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CANTOS DE MI TIERRA Y DE OTROS PÁRAMOS OLVIDADOS
Jesús Gaspar Alcubilla

Edita: el autor
Páginas: 64
SORIA 1999

La expresión poética suele darse con mayor facilidad en la edad temprana, en aquella que, según Schopenhauer:

"Nos imaginamos que los acontecimientos y los personajes importantes y de trascendencia, harán su aparición en nuestra existencia con tambor y trompeta". (Parerga y Paralipómena).

Después, digamos que es más difícil o al menos que resulta menos creíble. Decía Valente hace unos días, sin pelos en la lengua y sin demasiada piedad, que Alberti había dejado de escribir poesía al terminar la guerra civil. Lo otro, covengámoslo, es "otra cosa". Como contradicción a estas palabras imagino que en este mismo número aparecerá una glosa a "Cuaderno de Calatañazor", de Lorenzo Soler, autor que ya peina canas. Incluso algunas más que quien esto escribe, quien de más joven y aunque muchos no lo crean también fatigó cuadernos con renglones poéticos, aunque luego sabiamente los dio al fuego...

Todo este introito para decir que es este un libro de juventud y que de esta edad auroral tiene lo bueno y lo malo. De la juventud, al menos, tal y como se entendía antes, ya que ahora es el periodo del resabio y la vuelta de todo, claro.

Gaspar Alcubilla está, por tanto, en esos años en los que, como dice Schopenhauer, todavía se cree que los personajes importantes aparecerán en nuestra vida con tambor y trompeta, y la primera parte de este poemario está precisamente dedicada a los nobiles équites numantinos, los soldurii de la Celtiberia, aquellos de gallardo penacho rojo y ágil zeldón que practicaban las virtudes heroicas de los guerreros. Aquellos que todavía podían decir que su honor se llamaba fidelidad. Céltica Fides. Devotio Ibérica...

No es frecuente, en nuestros días, que un joven comience por rebuscar sus raíces (Raíces Hondas, pág. 26), o por considerar honrosa y admirable la vida de sus antepasados. Es incluso francamente insólito, pues los tiempos no se compadecen con estos ejercicios de piedad filial y menos con la exaltación de valores como el coraje, la defensa de lo propio, el aceptar o dar la muerte por unos principios o libertades, etc. Todo ello políticamente incorrecto en los tiempos de la transacción, la tolerancia, el mestizaje y el quemasdá...

Es cierto que en estos Cantos de mi tierra y de otros páramos olvidados es posible escuchar voces de otros poetas, resonancias que nos suenan familiares. Miguel Hernández, el propio Lorca, a quien se le rinde justo homenaje explícito... Es cierto, la voz todavía no es completamente propia, se vive todavía de influencias y ecos, lo que no es motivo de vergüenza.

Hasta cierto punto las primeras obras de cada cual son -tienen que serlo- un compendio de cuanto hasta entonces se ha leído o vivido, sólo después, poco a poco, comienza a elevarse con fuerza el tono propio, el ritmo personal. Todo llegará.

Pero, desde ahora, la fácil expresión de este joven poeta, a quien le encomiamos perseverar en su lectura poética de la tierra y el hombre soriano, es ya un valor con el que hay que contar.

© Antonio Ruiz

Algunos Cantos del libro

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