan los ritos, tradiciones, y también la vida diaria de Camporredondo. Dura en ocasiones, esa vida, donde el tener una zambomba para Navidad era algo deseado, una zambomba que, dice Agustín, de confeccionaba con un viejo bote de conservas, un trozo de pellejo pelado de oveja, una cuerda, un alfiler y una paja de centeno. Agustín fue cartero, ser cartero rural no es ninguna tontería, antes, “Era el portador de toda noticia que viniera de fuera, el único medio de comunicación: no existía el teléfono, ni la radio, y mucho menos la televisión; por eso se sentía un tanto importante”.

Recuerda Agustín el día 22 de julio, fiesta de Santa María Magdalena, patrona de Camporredondo. La hoguera, alrededor de la cual se bailaba por la noche. La enramada. Vestir el ramo. El obsequio de anís y pastas por parte del Ayuntamiento. La petición de “aleluyas”. Correr el rosco. La suculenta comida del día grande, a base de recentales, cabritillos y pollos. Nosotras, de tanto escuchar estos “ilorios”, parece que hemos vivido el mundo rural de mediados del pasado siglo.

La delicada pluma de los 86 años de Agustín Munilla, narra excursiones, convivencias, experiencias en las aulas, y poemas. Este hombre lleno de vida, activo miembro de las Aulas de la Tercera Edad, hace teatro, acude a excursiones, participa en películas –secundario en “Los ojos verdes”, película basada en el relato de Gustavo Adolfo Bécquer- y da lecciones, con su forma de vivir, de ilusión y sabiduría.

DOS FUENTES

Hay en mi pueblo dos fuentes,
pero fuentes naturales;
sólo hubo que poner caños
a dos sendos manantiales.

Parece que porfiabais
dando agua fresca a destajo,
una para los de arriba
y otra para los de abajo,
que mi pueblo, aunque pequeño,
se compone de dos barrios.

Sobra el cloro en vuestras aguas,
que las vertéis bien filtradas:
a unas os filtran los pinos,
a otras os filtran las hayas.

Nadie se acerca a tomar
vuestro líquido preciado;
que los que visteis nacer
os hemos abandonado,
y vosotras, generosas,
seguís manando… manando.

De cuando en cuando yo os veo
ancladas ahí en el fondo
haciendo de centinelas
del pueblo, Camporredondo.

Isabel Goig 

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