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  San Andrés de San Pedro

   Las heroínas de Tierras Altas. San Andrés de San Pedro

por Irene Jiménez Ridruejo

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Las heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, Soria

La mujer alumbró la agricultura. Convertir el grano en harina era tarea de las trabajadoras prehistóricas, con brazos más fuertes.

El estudio de féminas de hace 6.000 años muestra una relación entre el húmero de los brazos y la pierna que sólo explica por una intensiva carga de trabajo en extremidades superiores. Las poblaciones de humanas dependían fundamentalmente de la caza y recolección.

Posible  explicación a esta fuerza de los brazos podría estar en la molienda del grano, “cosa de mujeres".

La antropóloga María Martiñón del University College de Londres recuerda, los huesos son tejidos vivos que responden y se adaptan al tipo de actividad o estímulo a los que sometemos. Las actividades físicas realizados por las mujeres en este período han sido cruciales para el éxito de uno de los mayores hitos en la evolución y con mayor éxito demográfico del Homo Sapiens la adopción de una cultura agrícola y ganadera. 

Cuando está de moda la conciencia de los pueblos deshabitados en prensa y tv, quedan poquísimas mujeres y vecinos que sigan estas faenas del campo y el hogar, anuncian con tiempo la desertización de nuestra provincia, de otros pueblos de España y de Europa como crónica anunciada.

En Soria cuna de la Trashumancia, pueblos enteros, desde los años 60, los echan o se buscaron otros horizontes, dejando sus raíces atrás, con dolor, pena y nostalgia. 

Los que quedan, los descendientes actuales, nuestras casas y haciendas ¿qué podemos hacer para evitar la extinción?... 

Las heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, Soria

Las asociaciones, ayuntamientos, vecinos, ganaderos y agricultores si nos uniéramos con unas directrices de una sociedad marcada por las costumbres, la educación de siglos, tradiciones recibidas una enseñanza valiosa de forma de vida, antropología y testigo del pasado  que reflejan nuestros museos rurales con aperos y enseres siendo para muchos de nosotros un tesoro a mostrar. 

Somos relevo de generaciones, esa responsabilidad de conocimientos  nos queda,  para que la cadena de trasmisión oral , canciones populares, oficios, refranes, recetas culinarias, se continúe adaptada a nuestros tiempos manteniendo lo válido que nos legaron nuestros mayores , nuestros seres queridos, abuelos, padres y demás familiares.

Tierras Altas al situarse en montañas lejos de otras poblaciones, se casaban entre ellos o con los pueblos de alrededor, por la endogamia mantenían puro el lenguaje, libros vivientes. En  el diccionario de Habla Soriana de Isabel y Luisa Goig, recoge estas palabras del vocabulario, muchas están en desuso, las recordamos en pasapalabra en la serie de tv. 

Nuestras mujeres se adaptaban a las faenas de casa, campo, y agricultura con lo que tenían. Casi siempre mantenían lo heredado o prosperando a más. Ahora, se abandonan los campos, yelmos  sin fruto, aprovechando este hecho los ayuntamientos lo califican de desconocidos, aumentando sus arcas.  

Vivían con muchos hijos, era duro, aunque era ayuda, más  adelante. Ardua tarea para la mujer, todo era manual, sin medios ni desarrollo rural. Aún así los primeros electrodomésticos de los años 70 poco quitaban su dedicación por las cosechas del huerto, los animales caseros, como despensa indispensable para los largos inviernos. 

Patrocinio como su abuela, hacía lo que su madre Teófila, se levantaba a las 6 de la mañana al despuntar el alba, para encender el fogón, la lumbre para vestirse al calorcito en invierno, calentar la casa y el puchero con legumbre, el caldero con patatas para los cochinos y el agua caliente para lavarse, cuando había grandes nevadas cogían nieve del balcón porque estaban bloqueadas las calles de grandes ventisqueros.

La mujer, madre, niña, o abuela, llevaban los animales a los  pastos cuando el tiempo lo permitía. Siempre  les echaban en la canal de madera el pienso paja o cebada cada día.

A lavar al río iban a mediodía, rompiendo el hielo, para poder lavar las tripas del cerdo, o la ropa. Acarreaban el agua de la fuente, con el cántaro o botijo diariamente.

Compraban el día de mercado o feria en S. Pedro Manrique, se desplazaban andando o en caballería a por alpargatas, el aceite, los arenques o todo aquello que carecían con los pocos posibles económicos.

Las heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, Soria

Estos pueblos  de Castilla carecían de fuentes de calor; después de comer se reunían al carasol, en los resguardos de la plaza, para reunirse y hacer pueblo, unas a zurcir, coser, remendar o calceta, para el uso de prendas, muchas veces de sus hijos mayores para los menores aprovechando, ahorrando comprar prendas nuevas.

Estaban alegres, en las calles o callejuelas, se oía canturrear una jota o un pasodoble, los demás de lejos continuaban la canción. Simón, cantaba a Manolo Escobar, al acarrear las alpacas, en los huertos, en la trilla, en las siega... Ese canturreo se ha perdido en la actualidad.

