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DEL OFICIO DE POETASTROS, PINTAMONAS Y CRONICANTORES
José María Martínez Laseca, Jaime del Huerto Villaplana y José María Páez Balgañón

Edita: los autores
Imprime: Ingrabel
Páginas: 295
SORIA 1985

"DESPROPÓSITO

Toda obra tiene un propósito y la nuestra no iba a ser menos. Lo que sucede es que al analizarla, lo del propósito no quedaba muy claro, ya que nuestro libro tenía más de despropósito que de otra cosa. Como esta es la opinión que seguimos teniendo y como tampoco es asunto de quebrarse los cascos por una entradilla de solapa, así la hemos titulado.

Pues el despropósito que este libro es, dio comienzo una tarde en que una celebración política nos reunió a los tres en bar del Hotel Las Heras. Tomándonos un clarete - serían más, dice este- fuimos descubriéndonos mutuamente: uno pintaba, otro hacía rimas y otro inventaba historias. Pusimos animación en la charla y aunque no se nos crea, alguno tuvo la idea de hacer un libro entre los tres. ¡Qué entusiasmo, cuánto grito, cuánta sugerencia, que alboroto! ¡Yo, yo, yo! Al final nos pusimos de acuerdo en que algún día hablaríamos de ello.

Efectivamente, hemos charlado del tema hasta no poder más. Reuniones aquí y allá, Almazán, Soria, hasta que fue fraguándose lo que deseábamos: ni más ni menos que algo tan insólito como un trabajo de pura creación. Eso mismo, ni investigar, ni datos, ni ensayos, nada. Pura creación.

Decidimos, por ello, que José Mari Martínez Laseca pusiese su vena poética, José María Páez su desvariante imaginación y Jaime del Huerto su chaladura por la pintura. Eso nos fue costando tiempo, más encuentros, más copas, volver a casa a las tantas y una tremenda frustración porque nunca veíamos el asunto encajado. El título nos salió una tarde en casa de Páez, cuando después de rechazar varios por inservibles - unos de unos y otros de otros- se armó una medio gresca y alguien le llamó al poeta ¡poestastro!, al pintor ¡pintamonas! y al otro, que se metió por medio ¡cantamañanas! Y cuando parecía que todas nuestras muelas podían saltar por el aire, nos quedamos en un silencio total - de verdad que fue uno de esos silencios fecundos, tenso y tal, pero fecundo- y nos dimos cuenta que teníamos el título en la mano: pues ya sé que soy un cantamañanas o un cantatardes o un cantaloquesea. Volvimos a sentarnos, nos atizamos otro lingotazo y nos pusimos a trabajar. Así salió el título.

Nos hacía falta alguien con talante arriesgado, pero de categoría reconocida, que nos avalara. Y atrapamos al Avelino. Pensamos que no sabe muy bien lo que hace al abrirnos cancha, pero él leyó el tocho, se quedó como si reflexionara y prometió "en tantos días tenéis lo mío".

Cumplida su promesa y Antonio "Ingrabel" con la suya, aquí estamos todos. Justo a tiempo, pero estamos."

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