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LA SENDA DEL ATARDECER
Antonio de Benito

Edita: Caballeros Temple
2010

 
 

Escribir un relato resulta fácil, basta con contar una historia. Escribir un relato y hacerlo bien es algo que está al alcance de muy pocos, pues no se trata simplemente de contar una historia, sino de hacerlo bien, de lograr que interese a alguien y que ese aire disfrute con su lectura. No hay que olvidar que un relato comparte casi todas sus cualidades con una narración o con una novela, y por tanto tiene que ofrecer lo mismo que éstas, salvo, claro está, el tamaño. Un relato debe contar algo, de principio a fin, y además lo debe hacer correctamente, pues no se trata, o no debería tratarse, de un capítulo, sino de una historia concreta, de algo que debe interesar al lector.

Antonio de Benito lo sabe, por eso ha madurado sus ideas y ha planteado con destreza sus relatos. Ha sabido mantener la tensión necesaria, contar las cosas en su justa medida, incitando al lector para que éste sea incapaz de abandonar el texto. Y lo ha hecho de la mejor manera posible, poniéndose en la piel de sus protagonistas, con la evidente dificultad cuando son mujeres, abriendo sus sentimientos y mostrándolos sin tapujos. Ha logrado, además, armonizar los distintos relatos, crear un todo que permite unir todos en el mismo libro.

Por si fuera poco, la apuesta narrativa ha buscado nuevos espacios a los que nos tiene acostumbrados el autor, sorprendiendo en cada uno de los relatos, tanto por el fondo como por la forma. Narraciones sencillas, cercanas para cualquier tipo de lector, pero que esconden un complejo trabajo: un tratamiento exhaustivo del ritmo, un dominio del lenguaje, unos personajes llenos de fuerza y unas historias lo suficientemente originales. Antonio de Benito demuestra que no se conforma con reunir una serie de textos al azar, de buscar en el cajón aquellos relatos que sirviesen para sacar un libro más, sino que ha madurado cada imagen literaria, cada vida prestada, pensando en “La senda del amanecer”, un libro que significa un punto y seguido en la amplia trayectoria del escritor.

Es de agradecer siempre un libro nuevo de Antonio, pero en esta ocasión ese agradecimiento se complementa con la emoción, la carga de sentimientos y la cercanía de las experiencias relatadas. De manera que la lectura parece convertirse en el relato cercano de quien ha vivido la historia en primera persona, de alguien que narra su experiencia en una conversación de amigos. Por si todo esto fuese poco, el autor ha sabido construir cada relato en su justa medida, ni sobra ni falta nada, completando tanto al anterior como al posterior de tal manera que juntos, los seis, se complementan de tal forma que sería muy difícil desligarlos, a pesar de ser universos independientes.

Antonio de Benito no sólo se ha hecho mayor, literariamente hablando, sino que ha abierto la puerta a una literatura visual, fresca, en la que tanto los diálogos como las descripciones aparecen dosificadas correctamente. El autor se centra en contar sólo lo necesario, sin tener que hacer usos de falsos artificios ni de buscar adornos innecesarios, demostrando que, como sucede con sus protagonistas femeninas, sabe lo que quiere y la mejor manera de demostrárselo al lector. Convirtiendo la lectura de “La senda del atardecer” en un placer sólo superable por la expectativa de futuras narraciones.

© César Millán

Ficha del autor

 

 

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