Al atardecer jugaban chiquillos a la pelota en el frontón, a la pídola, las chapas, cuerda, o el aro.

Las fiestas con una botella de anís y un tambor las canciones populares las amenizaban entre ellos, Manolo, mi padre enseguida amenizaba el jolgorio el día de S. Andrés se repartía a todos los vecinos, cacahuetes y nueces como extraordinario.

Aprovechaban las endrinas para hacer pacharán, con rosquillos, destinados para el día de la Virgen del Agosto.

Las cenas, casi siempre eran unas sopas de ajo con chorizo y un huevo con pan de hogaza, que ellas horneaban en el horno de la plaza, una vez a la semana a reo vecino.

Las heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, SoriaLas heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, Soria

La reunión en las majadas, la última fue en casa de mi abuelo Félix en la cuadra de los carneros, se llama el TRASNOCHO que sustituye al teleclub o centro social.

Estas mujeres se reunían por necesidad, les permitía tener mucha relación entre las distintas familias o familiares, se ayudaban en los consejos, la organización, o cualquier situación siendo muy solidarias. Estas noches frías rezaban el Rosario, jugaban a las cartas, hacían cuentas sobre la venta borregos, recogían los huevos del gallinero, pelaban un conejo para el almuerzo en escabeche, charlaban de sus vidas. 

Ese doble esfuerzo de meses como familia monoparental, les hacía fuertes, reconocidas, valoradas, por ellas mismas y sus maridos. Desde el amanecer hasta el ocaso.

Eran los abuelos que quedaban en el lugar, los que cortaban la leña del monte de la Dehesa.

Sacaban con ayuda de otros las cuadras de estiércol, mataban el cerdo para Navidad.

Matriarcado que les llevaba a la resignación del triple trabajo anual que entonces desde octubre a mayo, los pueblos se quedaban sin hombres en Castilla, sobre todo, en la mesta Soriana

Faltando la figura del varón que bajaban a Extremadura o Andalucía en busca de mejores pastos para el ganado. Caminaban 38 días con caballerías, ovejas, carneros, borregos, cabras y mastines.

Ellos con las reses y aperos como podían guisaban  potajes, migas, o asados, en sus majadas.

Las heroínas de Tierras Altas.San Andrés de San Pedro, Soria

Ellas la tristeza, la soledad, la añoranza de unos brazos que aman y trabajaban, en nada las amilanaba. Hacían de tripas, corazón como sus madres y abuelas.

En casa del tío Cándido, el día de la matanza, con zahones, banco de madera, cuchillo afilado, los que quedaban fuertes y hábiles en el lugar, desangraban al marrano. Los niños de mi edad huíamos con los gruñidos estrepitosos lejos...se churrascaban, con aliagas las cerdas, quemando la piel en la calle, incluso con nieve y chupones de hielo desde el tejado. Orear, secar y vaciar al animal para aprovechar, asadura, sangre y jamones para la despensa del año. Sin frigorífico ponían en la fresquera la carne, conservando el lomo en tinajas de aceite y otras carnes.  

Achorizan aún, embutido a mano, salchichón y morcilla dulce, típica de Soria, como manjar de postre.

Ponen a secar en varas de avellano con buenas cachoteras, en el hogar, al calor de la lumbre de roble o encina para su curación, que favorece las frías temperaturas.

Se respiraba aire festivo, por la abundancia de alimentos y reunión de gente en las casas, era más llevadero para las mujeres, todos ayudaban incluso los niños que ayudaban a la abuela hacer guirlache en la chapa de la lumbre. Se preparaba vino quemado dulce como una bebida especial en esas fechas. 

El aseo y el baño, al faltar el agua corriente en las casas, era en terrizos de cinc, en palanganas, una vez a la semana, cerca del fuego. La ropa de los niños o las gasas de los bebés se lavaban con una tabla de madera en el portal, con el jabón casero de manteca colorá. 

Sin médico en el pueblo o cerca de él, siempre la más experta era la que más hijos tenía, como mi abuela Florentina, ayudó a mi madre en mi nacimiento y el de otros... 

Eran así, sacando lo mejor de cada una para los demás, diosas, magas, madres, educadoras, pastoras, cocineras, limpiadoras, lavanderas, costureras, agricultoras,  administradoras, amas de cría, comerciantes etc.

Organización envidiable espartana, ejemplares hembras, incansables, valientes, como pelendonas el apodo de nuestras queridas tierras altas, corajudas, eso era el amor en cuerpo y alma a la familia. Ahora con la maquinaria, los electrodomésticos tienen más fácil vivir en el medio rural, con todo ello sin quitarles mérito. 

Son para mí dignas de admiración y reconocimiento que con su trabajo callado, hicieron posible, criar familias en difíciles tiempos de guerra y posguerra en Soria de las que poquitas quedan.

© de las fotos, cuadros y texto: Irene Jiménez Ridruejo, 2017

 

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