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LOS HIJOS DE TÚBAL 
(Dioses y Héroes de la España Antigua)
Antonio Ruiz Vega

 

Edita:  La Esfera de los Libros
2002
Los hijos de Túbal en La Esfera de los Libros

(Hemos seleccionado el capítulo dedicado a Numancia y en Senderos Imaginados un texto del libro con referencias a Termancia)

Vaso numantino con la figura de un supuesto DruidaDe Numancia entendida como mediolanum o centro de la tierra

Marco V. García Quintela, en su interesantísmo Mitología y mitos de la Hispania Prerromana detecta en el providencial Estrabón una curiosa incongruencia al hablar de las partes en las que estaba dividida la Celtiberia. Fácilmente podía haberse tomado la aparente contradicción como una más de las que incurre el geógrafo que, no olvidemos, nunca pisó la Península. Pero García Quintela recordó un caso parecido en Irlanda, lo que le lleva a proponer algunas conclusiones.

Sigue en esta ocasión el geógrafo a Posidonio y afirma que el territorio de los celtíberos está dividido en cuatro partes según algunos, o en cinco según otros. En Irlanda, tierra céltica por antonomasia, se daba un caso parecido pues estaba dividida en cuatro provincias (Conacht, Ulster, Leinster y Munster), pero el nombre que define la provincia –cóiced- significa literalmente 1/5. Hubo, evidentemente, una quinta provincia, central, Midhe, donde estaba la mítica capital de Irlanda –Tara- y que estaba formada por pequeñas porciones de las otras. El mismo Estrabón, cuando habla de los gálatas dice que disponían de un territorio común, neutral, un Drynemetón, donde se impartía justicia.

La existencia de estos lugares en las diferentes celtias no es ningún misterio. Se les llamaba genéricamente Mediolanum y uno de los más famosos, en la Galia Cisalpina, todavía lleva este nombre (Milán) y creo que su equipo de fútbol se llama así. César, al hablar de los druídas, explica que se reunían en el bosque de los Carnutes, lugar que se tenía como el centro de la Galia, consagrado a los dioses y donde no podían entrar hombres armados. En aquel lugar, como en el Drynemeton de los Gálatas, se impartía justicia. Hay que destacar que ambos eran bosques sagrados, nemeton, algo evidente en el caso gálata (Dry-nemeton) y fácilmente deducible en el de los galos.

Si Posidonio habla de cuatro o de cinco comarcas o regiones en la Celtiberia, podemos deducir que, como en el caso de Irlanda, existiera una quinta provincia o lugar central. Si añadimos que ese lugar debía ser sagrado y boscoso nos iremos aproximadamente a la idea que queremos proponer. Es cierto que Tolomeo habla de un Medíolon en la Celtiberia, referencia inequívoca a un Mediolanum, pero bien pudo existir otro mucho más importante. En cualquier caso en la Celtiberia hubo al menos otros dos bosques sagrados o nemetos, el Vadavero y el Burado (actuales Madero y Beratón, en la provincia de Soria).

García Quintela se aproxima a lo que vamos a decir, pero curiosamente no llega a la lógica conclusión de su razonamiento. Admite, por ejemplo, que aparte de este ignoto Medíolon, pudieran haber existido otros mediolanums.

Las fuentes históricas son muy poco precisas con la adscripción tribal de la ciudad de Numancia. Tan pronto se dice que está en el territorio de los pelendones como en el de los arévacos. Se ha tratado de hacer casar esto diciendo que fue ciudad pelendona pero posteriormente ocupada por los más dinámicos arévacos, que eran el pueblo quizá más numeroso y activo. Tras su caída dícese que fue devuelta a los pelendones, a los que se supone perteneció en el pasado. Sin embargo lo evidente es que casi todas las crónicas hablan de "numantinos" y no de arévacos ni de pelendones.

Numancia está situada actualmente en la intercesión de dos comarcas bien diferentes, al norte ganadera y montuosa y al sur agrícola y mucho más llana. Al norte de Numancia se extiende la cultura llamada castreña, que algunos han relacionado con los pelendones y el espinazo de la sierra de Cabrejas que divide la provincia de Soria de Este a Oeste y se interna en la cercana de Burgos termina muy cerca de allí, en el espolón conocido como Pico Frentes

Que Numancia era, entre otras cosas, una ciudad sagrada, no cabe dudarlo. En las faldas de su colina estaban los círculos de piedras donde se exponían a las aves del cielo los cadáveres de los soldados caídos en combate. Todavía en el siglo pasado, según el estudioso local Mariano Iñiguez, era creencia extendida en la comarca que nunca llovía en la cumbre de Numancia, que las tormentas esquivaban su preeminencia.

