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EL IMPERIO QUE NO PUDO SER. Antonio Ruiz Vega
Edición: Gráficas Ochoa Soria. S.L. |
Prólogo galeato
Quede por tanto claro que el propósito de este libro no es otro que ese, el de, en un diálogo permanente con el lector, intentar trasmitirle el entusiasmo que a mí me produce el estudio de la antigüedad hispánica en general y la Celtiberia en particular. Otra cuestión, evidentemente, es que lo consiga. No hace mucho me decía el filósofo José Antonio Marina en respuesta a mi crítica a una de sus obras que él escribía los libros que le gustaría leer y que los redactaba para aprender sobre un tema, no porque supiera mucho sobre él sino porque quería saber más. Y esto se nota bastante en algunos de sus libros, que parece que vas avanzando con él, lo que resulta muy estimulante. El texto que va a continuación ya no tiene mucho que ver con aquellos artículos aparecidos en Campos de Soria porque ese material lo he ido retocando, corrigiendo, refundiendo, a medida que nuevas lecturas o interpretaciones lo han hecho imprescindible. El último capítulo, De Numancia entendida como Mediolanum o Centro de la Tierra está tomado íntegro de mi libro LOS HIJOS DE TÚBAL y corresponde a lecturas más tardías, sobre todo del libro de Marco V. García Quintela "Mitología y Mitos de la Hispania Prerromana". Este capítulo fue publicado también en su día en el HERALDO DE SORIA.
En cuanto al subtítulo elegido El Imperio que no pudo ser, reconozco que puede pecar un poco de pretencioso, pero me lo sugirió la relectura de ese excelente libro que es MITOLOGÍA CRISTIANA de mi bienamado Vicente Risco, donde hablaba con pasión de galáico de la posibilidad histórica de un Imperio Celta que hubiera florecido de haber predominado la cultura céltica sobre la romana. Un mundo paganizante donde no es previsible que hubiera triunfado una religión oriental como la cristiana (que sólo recula sobre Europa al fracasar en Oriente). Por soñar que no quede. En todo caso no soy el único en pensar que la conquista romana abortó un incipiente Imperio Celtíbero. Podrá acusárseme, si acaso, de exagerar o de tomar deseos por realidades, pero nunca de mentir ni de fantasear sobre la pura nada. También he de añadir que no considero el tema agotado, mientras releía, redactaba, corregía, añadía y suprimía, las ideas no han dejado de bullir en mi cabeza. Para los que tenemos la funesta manía de pensar -en un mundo que se autoidiotiza con ejemplar y unánime deportividad- un tema nunca está cerrado. Que lo sepa, pues, el lector. Está advertido. Como MacArthur en las Filipinas, Volveré... Antonio
Ruiz Vega
El Imperio que no pudo ser. Numancia Como ya se ocupa el autor de indicar en el prólogo, esta publicación del soriano (nacido en Ibiza), Antonio Ruiz Vega, viene a cubrir un hueco en la bibliografía sobre la ciudad de Numancia, un espacio que llegue directamente a los no iniciados en los secretos de la Arqueología y su particular lenguaje. Un libro, en definitiva, que pueda ser leído y entendido por toda aquella persona interesada en qué sucedió en Numancia, cómo vivían sus habitantes, qué dioses, ritos y costumbres mantenían. Y todo ello sin necesidad de llegar a la fabulación, aunque sí arriesgando en las tesis y propuestas, deduciendo a partir de hallazgos, escritos de los clásicos y añadiendo la propia agudeza del autor. De forma clara, el lector podrá saber en qué creían los numantinos, la ética de sus guerreros, la vida cotidiana, la magia y la medicina, la mujer, la lengua, los amuletos, sus luchas y su fin. Numancia ha sido, desde siempre, una de las pasiones de Antonio, junto con el mundo antiguo en general, como quedó demostrado en “Los hijos de Túbal”, publicado en La Esfera de los Libros. La otra pasión ha sido el arte, y también se ve reflejada en “Numancia –el imperio que no pudo ser-“. En la nota del autor queda explicado que las láminas que ilustran la publicación pretenden ser “un homenaje a nuestros tatarabuelos, los anónimos artistas numantinos (…) he completado –a mi modo- lo que era fragmentario, interpretado lo confuso y, sobre todo, coloreado lo que era monocromo”. El resultado de este “homenaje no muy respetuoso”, son unas láminas coloristas y deliciosas, descriptivas y alegres, como corresponde a un pueblo que vivía en libertad, rodeado de ríos y vegetación generosa, hasta que los del imperio vinieron a trastearlo todo hasta la aniquilación. Isabel
Goig
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