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LA PINTURA PUERTORRIQUEÑA
Juan Antonio Gaya Nuño

Edita: CES (Centro de Estudios sorianos)
celtiberia-ces@jet.es
216 páginas
SORIA 1995

 

De Juan antonio Gaya Nuño, en Soria, se ha dicho, sino todo, sí todo cuanto de él se sabe, y, hasta, se le ha dedicado un museo en la capital soriana. Se sabe que nació en Tardelcuende en 1913, que le mataron al padre - el doctor Gaya Tovar- durante la contienda civil española, dejando honda huella en él y su obra, que casó con Concha de Marco, y que murió, en Madrid, en 1976, dejando una importantísima obra literaria.

El libro que comentamos se sale del ámbito de lo soriano para, cruzando el charco, devolver a los castellanoviejos parte de lo que nuestros antepasados les llevaron. Aunque ellos lo hagan de forma de hermosos colores, dando una lección de luz y viveza.

Una cuidadosa edición auspiciada por el CES (Centro de Estudios Sorianos), ha sido apoyada por el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, y otros centros interesados en que el trabajo de Gaya Nuño sobre la pintura puertorriqueña viera la luz.

El soriano Emilio F. Ruiz, está considerado "el rescatador" del estudio, y así se lo reconoce, en la introducción, el profesor Ricardo E. Alegría, del cual dice que "mostró gran interés en la misma y dedicó todos sus esfuerzos para rescatarla del olvido..."

Durante un año - 1962-1963- Gaya Nuño, el erudito soriano, deja transcurrir su vida en la más pequeña oriental de las Grandes Antillas como profesor visitante en su Universidad.
Al llegar allí, con alguna idea preconcebida, se sorprendió del color, del cielo, de los crepúsculos "de la verdura de mil tonos a la que presta su contraste algún tejado rojo...", y también de la forma de plasmar todo ello en el lienzo y de la falta casi total de conocimiento por parte de los isleños de los artistas que habían recogido toda la belleza del lugar.

La pintura puertorriqueña no nace, como es habitual en casi todas las manifestaciones artísticas, por generación espontánea. Las influencias que el profesor visitante deduce son cuatro: el recuerdo precolombino: el indio. El legado africano: el negro. El santerismo cristiano: el jíbaro. Y el primer arte cristiano: el europeo.

Partiendo de aquí, Juan Antonio Gaya analiza, a través de 216 páginas, los distintos pintores, tanto puertorriqueños como artistas allí afincados, o visitantes, que hicieron posible la historia de la pintura de la isla.

Ese mismo año que Gaya pasó en Puerto Rico, se publicaba en la colección "Ser y Tiempo", el estudio del autor titulado Pequeñas teorías del arte, en el cual, el soriano recoge la muerte del pintor Cristóbal Ruiz Pulido, uno de los artistas estudiados en su relación con la pintura puertorriqueña, lugar en el que Ruiz se instaló para rehacer su vida.

Junto al jienense, Gaya estudia a más de cien artistas, haciendo hincapié en los más significativos o los que dejaron más impronta en y para sucesivas generaciones: José Campeche, Francisco Oller, Ramón Frade y Lorenzo Homar, entre otros.

El libro se complementa con 26 fotos a todo color de distintos pintores, un cartel - especialidad en la que han destacado artistas puertorriqueños- una técnica mixta de José R. Alicea, y cuatro esculturas, apartado este del arte en el que el autor echa de menos más actividad.

© Isabel Goig

 

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