Hojeando a Plinio, en cuya Historia Natural se encuentran tantas y tan variados noticias del mundo antiguo, leímos una que llamó poderosamente la atención, y es la siguiente: "Lugares en que no llueve nunca. En la isla de Paphos, en donde está el Templo famoso de Venus hay un sitio donde no llueve nunca. Lo mismo ocurre en Nea, ciudad de Troada, alrededor del lugar donde está la estatua de Minerva"

(...)

En el cerro de Numancia ocurre algo digno de mención. Los que viven en país o zona de tormentas frecuentes, saben que hay pueblos que sufren apedreos o granizadas, y en cambio, otros situados a veces a corta distancia, se ven libres de tan funesto azote. Las compañías de seguros contra el pedrisco tienen muy presentes estos datos para fijar las primas en cada pueblo. Pues bien; en el cerro de Numancia, situado en plena zona de frecuentes tormentas, apenas descarga una en él, y es en verdad un espectáculo admirable ver en día de tormenta, desde lo alto del cerro inmortal, cómo las nubes saltan de monte en monte, cómo van siguiendo las sierras circunvecinas, descargando en éstas sus rayos y pedriscos para dejar casi siempre el altozano sagrado.

(...)

¿No hay motivos para sospechar que la elección de ese cerro para fundar a Nemeto, lugar santo, pudo obedecer el conocimiento de este fenómenos metereológico de acuerdo con las ideas y sentimientos religiosos hondamente arraigados en la conciencia de la humanidad prehistórica?

(Numancia y la medicina en la Antigua Iberia. Mariano Íñiguez).

El mismo Mariano Iñiguez cita en su libro el testimonio de Dámaso Sangorrín, deán que fuera de la catedral de Jaca, experto en lenguas célticas, el cual derivaba el nombre de Numancia precisamente de Nemeto: lugar santo o sagrado. La evolución fonética propuesta por Sangorrín era la siguiente: Ne-me-to / No-me-ta / Un-ma-ta / Un-man- t(i)a. Iñiguez es partidario de esta asimilación Numancia/Nemeto y ve claro el papel sagrado ya hemos dicho en otro lugar que el hecho aparentemente suicida de abandonar los golpes de mano y la guerra de guerrillas, fatal para los numantinos, sólo se explica por la imposibilidad de abandonar este lugar sacro, lo mismo que no podían ceder las armas, por las mismas razones rituales.

Existe una diosa gala llamada Nemetona, de la guerra, similar a la de la Bellona latina. En Irlanda, junto a Badb y Morrigu, existe Nemain con la misma función guerrera.

Sólo por una función religiosa, que lo hiciera sagrado, puede entenderse el empecinamiento por defender Numancia, algo que no casaba con la guerra de movimientos que llevaban a cabo los celtíberos. Tampoco está muy claro que Numancia fuera una ciudad defendible. La colina que la alberga no es una gran eminencia y aunque se le añadieran murallas, tampoco parece ni de lejos una posición inexpugnable como por ejemplo lo fue Massada. Floro llega a escribir: esta ciudad, sin murallas ni fortificaciones... Un autor contemporáneo (1) dice textualmente Numancia estaba mal fortificada. Cuando Escipión la bloqueó, era una ciudad abierta.

García Quintela, siguiendo a Diodoro, llega también a algunas conclusiones con la ayuda de las funciones dumezilianas. En efecto, al hablar de las tribus hispanas dice que los vacceos eran famosos por sus cosechas, los lusitanos por su fuerza en la lucha y los celtíberos por su hospitalidad. Esta filantropía de los celtíberos los hacía superiores a todos los demás, por ser esta la virtud más valorada por los dioses (esto ante los ojos clásicos de Diodoro, claro), y porque los celtíberos eran también grandes guerreros y pueblos prósperos (en bienes industriales, puesto que pagaban compensaciones de guerra con "sagum" o capotes de lana –lo que denota una ganadería numerosa y una industria textil- y en metales preciosos, plata y oro). Dejando aparte la preeminencia real o supuesta de los celtíberos, lo que sí queda claro para el autor es que Diodoro quiso significarla, lo que redunda en que el mediolanum, o lugar sagrado, podría situarse en el territorio de este pueblo considerado, formalmente al menos, "superior", un herrenvolk, pueblo de señores.

Numancia, en todo caso, parece excelente candidato, por todo lo dicho, para eirigirse en Mediolanum de la Celtiberia lo mismo que las Carnutes o el Drynemeton lo fueron de la Galia y de la Galacia, respectivamente.

 

(1) Antonio Martínez Teixidó, en su excelente libro ENCICLOPEDIA DEL ARTE DE LA GUERRA (Planeta, septiembre de 2001, escrita en colaboración con José Romero Serrano y José Luis Calvo Albero)

© Antonio Ruiz Vega

Capítulo del libro con referencias a Termancia en Senderos Imaginados

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