Exposiciones para recordar

 

Misiones Pedagógicas
 
Antiguo Banco de España

 


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En diciembre de 2007 pudo visitarse, en el antiguo edificio del Banco de España, una exposición sobre lo que tal vez fuera, en Cultura, el mayor logro durante los años de la República, las Misiones Pedagógicas. No resulta exagerada esta afirmación, si sabemos quienes estuvieron al frente de ellas y quienes se implicaron, directamente, como misioneros, en esa tarea cultural.

El Patronato de las Misiones Pedagógicas –dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes- estuvo presidido por el riojano don Manuel Bartolomé Cossío, discípulo de Giner de los Ríos, pedagogo krausista e historiador del Arte, quien no logró ver su proyecto pedagógico en marcha hasta 1931. Junto a él, el pedagogo socialista Rodolfo Llopis, los poetas Pedro Salinas y Antonio Machado, entre otros, con Luis Santullano como secretario, lograron ilusionar a muchos alumnos de la Institución Libre de Enseñanza (seiscientos setenta y ocho, según un cartel de la exposición, aunque no todos ellos fueran alumnos de la ILE, participarían en el proyecto), quienes no recibían más emolumentos que “una carta de gratitud del secretario de la Comisión Central, un certificado que avalaba su participación y las copias de aquellas fotos tomadas en los días de la misión”, como explica un panel de la exposición.


Los nombres de algunos de estos misioneros, jóvenes en su mayoría, nos han acompañado, y lo siguen haciendo, a lo largo de toda nuestra vida: la filósofa María Zambrano. El pintor y escritor Ramón Gaya. El coruñés, ensayista y filósofo, Rafael Dieste. Luis Cernuda, poeta. Antonio Sánchez Barbudo, novelista y crítico literario. El poeta y prosista Arturo Serrano-Plaja. Curiosamente, y por desgracia, todos ellos exiliados tras la guerra. Llevaban a cabo su labor en colaboración con los maestros, esos inolvidables maestros de la República, muchos de los cuales serían depurados, cuando no directamente fusilados, durante la sublevación de los fascistas.

Las Misiones Pedagógicas se ocupaban de llevar a los más remotos lugares de España (aquellos alejados de capitales o de pueblos grandes donde disponían de servicios culturales públicos), la Cultura en todas sus manifestaciones: libros, teatro, música, copias de los cuadros más importantes, cine… El trabajo de los misioneros –sobre todo el traslado de un pueblo a otro- era arduo, pero gratificante, pues a la vez que tendían puentes y llevaban ilusiones al mundo rural, los campesinos les daban motivos para reflexionar durante toda la vida, al mostrarles la dureza de su mundo y de sus vidas. Un informe del Museo del Pueblo, hecho en 1934, sobre la visita a Mazarrón (Murcia), que puede verse, y leerse, en un panel de la exposición, es muy ilustrativo sobre lo que comentamos:

“Dábamos las charlas durante la tarde, ya de noche, cuando los mineros salían de sus negros pasillos. Venían al Museo muy arreglados y limpios, con sus trajes o sus blusas azules del domingo. Y esto solo ya era conmovedor, y al comprender nosotros el homenaje, nos obligábamos para divertirles en lo posible, bien con música antes de empezar o dando a las explicaciones un tono risueño o de anécdota amable”.


Es necesario ser capaz de trasladarse al mundo rural de los años treinta, a aquellos pueblos sólo comunicados por caminos de herradura, donde hombres, mujeres y niños trabajaban la tierra y sufrían con el ganado. Sin comodidad alguna, “trabajando todo el día para comer pan y patatas”, como dirá una mujer en el vídeo, sin haber visto en la vida un vehículo a motor, sin haber visitado una ciudad pujante, con grandes edificios, autobuses y tranvías. “Sanabria fue el pueblo más atrasado que encontramos, donde muchas mujeres padecía bocio, y no se distinguía la escuela de la cuadra”, escucharemos decir. Situarse allí y entonces, y comprender lo que significaría para esas personas –nadie se perdía ninguna actuación- ver una representación de teatro, escuchar música en un gramófono, ver grandes cuadros de colores y, sobre todo, poder contemplar, sobre una pared blanca, o una sabana, cine, aunque fuera mudo, un cine que era necesario ir explicando. Nunca lo olvidarían.

