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CRÓNICA DE COCHABAMBA
José Luis Bravo

 

Edita: Cives Mundi
66 páginas
2002

Un colorista y étnico envoltorio acoge el conjunto de un CD-room y el volumen titulados “Crónica de Cochabamba”, del que es autor el periodista y jefe de los servicios informativos de la SER-Soria, José Luis Bravo Pacheco.

El libro, como su título informa, es la crónica de un viaje que Bravo hizo a Cochabamba, esa localidad peruana donde la ONG Cives Mundi se ha empeñado en que sus gentes consigan vivir de forma más digna, con la ayuda, sobre todo, de los sorianos. El autor quedó impresionado por todo lo que veía, y eso se nota.

Como el libro está hecho con el corazón y resulta emocionante, a la vez que esperanzador, tanto el texto como las fotos que ilustran el trabajo, vamos a evitar el comentario, aconsejando que se haga con un ejemplar, y recogeremos las palabras –letras en este caso- del autor en el capítulo final: “Dedicatoria particular”. De paso, recomendamos que apadrinen a un niño de Cochabamba llamando al teléfono de Cives Mundi 900-50 46 86.

“Nadie hubiera dicho lo contrario. Era la niña más feliz del mundo. Abrazada a su globo de color azul bailoteaba en compañía de otros chiquillos de El Rejo que interpretaban canciones monocordes, tradicionales de allí, al son de instrumentos desconocidos por nosotros. Ella, la más pequeña de todos, al menos de los que se movían con independencia de sus madres, parecía extraña en ese paisaje y entre ese paisanaje. El pelo con mechas castaño claro, casi rubias y menos abundante que los otros y los ojos de color verdoso, daban a la chiquilla, de poco más de dos años un aire muy poco peruano. No tardamos en saber que es la desnutrición lo que despigmenta el pelo negro de los cholos y sus iris oscuros los torna de colores más propios de los países nórdicos o sajones.

Un crío despierto y vivaracho me informó que “esa era la Kelly”. Supe al fin que su nombre completo era Ana Kelly Cárdenas Flores, aunque las pesquisas no resultaron fáciles. Ni encontré a su madre ni supe quien era su padre. Kelly era la menor de cinco hermanos, me informó una tía, y su situación familiar era como la de tantos en las comunidades del distrito de Cochabamba, Perú. Una familia en la que el padre es figura ausente y la madre se las ve y se las desea para sacar adelante a los críos deslomada de sol a sol.

Ana Kelly, dentro de lo que cabe tiene suerte. Cada día acude a la escuela y cada día come. Y come bien. Sólo de verla se te abre el apetito. Un hermano de unos ocho años cuida de ella, de que no se le caiga la sopa o de otros puedan afanarle un solo bocado de su carne y arroz que tiene de segundo. Le abre la piel del plátano que hay de postre pero ella resuelve sin problemas para terminar de pelarlo y dar buena cuenta de la fruta en menos que canta un gallo.

Ana Kelly, pese a la dura situación familiar que vive, va a tener una oportunidad más que otros niños de distritos vecinos. Ella vive en el de Cochabamba, en la comunidad de El Rejo que es un pueblecito que dista casi cinco horas andando por trochas increíbles en las laderas andinas, del poblado principal. Un poco más allá, sin embargo están las comunidades del distrito de Cutervo. Pero allí no ha llegado la ONG Cives Mundi. Allí no funcionan los comedores escolares y el absentismo escolar es muy acusado. No comen no aprenden, o viceversa.

Hasta hace poso tampoco solían reír y aparecían huraños y desconfiados. La vida no les daba motivos y la escasa nutrición les dejaba a merced de una mala salud que recortaba su resuello hasta dejar lo justo para ir tirando. Una sonrisa era un lujo. Algo, sin embargo está cambiando y muchos de ustedes, que apadrinan a esos pequeños, son los causantes. Para Ana Kelly y para ustedes mi dedicatoria sincera y sentida”. José Luis Bravo. Verano del 2002.

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