Crónica sobre la Saturiada de 2018:

la Saturiada de las Mujeres

 

El pasado 23 de abril, la Hermandad del  Santero de San Saturio recorrió las calles de Soria en su sexta edición.

Para sorpresa de muchos sorianos y forasteros, el Santero de San Saturio de este año, César Ibéñez París, así como un grupo de monjes acompañados de una treintena de “ciudadanos de los años 50” recorrieron en 12 estaciones las calles de la capital: San Saturio, la Plaza Mayor, el Museo Numantino, la Plaza de Toros, el Bar Silencio y el Soan, Santo Domingo, el Mercado Municipal, la Plaza del Vergel, el Instituto Machado, el Centro Cultural Gaya Nuño y el Círculo Amistad Numancia. En cada parada unos versos del poeta soriano José María Martinez Laseca, que nos contextualiza el párrafo a leer y lo trasporta al presente. Posteriormente el texto toma la palabra y se desgranan sus párrafos. Finalmente el pregonero nos hace de guía y los participantes procesionamos con la hermandad. 

Cuando Juan Antonio Gaya Nuño escribió el libro “El Santero de San Saturio”, nos regaló a los sorianos no sólo un protagonista entre pícaro y místico, que nos hace disfrutar de sus andanzas, sino un espejo en el que encontrar la Soria de los 50. Por eso la fiesta de La Saturiada nos ofrece en su procesión petitoria tres retos: conocer la ciudad andándola, disfrutar de la lectura de manera lúdica y reencontrarnos con nuestras raíces. 

Pero sin duda, si algo ha diferenciado a esta Saturiada de sus predecesoras, ha sido su elevada participación de sorianos y sorianas que ataviados con prendas de los años 50, han dado brillo a la fiesta. Desde la riqueja de Almenar al cura de pueblo, pasando por las rabanizas en las jornadas de mercado a los intelectuales del casino, los indianos y la moza de Valtajeros, jóvenes mozas taurinas, viudas y beatas.  

El espíritu femenino inundó la Saturiada de 2018, lideradas por la poeta soriana Pilar Herranz Adeva que quiso este año rescatar a las mujeres que esconde el texto, para hacerlas más visibles y “para homenajear a nuestras madres y abuelas”, como ella misma dijo. Para ello, y en forma de romance, las hizo desfilar ante nuestros ojos con sus versos, recogidos para la eternidad en un marcapaginas que se repartió entre los viandantes y participantes. El hermano mayor doctoró a Pilar Herranz por tan precioso estudio del texto y las mujeres acabaron celebrando en igualdad su participación en esta fiesta, como en todas.

Carmen Ruth Boíllos

 

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