Dentro de las Misiones Pedagógicas distintos apartados se ocupaban, unos de la música, otros del cine, otros del teatro (bajo la dirección del asturiano Alejandro Casona, también exiliado, este en Argentina) y el Museo del Pueblo, con Ramón Gaya como encargado de él, autor de algunas copias de los grandes cuadros de pintores españoles, que llegaban a los pueblos perfectamente embalados y eran expuestos en salas, rodeada la exposición de charlas sobre la propia pintura y la época histórica en que se situaba.


La exposición, que se ha mostrado en distintas ciudades de España, cuenta en Soria con el apartado relacionado con la provincia. En Soria colaboraron Gervasio Manrique y Teógenes Ortego, por nombrar sólo a los más conocidos. Otro panel explicativo nos dice que en Soria hubo cuatro misiones. La primera tuvo lugar en 1933. En ella participaron el novelista Antonio Sánchez Barbudo, Cristóbal Simancas y Teodoro Lozano. Residieron en Alcubilla de Avellaneda y desde allí llevaron las misiones a Alcoba de la Torre, Brazacorta (Burgos), Arandilla (Burgos), Bocigas, Santa María de las Hoyas, Quintanilla, Villálvaro y Palacio de San Pedro. En 1934, Pablo de Andrés Cobos, Sánchez Barbudo y Enrique Azcoaga, estuvieron en Aldeaseñor, yendo desde ahí a Suellacabras, El Espino y Torrearévalo. Ese mismo año, el Museo del Pueblo pudo verse en Ágreda, Burgo de Osma, Almazán y Medinaceli. Dado el volumen de los cuadros, el museo debía estar instalado en pueblos lo suficientemente grandes como para ofrecer una infraestructura adecuada, aunque mínima. Un año después, 1935, tuvieron el centro en Conquezuela, tal vez propiciada la misión por el maestro Timoteo Díaz, quien a su vez había sido misionero el año anterior en tierras de Segovia. En abril, el teatro y coro del pueblo pasó por Baraona, Almazán, Gómara, Almajano y Medinaceli. Les acompañaría Gervasio Manrique, él mismo misionero. La estancia en la Sierra de Cameros, en 1936, se desconoce por ser en los días previos a la sublevación.

En la exposición, en el antiguo edificio del Banco de España, puede disfrutarse de un montaje serio, pedagógico como las misiones, con un regusto añorante y a la vez fresco. Fresco por las grandes fotos que muestran a niños y adultos, con los ojos abiertos como platos, la risa franca, y los gestos de alegría. Sobre todo en la foto de La Cabrera (León). Está representada una escuela, un teatro de guiñol, anaqueles con informes, fotos y otros objetos. Vitrinas con trajes que se expusieron en el Museo del Pueblo. Un gran espacio donde se exponen copias de cuadros realizadas por Ramón Gaya y otros, una sala dedicada a Antonio Machado, otra a las Misiones en Soria, y más objetos, paneles y vídeos donde pasar las horas.

Recomendamos adquirir el vídeo. En él se mezclan retazos de películas de aquellos años donde uno se extasía ante las mujeres lavando en el río, una haciendo manteca, los niños con los misioneros jugando al corro en las eras, las muchachas cogiendo agua en la fuente, otras jugando a los bolos, una mujer labrando. Y a los misioneros, llegando a los pueblos por caminos embarrados, o atravesando el río con el coche sobre una barca, otros a caballo. Se mezclan, decíamos, con declaraciones de antiguos misioneros y personas que todavía recuerdan la visita de ellos. De los primeros podemos escuchar la lucidez de Carmen Caamaño, Gonzalo Anaya, Gonzalo Menéndez Pidal, Leopoldo Fabra, Cristóbal Simancas y Carmen Muñoz.


Entre aquellos que un día, siendo niños, recibieron la visita de los misioneros como seres de otros mundos, a quienes perseguían “como si nosotros fuéramos una procesión”, quisiera destacar el comentario de uno de ellos, “yo no me podía creer que eso [los cuadros del Museo] pudiera pintarlo una persona. No me separaba de ellos”. Pero el recuerdo más indeleble en ellos es el del teatro, todos, sin excepción, lo recuerdan. Y uno de ellos también el lugar donde “los fascistas quemaron los libros que nos habían dejado, después del alzamiento”.

El comisario de la exposición es Eugenio Otero Urtaza. Está organizada por el Ministerio de Cultura, la Fundación Francisco Giner de los Ríos y la Residencia de Estudiantes. Un gran esfuerzo llevado a cabo entre todos, que merece, no una, sino varias visitas.

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